En los artículos anteriores expusimos que cuando no queremos ver la realidad de nuestro entorno, ya sea familiar, laboral o ministerial, somos los mas ciegos de todos. Dijimos que nadie puede obviar de ninguna manera lo delicada que puede volverse una situación cuando los demás sufren por causa de nuestros errores. Tampoco nadie puede ignorar cuando hay problemas serios en su familia, y tampoco nadie puede ignorar que necesita hacer cambios en su vida ministerial ante los avances tecnológicos y las necesidades de la iglesia. También decíamos en los artículos anteriores que antes de poder reconocer todo lo que Cristo hizo y antes que podamos creerlo, necesitábamos entender que no podríamos lograrlo si no reconocíamos primero a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas. Porque al hacerlo somos reconocidos como hijos de Dios y Cristo nos reconocerá un día delante de Dios. Que nos arriesgamos mucho cuando ignoramos estas verdades porque si Jesús no nos reconoce delante de Dios, nuestra eternidad estará condenada al sufrimiento.

Habiendo dicho esto, en el presente articulo veremos el primer caso de ciertas personas que no fueron capaces de ver y reconocer a Cristo como el Mesías esperado. Pero, para poder comprender de mejor forma cada uno de los casos que expondremos, manejaremos una estructura para todos ellos. El bosquejo será el siguiente:

  1. Introducción

Texto bíblico

  1. Los personajes

Breve contexto

  1. Situación de la discordia

Ceguera espiritual: Respuesta negativa

  1. Revelación divina
  2. Aplicación personal

Kelsey Grammer as Herod the Great, the Roman appointed leader of Judea during Jesus’ birth. He enacts an execution order in Bethlehem for all male children under the age of five based on a belief that one of these children will be the next King of the Jews.??(photo credit:  National Geographic Channels/Kent Eanes)

  1. Introducción

El primero de nuestros casos lo encontramos en los albores del primer Evangelio que aparece en nuestras Biblias, el Evangelio escrito por Mateo. El pasaje dice:

Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que habían en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. (Mt 2:16) 

  1. Los personajes

Como en una obra teatral o como una película, existen personajes principales y secundarios. Cada uno juega un rol importante para darle sentido a la trama que se desarrolla. Quien escribe y proyecta una narrativa sabe que la participación de cada personaje, sea principal o secundario, hace que su historia cobre vida. En este caso están involucrados cuatro personajes. Tenemos por un lado a los personajes principales, el niño Jesús recién nacido y al rey Herodes, gobernador de Judea. Por el otro lado como personajes secundarios están los magos que viajaron de oriente a visitar a Jesús y a los principales sacerdotes, quienes servían al rey Herodes y le revelaron las profecías que hablaban del nacimiento del Cristo.

Breve contexto

A manera de un contexto breve, tengo que decir que esta historia se desarrolla en una época donde Herodes gobernaba Judea., Samaria y otras regiones palestinas. El imperio romano tenía bajo su dominio todo el mundo conocido. El tiempo del imperio helénico había sucumbido ante el poderío romano. Y Herodes el Grande había hecho todas las gestiones necesarias para convertirse en amigo de Roma y de esa manera alcanzar el poder. De Herodes se pueden decir tanto cosas admirables como también se pueden decir cosas lamentables. Por ejemplo, y para no ser tan extensos, Herodes fue conocido como Herodes el Grande, por su capacidad de construir obras arquitectónicas e ingenieriles en verdad maravillosas. El Templo de Jerusalén fue una de sus mas grandes obras construidas. También los acueductos y las villas romanas. Pero también fue reconocido por su crueldad. Los historiadores dicen que su hambre de poder llegó a tal punto que al sentirse amenazado por su propia familia, mató a su esposa y a uno de sus tres hijos. Tan cruel era, que incluso algunos decían: “es mejor ser un cerdo que ser un hijo de Herodes”. Es que en verdad Herodes no estaba dispuesto a correr ningún riesgo. Todo lo que amenazaba su poder, él lo quitaba de su camino. No se permitía la posibilidad de perder su reinado ni su ostentosidad. Él deseaba gobernar por encima de quien fuera, incluida su familia.

  1. Situación de la discordia

Digamos que en términos generales Herodes gobernaba con toda tranquilidad. Amén de los problemas rutinarios de las provincias a su cargo, Herodes estaba por así decirlo disfrutando de los privilegios de su reinado. Sin embargo, mientras todo ocurría con aparente tranquilidad, hubo algo que vino a romper con toda aquella paz imperante. Cuenta Mateo que ciertos magos de oriente vinieron a Jerusalén a buscar al Rey de los judíos que acaba de nacer. Vieron una estrella que fulguraba en el oriente, la siguieron hasta el lugar donde los condujo y llegaron con la finalidad de rendirle adoración (Mat2:1,2). Por supuesto, tal noticia cayó como balde de agua fría en el rostro de Herodes. Fue como si un terremoto sacudiera su cuerpo entero.

Imagino a Herodes cómodamente recostado en un triclinio, comiendo uvas, tomando vino y siendo atendido por esclavos, quienes se encargaban de resoplar sobre él, cuando de pronto, uno de sus siervos irrumpe y le da la noticia, ¡Pum! Herodes cae al suelo, la copa de vino que tenía en la mano se derrama sobre su vestido, casi se atraganta con una uva que recién había llevado a su boca y una mosca esta a punto de entrar en su rostro boquiabierto.

¿Cómo así? –es lo primero que se oye decir– vienen a ver al Rey que recién nació. Aquí el único rey soy yo –es la segunda oración que logra decir después de su asombro– pero Herodes no es tonto y no desconoce la relevancia de las profecías antiguas, al final de cuenta era edomita, y había crecido oyendo todo esto. Por ello de inmediato hace llamar a los principales sacerdotes a quienes tiene a su servicio para que le aclaren tal asunto. Estos sacerdotes eran personajes que conocían las profecías mesiánicas. Sabían que los profetas anunciaban que un Mesías, un Cristo, llegaría a Jerusalén. Ellos interpretaban La Ley, y servían como consejeros del rey en temas que involucraban la religión judía.

Al ser consultados, la confirmación no se hizo esperar, y tal como escribió el profeta Miqueas ellos le dijeron a Herodes: Y tu Belén, tierra de Judea, de ningún modo eres la mas pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi Pueblo Israel (Mi 5:6). Herodes queda paralizado, las piernas le tiemblan, alguien le acerca un poco de agua, lo bebe y de pronto cobra compostura y en tono un poco cínico llama aparte a los magos, confirmó algunos detalles más y les dice: id y buscad con diligencia al niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que yo también vaya y lo adore (Mt 2:6-7). Obviamente las intenciones del rey estaban lejos de ir y rendirle adoración al niño Jesús. Nada mas lejos de las verdaderas intenciones del rey Herodes. Por su mente jamás pasó la idea de postrarse delante del Rey Jesús. Todo lo contario, Herodes pensó que el niño Jesús debía ser quitado de su camino.

Los magos se fueron hacia Belén como les dijo Herodes, encontraron y adoraron al niño y antes de volver a sus ciudades de origen, fueron advertidos en sueños de parte de Dios para no ir a contarle nada a Herodes. Así que tomaron otro camino y no volvieron a palacio nunca más. Esta acción no cayó en gracia al rey, al contrario fue tomado como una afrenta seria que por supuesto ameritaba una reacción severa de su parte. La acción de los magos sacó la peor versión de Herodes, y es por ello por lo que mas se recuerda a este gobernante. Decidió matar a todos los niños recién nacidos. Todos los infantes menores de dos años de edad debían ser asesinados. Los de Belén y los de los alrededores debían morir. José y María por su parte ya habían sido advertidos del peligro que correrían, así que un ángel les dijo que debían salir de Jerusalén hacia Egipto y que habrían de volver luego que Herodes muriera. Herodes, al no conocer al verdadero Cristo, al Rey de Reyes optó por acabar con todas las posibles amenazas de su reino. Haciendo de aquel día uno de los mas dolorosos para el pueblo de Dios (Mt 2.13,16). Una profecía mas se cumplió por aquellos días. La profecía del profeta Jeremías quien escribió: se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, y que no quiso ser consolada porque ya no existen (Jer 31.15). 

Esa fecha se conoce en el día de hoy como la matanza de los inocentes. Herodes no supo ver lo que delante de sus ojos estaba ocurriendo. Se sintió amenazado y actuó. Todo lo vio a nivel terrenal. No apreció la grandeza de aquel nacimiento. Herodes no pudo ver la revelación divina que acababa de acontecer tan cerca de él. Como hemos titulado esta serie: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y Herodes fue ciego ante lo que ocurrió en Belén de Judea. La situación de la discordia es entonces, la incapacidad de Herodes y de los sacerdotes de reconocer al Mesías esperado. Los magos vinieron a ellos, les contaron un hecho que Dios les había revelado. No dijeron de que forma, pero por su condición de observadores de los tiempos y conocedores de las culturas y por ser temerosos de Dios, tuvieron la posibilidad de ver y adorar al Dios verdadero encarnado y nacido a través de María.

En la segunda parte veremos la respuesta negativa de Herodes y los sacerdotes, la Revelación Divina, y aplicaremos todo lo que hemos descrito. Mientras tanto, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Para referencias y entender de mejor forma esta serie observa lo publicado anteriormente.

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (1era. Parte)

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (2da. Parte)

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