Pero como insistían en preguntarle, Jesús se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado, sea el primero en tirarle una piedra. (Juan 8:7).

Juan 8.7

Para quienes no estén familiarizados con esta historia, procuraré hacer un resumen para su comprensión. Se trata de una mujer que es acusada de violar la Ley. Un grupo de personas la llevan delante de Jesús y sin presentar ni los testigos que la Ley indicaba, sin tener a la otra persona involucrada y sin presentar argumentos claros, quieren que Él la juzgue. Postrado, escribe en el suelo, y tras la insistencia de ellos les dice las palabras de nuestro texto de hoy. Después de esto, la historia da un giro inesperado. Por un lado, la multitud que acusaba de pecado a aquella mujer se marcha avergonzada al comprender que tampoco ellos estaban libres de pecado. Y por el otro lado, la mujer que era acusada de pecado, la que era humillada, se marcha restaurada después que Jesús la perdona.

Cada que leo esto me pregunto ¿Cuántas veces me he quedado con la piedra en la mano? ¿cuántas veces he lanzado la piedra sin tener la solvencia para hacerlo? ¿Cuántas veces he querido tomar el lujar de Dios para juzgar las faltas de otros, sin pensar que yo también estoy peregrinando en este mundo, en el cual a diario estamos sujetos a fallar?

Así que, mejor pensemos antes de siquiera recoger la piedra, pues es muy probable que no tengamos los argumentos suficientes para lanzarla. Recordemos que un día estuvimos en el lugar de aquella mujer, que era acusada, y que un día Cristo se postró para perdonarla. Y finalmente, luchemos por obedecer la orden del Señor: “vete, no peques más”, y eso incluye acusar de pecado a los demás. Amémonos unos a otros y fortalezcámonos más bien para no caer.

¿Cuántas veces he querido tomar el lujar de Dios para juzgar las faltas de otros, sin pensar que yo también estoy peregrinando en este mundo, en el cual a diario estamos sujetos a fallar?

Semillas de Fe

Espero que tu corazón sea buena tierra, para que esta Semilla de Fe germine, crezca sanamente y de fruto al ciento por uno. Si te gustó, dale me gusta, compártela y déjanos tus comentarios. Me despido como siempre diciendo, haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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