El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida (Jn 6:63).

El capitulo 6 del Evangelio de Juan es un diálogo extenso entre Jesús y la multitud que le seguía. La multitud tiene el morbo de escuchar mas de Jesús, algunos parece que lo siguen por las razones correctas, porque le han creído, otros por lo fácil que les ha resultado alimentarse estando cerca de Jesús. Otros simplemente quieren creer pero no tienen las pruebas suficientes para poder hacerlo. O más aún, no han creído porque el Padre no les ha dado la fe necesaria para que crean.

Muchos a causa de las confrontativas palabras de Jesús, finalmente deciden que estar cerca, siguiéndole, ha sido una perdida de tiempo. No obtuvieron las pruebas necesarias que los dejaría satisfechos y partir era mas productivo que seguir. Jesús les ha resultado ser un hombre común con palabras de gente lunática. Sus palabras son incómodas, fuertes, y confusas. “El que come mi carne y bebe mi sangre” no les hace ni sentido ni gracia.

Sin embargo Jesús dice, las palabras que les he hablado son espíritu y son vida. No son palabras comunes, no son palabras vacías, no son palabras incoherentes. Son Palabras que dan vida eterna.

Esto me lleva a concluir que escuchar lo que Jesús tiene que decir no solo es bueno sino que es necesario. Todos los días escuchamos las palabras de quienes nos presentan las noticias, de los que nos dan el clima, el panorama de las finanzas, escuchamos las palabras de los que son pesimistas ante las crisis políticas locales y mundiales, de los que nos presentan lo ultimo de la moda. Y nos guste o no, muchas de esas palabras las creemos. Nos aferramos a ellas, salimos de casa pensando en que lo que nos han dicho. Sugestionados, confundidos, atemorizados. Algunos incluso deben consultar las palabras de astrólogos y ‘videntes’ antes de hacer cualquier cosa en su rutina diaria.

Decidimos entonces oír tantas cosas improductivas, creerlas sabiendo que para nada aprovechan. Pero las Palabras del Cristo Resucitado, preferimos ignorarlas, evadirlas, despreciarlas, y huir de ellas. Que fácil es creer lo que nos dicen otros, aun sabiendo que no nos dirigen a nada eterno. Pero que difícil es tomarse el tiempo de escuchar la Palabra de Dios, bellas Palabras de Vida que como dijo Pedro, son Palabras para Vida Eterna.

Mi reflexion final es entonces que en lugar de creer a tanto de lo que el mundo habla, dice, impone, manda, es mejor tomarse el tiempo para tener un dialogo con Jesús, el autor y consumador de la Fe, quien con el poder de Su Palabra sustenta todas las cosas. Quien con solo decir “levántate, sé sano, si quiero, yo no te acuso, anda, tu fe te ha sanado, etc.” puede transforma la vida del que cree. El mundo tiene mucho que decir pero no da vida eterna, Jesús si.

Así que haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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