Hijos bajo el cuidado de la niñera digital (2da parte)

En el articulo anterior les relataba parte de la película: Manos Milagrosas, la historia de Ben Carson. Les conté sobre la enorme influencia que tuvo la madre de Ben y su hermano para que ellos aprovecharan su tiempo en la lectura. Asociamos esta idea con lo que el pueblo de Israel no hizo con la generación que entró a la tierra prometida. Dijimos que la generación posterior a Josué y Caleb no conoció a Dios. Cuestionábamos el hecho del por qué esta generación había dejado de seguir al Dios de Israel. Ahora veamos en este articulo parte de la respuesta a esos cuestionamientos planteados anteriormente. Empecemos por ver una hipótesis. Los padres no enseñaron a sus hijos a conocer y amar a Dios porque no tuvieron el tiempo para hacerlo.

LA CONQUISTA DE CANAÁN

La tarea principal que el pueblo de Israel llevó a cabo en su ingreso a Canaán fue la conquista de todas aquellas ciudades. No puedo ahondar en ello, pero si tengo que decir que el pueblo estuvo bastante ocupado en esta tarea. Batalla tras batalla, persecuciones a los enemigos, trazo de los linderos, establecimiento de las tiendas, era el diario vivir de los padres de aquella generación.

Esto me hace pensar que tanto esfuerzo, tanta dedicación por conquistar, construir, crear un patrimonio, les hizo olvidarse de una tarea indispensable, el cuidado y educación de sus hijos. Los padres hicieron una parte de su trabajo pero descuidaron otra indispensable, velar por el crecimiento espiritual de sus hijos. Recordemos que Dios ordenó a los padres en Dt 6:4,9 que debían cumplir con una tarea esencial en la vida de sus hijos. Ellos debían ser quienes enseñarían a las nuevas generaciones quién es Dios y qué representaba para su pueblo. Mientras comían o salían por el camino, o antes de acostarse debían hablarles sobre Dios. Incluso en las paredes y postes de la casa debían escribir sobre el amor de Dios.

Cuando leo esto pienso en nosotros. Estamos ocupados en nuestro trabajo, nuestras ocupaciones, negocios, etc., y nuestros hijos al igual que aquella generación están sin recibir nuestros cuidados, sin nuestra atención y sin nuestra guía espiritual. Estamos afanados construyéndoles un patrimonio material pero no estamos sentando las bases de su vida espiritual. Estamos alcanzando metas profesionales y personales pero estamos dejando de lado las necesidades mas importantes de nuestros hijos. Tanto papá y mamá son responsables de sus hijos. La ley de cada país los responsabiliza de su protección, su sustento, educación, etc., pero los principios bíblicos lo hacen responsable de su crecimiento espiritual. Hoy vemos que nuestros hijos se crían prácticamente solos. Los padres trabajamos mas de ocho horas al día, sin contar el tiempo que tomamos para distracciones y el tiempo que perdemos en el trafico. Hay padres que salen de casa mientras sus hijos aun duermen y cuando vuelven los encuentran ya dormidos. La identidad no se la estamos dando nosotros a nuestros hijos, sino lo que ve en las redes sociales, en el internet, en la televisión, en la calle, en el mundo que esta a su alrededor.

Por eso es valido hacerse las siguientes preguntas:

¿Quién es el encargado de cuidar a nuestros hijos? ¿La TV, el celular, la Tablet, la computadora, el internet? ¿El vecino, el amigo, la iglesia, o la escuela? ¡Ninguno! Los responsables somos los padres de familia.

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Nuestros hijos son nuestra responsabilidad y no tenemos ninguna excusa para no velar por su cuidado. Tanta lejanía nos debería alarmar. Recientemente sonó en nuestros noticieros, periódicos, tv, la noticia del hijo de pastor “profeta/apóstol” quien era el autor intelectual de un secuestro. Lo culpaban de haber dañado la integridad de una niña de 16 años. Decían que él había organizado el secuestro, y se encargaba de pedir el precio del rescate. Repito la noticia sonó y fue escandalosa porque era hijo de un “pastor”. Las personas hacen mas escandalo cuando un evangélico da que hablar por algo malo, aunque nunca por lo bueno que hacen. Pero el punto no es ese, sino que, no se esperaba tal comportamiento de alguien que había sido criado supuestamente bajo el temor de Dios.

Sin duda alguna me hizo reflexionar, hice mis conjeturas y pensé que es posible que aquel “ministro de la fe” al igual que el pueblo de Israel, estuvo tan ocupado en su ministerio que descuidó a su familia. Que se afanó por cuidar otras ovejas y no se preocupó por velar el primer redil que tenía a su cargo, su propia familia. No estoy afirmando que sea así, pero, este ha sido un patrón entre las familias pastorales. Mucho ministerio, mucha iglesia, muchos cargos, muchos eventos y las familias descuidadas. Sin fin de hijos de pastores reniegan de la fe, porque se consideran huérfanos. Tuvieron un padre aplaudido en el pulpito pero prácticamente un desconocido en casa. Sin embargo, esto no solo aplica en la vida de las familias pastorales, también aplica en la vida de cualquier familia. Muchos logros, muchos títulos colgados en las paredes, mucho dinero en casa, muchos lujos pero no hay familias integradas. Cada uno vive en su rollo. Cada uno toma su teléfono celular, su computadora, su Tablet, o su televisión, y vive dentro del mismo lugar pero aislado en su propio mundo. Nuestros hijos están siendo enseñados y “educados por la niñera digital”.

Nadie hará el trabajo de los padres. Los maestros, la iglesia, la familia secundaria no hará el trabajo que le corresponde hacer a los papás. Queremos hijos educados, correctos, que no anden en maras ni en drogas, y sobre todo hijos que alaben a Dios pero no queremos invertir el suficiente tiempo en educarlos en las verdades de Dios. Deseamos hijos que no nos avergüencen pero no les hemos dado los elementos necesarios para que lo logren. Vivimos apartados de sus necesidades y sus problemas. No somos parte integral de sus vidas. Nuestros hijos no llegan a tenernos la suficiente confianza como para conocer sus temores.

La granada y el pecado

Mi padre dice que el pecado que cometemos es como la explosión de una granada de mano. La granada explota y afecta a todos aquellos que están en un radio de 30m (así eran las que él conoció cuando prestó servicio militar no sabría decir si ya han cambiado). Es decir que todas las personas que estén dentro de un diámetro de 60m saldrían lastimadas o muertas. Principalmente sí quien la hace explotar no está más lejos que esa distancia. El pecado también afecta a quien lo comete principalmente, a la familia más cercana, y a la familia no tan cercana.

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Entonces dice: lo mejor que puedes hacer es no quitarle el seguro a la granada. Es más, mejor ni considerar tener una en tus manos. La antesala del pecado es la tentación, nadie peca si no se deja seducir primero por la tentación. Cuando te dejas seducir ya le has quitado el seguro a la granada, ya solo falta que te explote. Entonces lo mejor es no permitirse estar cerca, ni contemplar las posibilidades porque esa granada llamada pecado tiene más poder que una bomba atómica. Me despido diciéndote: haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

LA CAMISA MANCHADA

INTRODUCCION

Desesperación y frustración son dos de los sentimientos que experimenté cierto día que vi manchada mi camisa favorita. Me encantaba mi camisa, pero un día sin darme cuenta me había salpicado grasa. La remojé, le apliqué varios detergentes, hasta los que según los anuncios eran ideales para ese tipo de manchas. Con el paso del tiempo lo único que conseguí fue echar a perder mi camisa. Tanto restregarla hizo que se rompiera. Quizás pude optar por no lavarla tanto y me hubiera hecho a la idea de usarla aunque fuera manchada. Sin embargo no me logré hacer a la idea de cargarla así. Aunque la mancha no era tan obvia para todos los demás yo sabía que estaba manchada y eso era suficiente para mí. Yo sabía que estaba manchada y no me sentía cómodo.

LAS OFRENDAS QUE DIOS DEMANDA

Estamos creados a imagen y semejanza de Dios lo cual indica que en gran medida reaccionamos de la misma manera que Dios lo hace. A Él, al igual que a nosotros no nos gustan que las cosas estén sucias. Siempre exigió que cada ofrenda que se le entregara fuera limpia, sin defecto, irreprensible. Le 22:20 dice: “ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto para vosotros”. No importa cuan valiosa creyera el pueblo de Dios que era la ofrenda que le presentaran, no tenía ningún valor delante de Él si poseía algún defecto. Fueran ofrendas vacunas, ovinas, aviares o de cereales, debían ser perfectas. Dios no recibiría jamás nada que tuviera defectos. Si tenía enfermedad o algún defecto físico debía desecharse. Las ofrendas puras, irreprensibles, servía para la expiación de los pecados tanto del pueblo como del Sumo Sacerdote, quien siendo humano necesitaba purificarse a sí mismo antes de interceder para la purificación de los demás. El sistema sacrificial era estricto, no admitía concesiones en este sentido. Si ofrendabas a Dios debías ser lo mejor. No podías tratar de burlarte de Él ofrendando algo que no fuera perfecto. Por otro lado, tampoco el encargado de servir en el tabernáculo o el templo posteriormente, debía ser una persona impura. Con defectos, o sucio. Si era cojo, o manco, o tuerto, o con defectos en sus genitales no podía servir bajo ninguna manera (Cp. Lev. 21; Dt 23). Así de demandante era exigencia divina.

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JESUS ES LA OFRENDA PERFECTA

Lejos estaríamos si creyésemos que Dios solo busca satisfacer caprichosamente a través de las exigencias a sus hijos. Dios estaba tratando de enseñarnos (1) que ningún animal ofrecido por mejor cuidado que estuviera, era suficiente para expiar los pecados de ninguna persona. Se ofrecía pero nadie era limpio para siempre. (2) También podemos aprender que quienes intercedían delante de Dios también eran limitados. No podía presentarse delante de Dios de forma integra. Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado. Juan el Bautista cuando vio a Jesús exclamó: “He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29), en otras palabras le estaba diciendo a la multitud presente: ese hombre que ven ahí es alguien que puede ocupar perfectamente el lugar de la ofrenda pascual porque, Él no tiene pecado, es un cordero sin mancha (1Pe 1:19). Jesús no conoció pecado aunque por nosotros se hizo pecado para justificarnos (2Co 5:21). Él si podía ofrecerse como ofrenda y podía ministrar delante de Dios sin necesidad de purificarse previamente porque es puro. Ahora si que había un mediador entre Dios y los hombres que podía quitar pecados porque no hay pecado en Él (1Jn 3:5).

“Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado”. 

CONCLUSIÓN

Entonces, al ver esta exigencia de Dios, los hombres parecería que no tenían esperanza porque nadie podía lograr satisfacer a Dios. Pero esta esperanza aviva su fuego cuando vemos que Jesús si pudo. Ahora solo queda depositar toda nuestra fe en Él para ser aceptos delante de Dios. Cuando nos arrepentimos, y ponemos nuestra fe en Cristo, lo hacemos Señor de nuestra vida. Toda su santidad es imputada en nosotros. Nuestra cuenta de pecado es vaciada y sustituida por una nueva cuenta atiborrada de Gracia y Perdón. De la bancarrota pasamos a la abundancia espiritual por medio de la fe en el Hijo de Dios. Por lo tanto, si estas en bancarrota, ven a Cristo, arrepiéntete de tus pecados y la Sangre del Cordero te limpiará de todo pecado . Toda mancha o pecado será limpiado por Cristo (He 9:9). Deja que Dios haga su trabajo, restregará quizás como lo hice con mi camisa, pero a Él nada se le romperá en sus manos. Me despido diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.