Hace un largo tiempo, estaban dos hombres a punto de morir. En plena agonía, viviendo sus ultimas horas con profundo dolor, el peor de todos. Pues la forma en que estaban muriendo no era una forma más de morir, era una muerte además de dolorosa también era vergonzosa e inhumana. Era un castigo atroz que se le aplicaba solo a los peores criminales de la época. Ambos personajes estaban recibiendo lo que se merecían por haber llevado una vida de pillaje y de desorden, y para nadie era extraño que este par de vándalos estuviera pagando sus fechorías. Casi seguro que los pobladores estaban agradeciendo su muerte, pues se quitaban una carga de encima. Sus pertenencias, aunque pocas iban a estar más seguras de ahora en adelante.

Pero por designios divinos, por esas formas misteriosas en que actúa Dios, ambos tuvieron la oportunidad más grande de sus vidas minutos antes de morir, pues aquel día, en medio de ellos había un tercer condenado. Solo que a diferencia de ellos, este había sido acusado injustamente, este no era un criminal, este al contrario era un hombre inocente, alguien que no le había hecho mal a nadie, todo lo opuesto, había ayudado al necesitado, le había devuelto la vista a los ciegos, había limpiado la lepra, había hecho caminar al cojo, había sanado física y espiritualmente, había enseñado con su magnifico ejemplo como vivir de acuerdo al Reino de los Cielos. Este había traído un mensaje de esperanza celestial, y había mostrado el camino que conducía al Padre, este en realidad no debía estar allí, pero que como Él mismo había dicho: ponía su vida para luego volverla a tomar. Él voluntariamente había decidido a darse en sacrificio por muchos.

Sin embargo, y pese a que ambos estaban experimentando las mismas emociones, pese a que ambos sufrían, tuvieron reacciones distintas ante la oportunidad que Dios ponía delante de ellos.

Por un lado, uno de los dos tomó la decisión de injuriar, insultar a aquel gran hombre. Al igual que Satanás, quiso tentarlo al exigirle que se salvara y los salvara a ellos también. Le exigía además que mostrara que en verdad era el hijo de Dios. Que diera una señal para poder creerle. Necesitaba ver para creer. Necesitaba pruebas.

NECESITABA VER PARA CREER.

La reacción del otro pillo no tardó en llegar. Este le hizo ver su realidad y es algo que sinceramente nos da una profunda lección, porque en pocas palabras nos describe el corazón del Evangelio. Nos muestra que para ser hijo de Dios lo primero que es reconocer la culpa, luego arrepentirse del pecado cometido, clamar por perdón y finalmente rendirse a Cristo.

Observa lo que le dice: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? En otras palabras le esta diciendo: NO ERES CAPAZ DE ARREPENTIRTE A PESAR DE LA SITUACION EN LA QUE ESTAS. NO ERES CAPAZ DE RECONOCER A DIOS MIRANDOTE A PUNTO DE MORIR. NO ERES CAPAZ DE DOBLEGARTE ANTE ÉL PESE A QUE ESTAS EN AGONÍA, PESE AL DOLOR, LA INCERTIDUMBRE Y ANGUSTIA EN LA QUE ESTAS.

Luego con gran valentía, como lo hace quien entiende el momento que esta viviendo confiesa sus pecados al decir: nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho. Oh que gran declaración de este personaje. Que enorme reconocimiento hace de la persona de Cristo. En pocas palabras esta diciendo: NO TE DAS CUENTA DE QUE QUIEN ESTA A NUESTRO LADO ES EL HIJO DE DIOS Y QUE EL TIENE EL PODER DE DARTE VIDA ETERNA. ¿A PESAR DE LO QUE ENFRENTAS NO PUEDES CREEN EN ÉL?

Fue tan profunda su convicción que no dudó en pedirle lo mas grande que un hombre puede pedirle a Cristo: PERMITEME QUE YO DISFRUTE LA VIDA ETERNA A TU LADO. YO QUIERO ESTAR DONDE TU ESTES, NO TE OLVIDES DE MI CUANDO ENTRES A MORAR EN ESA GLORIA ETERNA. Observa la petición humillada, desinteresada, esta no fue la clase de petición de los hijos del trueno que deseaban estar uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús, no, esta era la petición de un moribundo que tiene claro que NO EXISTE MEJOR LUGAR QUE EL CIELO Y MEJOR COMPAÑÍA QUE JESÚS. Y en la infinita Misericordia que al Padre le plació tener aquel día para con aquel hombre, Jesús reaccionó conforme a su naturaleza y le hizo una promesa que jamás podría incumplir: EN VERDAD TE DIGO: HOY ESTARAS CONMIGO EN EL PARAISO.

NO EXISTE MEJOR LUGAR QUE EL CIELO Y MEJOR COMPAÑÍA QUE JESÚS.

¡Bendito sea el nombre del Señor! ¡Aleluya!

Esa historia ocurrió en un día como ayer. Como ya dije hace mucho tiempo. Y al igual que aquel día, hoy estamos experimentando también dolor, pánico, amargura, incertidumbre, quizá no de forma personal pero si por el numero grande de personas que están muriendo por la pandemia que experimentamos, por los que están agonizando en los hospitales, por los que están peleando por sus vidas, por los que están luchando porque sus pulmones se recarguen de un poco de oxigeno para sobrevivir y por los que están padeciendo los tantos otros males que ocurren en el mundo.

Sin embargo, con tristeza tengo que decir que leo a diario comentarios en las redes sociales, y he escuchado a amigos que dicen: que hay personas que pese a ver lo cruel que está siendo la pandemia que atravesamos no son capaces de volver su mirada a Cristo. Que aun medio de la mortandad, la crisis, el dolor, la amargura no capaces de rendirse a Él. Pero como ya vimos, esto no tiene porque parecernos extraño, la historia anterior nos enseñó que ni la agonía de la muerte y lo profundo del sufrimiento son suficientes para doblegar el corazón de algunos hombres, que ni el hecho de estar a las puertas de la muerte hace que algunos reconozcan su necesidad de Cristo. Es como si ni lo peor que uno puede vivir sea suficientemente fuerte para despojarlos de ellos mismos, y ¿sabes por qué? porque esto no depende de los seres humanos, esto dice Juan es voluntad de Dios, estos nacen como hijos de Dios porque Él decide engendrarlos, o como dice el apóstol Pablo, depende de quien Dios tiene Misericordia.

Hoy al igual que ellos también nosotros estamos a la puerta de la oportunidad, estamos en el punto exacto donde podemos volver nuestra mirada y nuestro corazón al Señor o bien podemos volverle la espalda. Hoy estamos ante la oportunidad de nuestras vidas donde podemos tomar la oportunidad que Dios esta poniendo delante de nosotros, es decir, arrepentirnos, pedir perdón, y con humildad pedirle que nos haga un espacio en la Gloria Eterna. O bien simplemente volverle la espalda y morir sin ninguna esperanza. La oportunidad esta allí, no dejes que sea una OPORTUNIDAD FALLIDA. Sobre todo, quiera Dios que así sea.

Me despido como siempre diciendo, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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