En días recientes el presidente Jimmy Morales estuvo de gira por los Estados Unidos. Aprovechando su visita fue entrevistado por el New York Times, y sus declaraciones fueron motivo de gran controversia en varios sectores, especialmente dentro de los connacionales que se encuentra ilegales en aquel país. El entrevistador le pidió que comentara sobre la propuesta del presidenciable Donald Trump de construir un muro en la frontera con México. Y nuestro presidente, fiel a su antigua profesión, la de comediante, quiso bromear con el asunto y dijo: “si Donald Trump quiere construir un muro, yo le ofrezco mano de obra barata. Tenemos muy buena mano de obra y con gusto se lo construimos. Nos dice las medidas y tenemos la capacidad para hacerlo”. Con la fluidez de las redes sociales, de inmediato las reacciones llegaron. Las palabras de nuestro presidente causaron furor. Enojados varios sectores le exigieron una disculpa. Jimmy Morales, no tuvo mas alternativa que disculparse por sus palabras que según él fueron mal interpretadas.

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La molestia ante las declaraciones del presidente eran justificadas. Ciertamente nuestros compatriotas y otros inmigrantes no ganan lo suficiente por el arduo trabajo que desempeñan es debido a las condición de inmigrantes ilegales en la que están. Su mano de obra si bien es cierto es barata no significa que sea despreciable. Hacen un duro trabajo pero se les paga mal. Todo el esfuerzo que realizan no es compensado justamente con su salario. El trabajo que realizan los ilegales es indispensable para la economía de la nación americana. Sin su trabajo aquel país no funcionaría aunque no sea bien pagado. No reciben el salario que en verdad merecería. Menos el reconocimiento que a pulso se han ganado.

El trabajo de las madres pasa por similares circunstancias. Es un trabajo de tiempo completo pero mal remunerado. Si empezáramos a contabilizar cada hora de esfuerzo que realiza una mujer desde el día en concibe a sus hijos, es un hecho que no habría dinero que pague tal trabajo. Las madres pasan trabajos desde que los primeros cambios hormonales hacen estragos en su cuerpo. Nauseas, vómitos, mareos, dolores de cabeza, son solo algunos de sus pesares. Sin mencionar que su cuerpo, motivo de su belleza externa, también sufre. Engorda, se deforma, y cambia drásticamente. Sus horarios de alimentación cambian, ahora ya no come tres veces al día, sino cada vez que desea. Todas sus horas de sueño se interrumpen, se trastornan por un bebé que le da guerra en el vientre. Repito, es un trabajo de tiempo completo pero mal remunerado.

Y así podemos continuar haciendo el recuento de las horas que las madres invierten en sus hijos. Me pregunto ¿Cuánto podríamos pagarle a las madres por las horas de labor de parto? Independientemente si es natural o por cesárea, ni el dolor que sufren al parir, ni el esfuerzo que hacen por dar a luz, ni la energía que invierten para resistir ese momento, podrían ser remunerados con ninguna moneda terrenal. Razón tenía el evangelista Juan al decir: cuando una mujer da a luz a un niño, ya no se acuerda de la angustia, por la alegría de que un niño haya nacido en el mundo (Jn 16:21), su pago es ver nacer a sus hijos bien. Es convertirse en madre.

Así es, el trabajo de las madres es un trabajo de tiempo completo pero mal remunerado, porque no le podemos pagar las horas que nos dedica como enfermera, o lo que nos receta como medico, tampoco podemos pagarles por sus horas como maestra, o cuando la hace de psicóloga. A una madre no podemos pagarle sus horas de dedicación, o su paciencia, su ternura, sus caricias, sus consejos y tampoco sus regaños. A nuestras madres no podemos pagarles su amor profundo e incondicional que sienten por nosotros. No hay forma de hacerlo. No tenemos como pagar una hora de cuidado, o tantas afrentas perdonadas, tantos disgustos, y tampoco podemos pagarles tanta bondad hacia nosotros.

Lo que sí debemos hacer es honrarlas tanto como a nuestros padre porque es un mandato de Dios que tiene promesas para nosotros. La única forma en que podemos intentar devolverles tanto amor es siendo hijos ilustres, buenos ciudadanos, y sobre todo, hijos de Dios que dan buen testimonio. La honra a nuestras madres es lo que mas satisfacción les da a su corazón. Aun si ya no están entre nosotros, la honra a su memoria también debe ser un fin que debemos perseguir. Nuestras madres no piden electrodomésticos el 10 de mayo aunque se los damos. Tampoco piden lujos aunque los merecen. Y menos piden dinero aunque debemos proveerles. Pero lo que si piden es que seamos hijos de bien. Con eso se dan por bien servidas, porque desde el día en que somos engendrados ellas procuran siempre nuestra protección y nuestra felicidad. Así que aunque no podemos pagar este trabajo que es de tiempo completo, procuremos llenar de honra a cada una de nuestras viejecitas y dedicarles no un día sino los 365 días que tiene el año para decirles: Feliz día mamá.

De parte de Semillas de Fe, FELICIDADES QUERIDAS MADRECITAS, QUE DIOS LES BENDIGA RICAMENTE Y RECUERDEN… HAGAN USTEDES LO POSIBLE Y DEJEN QUE DIOS HAGA LO IMPOSIBLE POR CADA UNA DE USTEDES.

 

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