Oh Dios, tú sabes lo necio que soy; de ti no puedo ocultar mis pecados. No dejes que los que confían en ti sean avergonzados por mi culpa, oh Señor Soberano de los Ejércitos Celestiales. No permitas que sean humillados por mi causa, oh Dios de Israel.’ Salmos 69:5-6

Si hay algo a lo que siempre se nos exhorta en la vida cristiana es a cuidar el testimonio, es decir a que nuestros actos, sean congruentes con lo que decimos creer; pues si decimos que hemos creído en Él, como dice en 1Jn 2:6 debemos andar como Cristo anduvo. Al hablar de testimonio entonces, estamos hablando de lo que las personas ven en nosotros. Que si hablamos de mentir no mintamos,  si hablamos de robar no robemos, si hablamos de fe creamos, etc. 

La exhortación sobre el testimonio no es una invitación a aparentar lo que no somos. Que dicho sea de paso es algo muy común, proyectamos ante los demás una falsa piedad, obviando así que podemos engañar a otros pero no a Dios. Pues la verdadera cristiandad es la que se vive en la soledad de la habitación. 

Cuando pecamos, dañamos la imagen de Cristo en nosotros, a Dios, al Evangelio. Porque las personas se forman una idea equivocada de lo que en realidad es el camino que conduce a Dios. Expresiones como: “para ser cristiano como ese, mejor no soy nada”, “los cristianos son unos hipócritas, y por eso mejor no voy a ninguna iglesia”, “esos pastores solo se dedican a sacarle el dinero a la gente”, son solo unas cuantas de todas las que se dicen por causa de malos testimonios.  

Sin embargo, el salmista pide a Dios que aun cuando no puede ocultar sus pecados delante de Él, le permita que no haya daños colaterales. Por lo tanto, no juzgues al pecador, porque no sabes la batalla que esta librando y porque tu también vas en la brecha. No pongas tu mirada en el pecador, fíjate en Cristo, quien es Santo. Finalmente, procura un buen testimonio, pero no una gran apariencia, porque lo único que provocarás son daños colaterales hacia el Santo Evangelio. 

Cuando pecamos, dañamos la imagen de Cristo en nosotros, a Dios, al Evangelio. Porque las personas se forman una idea equivocada de lo que en realidad es el camino que conduce a Dios.

Semillas de Fe

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