A diferencia de sus hermanos José había borrado de su corazón la afrenta que ellos habían cometido en contra de él. 

Mientras que ellos aún mancillaban la memoria de su padre afirmando que él había mandado lo siguiente: “te ruego perdones la maldad de tus hermanos y su pecado, porque ellos te trataron mal…” (Gen 50:17a), José ya no tenía en su corazón ningún rastro de dolor. Él ya había borrado toda sombra de dolor. Y había arrancado también toda raíz de amargura de su corazón, sus palabras tan dulces y llenas de cariño en su respuesta lo dejan más que claro: “No teman ¿A caso estoy yo en el lugar de Dios? Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien para que sucediera como hoy, y se preservara la vida de mucha gente. Ahora pues, no teman; yo proveeré para ustedes y para sus hijos… (Gen 50:19-21). 

La claridad, la sencillez en cada una de sus palabras nos revelan su corazón. Él por su lado y pese a que la afrenta había sido grande, ya había perdonado, ellos por su parte no podían vivir con la culpa y seguían atados al pasado. 

No cabe duda de que José era un hombre virtuoso, lleno de la Gloria de Dios, porque arrancar del corazón tanto dolor, tanto sufrimiento, desilusión, amargura, no es nada fácil. No solo porque la experiencia fue dramática sino porque encima el dolor fue infringido por la propia familia. ¿Te lo imaginas? Su propia sangre fue quien se encargó de herirlo. Lo desecharon, lo ocultaron, lo vendieron, mintieron y lo hicieron pasar por muerto. Lo desarraigaron del seno familiar cuando apenas tenía 17 años. Estoy seguro de que esto debe ser de las experiencias mas dolorosas en la vida de las personas. Sin embargo, él estoicamente lo había olvidado. Había logrado dejar en el pasado todo lo que tuvo que pasar a causa de la maldad de sus hermanos. 

¿Cómo se perdonan este tipo de ofensas? ¿Cómo se llega a este nivel de madurez? ¿Cómo se desarraiga del corazón tanto dolor? ¿Cómo puedo olvidar lo que me han hecho? 

De la vida de José podemos dar por lo menos 5 respuestas: 

1. José era un hombre fiel a Dios. Durante toda la narrativa bíblica, se nos dice que José fue un hombre que temía a Dios. Que desde su juventud buscó el rostro de Dios. Que su fidelidad no le permitió ofenderlo cuando fue tentado por la esposa de Potifar. Sus actos estaban en congruencia con la voluntad de Dios. Él vivía para Dios. 

2. José gozaba de la presencia de Dios. En repetidas ocasiones leemos que Dios estaba con José. Cuando administraba la casa de su amo, como cuando servía en la cárcel, cuando sufrió injusticias, afrentas, soledad, Dios estaba con él. La clase de relación que tenía José con el Señor era tal que le permitía llevar sus cargas livianamente. Todo siempre será más fácil si Dios está contigo. De eso no hay duda. 

3. José era maduro. ¿Cómo puedo saberlo? Para empezar, tantas experiencias dolorosas provocaron que, a temprana edad, madurara. Vivir lejos de casa hizo que su carácter se forjara, y sumado a los dos puntos anteriores, el resultado fue la madurez de José. 

Agreguémosle que su respuesta empezó por ubicar cual era su lugar y que lugar ocupaba Dios. Él les dijo: ¿Acaso estoy yo en el lugar de Dios? José tenía claro que no era él quien impartía justicia. Él no era quien decidía el castigo para ellos, ni las consecuencias que acarrearía para ellos lo que habían hecho. José era el segundo al mando en Egipto, pero Dios era el primero en su vida, y todo se lo había dejado en sus manos. José comprendió que él no iba a vengarse, primero porque temía a Dios y segundo porque no tenía el corazón para actuar mal en contra de ellos. Ya no cabía en su mente la idea de herir a sus hermanos por mas que estos se lo merecieran. 

4. José confiaba plenamente en Dios. Siempre es mejor confiar y descansar en Dios. En Su soberanía, porque al hacerlo, uno comprende que cada evento que ocurre en su vida no ha tomado por sorpresa a Dios, al contrario, Él a través de su voluntad permisiva ha hecho que de lo malo pueda surgir algo bueno. Dios permite cosas malas, pero de ellas siempre hace brotar cosas buenas. La vida de José fue de dolor y tristeza, pero el final en la mente de Dios fue de gozo. José comprendió que todo lo malo que vivió se convirtió en un magnifico medio para llevar la bendición del Señor a su familia. Dios torna lo malo en algo bueno. ¡Aleluya, extraordinario es el Señor!

Dios permite cosas malas, pero de ellas siempre hace brotar cosas buenas. La vida de José fue de dolor y tristeza, pero el final en la mente de Dios fue de gozo. José comprendió que todo lo malo que vivió se convirtió en un magnifico medio para llevar la bendición del Señor a su familia. Dios torna lo malo en algo bueno.

Quiero ser enfático en esto, porque este el pensamiento que deseo dejar claro en tu corazón: Todo el dolor, toda la amargura, toda la soledad, vergüenza, tristeza y abandono que sufrió José, Dios lo usó como instrumento para preservar la vida de los suyos. De la misma forma, todo cuanto tú pudieras estar sufriendo o cuanto has vivido ya, a manos de tu propia familia, esposo, padres, o el que me digas, Dios puede transformarlo en una bendición que probablemente hoy no entiendas, pero está a la puerta. Dios cambia todo tipo de amargura, y dolor en instrumentos de bendición. Él hace que las cosas malas que hoy vivimos luego sean experiencias que nos permitan levantar las manos y darle la Gloria a Él. 

5. José era un hombre generoso. Es verdad, ya José dijo que los perdonaría y que no les haría pagar su falta, pero el perdón sin acción no esta completo. José lo demostró porque, no solo los perdonó con palabras, también les demostró que hablaba en serio. Él, primero los calmó, les dijo que no temieran, luego les prometió que no solo se haría cargo de ellos, sino que también de su familia. Con hechos les hizo ver que las cosas viejas habían sido hechas nuevas, pues hay quienes dicen, yo perdono, pero no olvido. O, perdono, pero me las va a pagar. O, perdono, pero de aquí en adelante estas muerto para mí. Eso no es nada parecido al perdón. José perdonó de palabras y lo demostró con hechos. 

En conclusión, la vida muchas veces es injusta, no podemos negarlo. Y Dios lo sabe, Él mismo encarnado en Cristo, lo experimentó. Él en un grado mayor que José sufrió injustamente a manos de los suyos, sufrió mayor vergüenza, más angustia, fue acusado, fue condenado por cosas que no había cometido, le dolió profundamente que no creyeran en Él y más todavía tener que cargar el pecado de la humanidad. Pero lo hizo por amor, no solo para preservar la vida física de una familia, sino para preservar eternamente la vida de todo el que cree en Él. Así que, no pienses que Dios no te entiende o que te ha abandonado, al contario, Él quiere cambiar tu lamento en gozo, solamente ven a Él. 

Me despido como siempre diciéndote, haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

Pd. Si te gustó este articulo compártelo,  mi deseo es que sea de bendición y edificación para quienes lo lean.

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