Jesús fue tentado

La sola idea de pensar aislarme durante cuarenta días y en el desierto me parece descabellada. No me hago a la idea de estar ni un solo día rodeado de alimañas, sin pan y sin agua. Sin embargo el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto para ser tentado (cp. Mt 4:1,11; Mr 1:12,13; Lc 4:1,13). Cuarenta días con sus noches Jesús estuvo aislado de todo el mundo que le rodeaba. Lejos de las personas, de las “comodidades” de una casa (si podemos llamarles así), sin comida y sin agua. El Espíritu lo llevó a propósito previo a iniciar su ministerio terrenal. Antes que todos conocieran al extraordinario Hijo de Dios, Jesús tuvo que ser probado. Dentro de las ofertas que Satanás le propuso a Jesús fue que convirtiera las piedras en pan. Él sabía que luego de esa larga jornada sin comer, ni beber agua era más fácil que Jesús accediera a tal demanda. Pensó que la vulnerabilidad que podría tener Jesús haría que cayera en su tentación. Imaginó que la necesidad del Hijo de Dios lo obligaría a caer en su trampa.

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No debe extrañarnos que el diablo actuara así con Jesús, pues todo el tiempo esa ha sido su estrategia, la del engaño. La de ofrecernos algo que en apariencia es lo mejor y lo necesario para nosotros. El diablo no ha cambiado, ni lo hará jamás. La red con la que intenta hacernos caer sigue siendo la misma, en distinta presentación y con diferente fórmula pero al final siempre es engañar a sus víctimas. Su naturaleza es mentir. Jesus dijo que desde siempre él ha mentido porque él es el padre de mentira (Jn 8:44). El diablo ha engañado al mundo entero, desde Adán y Eva ya ha estado haciendo lo mismo, y aún habrá un tiempo cuando todavía se le permitirá salir de nuevo para probar al mundo con engaños, (Ap 12:9; 20:7, 10) pero finalmente pagará eternamente.

Él conoce nuestras debilidades y siempre busca derribarnos atacándolas. Busca nuestra vulnerabilidad y con saña arremete. No tiene ninguna compasión con sus víctima porque se goza cuando las ve en el suelo destruidas. Aún ahí hace lo posible por no dejarlas con vida. A Jesús lo vio con hambre y le propuso un banquete de piedras convertidas en pan. A otra persona pudiera ofrecerle un plan para ganar dinero ilícitamente sabiendo que no hay sustento en casa, o que ya han pasado días sin comer. A una mujer pudiera plantearle la idea que engañar a su esposo es la mejor manera de retribuir tanto dolor que él le ha provocado. O perder su virginidad quizá es la mejor forma de protesta que una señorita podría plantarse en contra de sus padres. O bien ver pornografía es la manera más fácil de un joven para adelantarse a tener relaciones sexuales. O que quitarse la vida es la solución más fácil para superar la depresión. Una mentira que está vendiendo mucho últimamente y le está dando réditos es la de hacer creer a las personas que Dios se equivocó poniéndolos en cuerpos diferentes. Les hace creer a jóvenes, adultos y ancianos que nacieron con sexo contrario al que tienen. Por eso hoy vemos que proliferan exponencialmente los homosexuales y los transgénero, porque están comprándole esa idea al diablo.

En fin, hay tantas formas que el diablo tiene como debilidades tiene el mundo. Pero hay esperanza para todo ello. Jesús trazó la salida. Cuando enfrentemos debilidad, cuando estemos experimentando síntomas de debilidad, cuando nos sintamos vulnerables, cuando creamos que la salida fácil esta delante de nosotros o sintamos que ya estamos considerando la propuesta del diablo debemos recurrir a la Palabra de Dios. Ahí encontraremos TODO lo que necesitemos para contrarrestar los embates del enemigo y para experimentar paz en nuestro corazón. Jesús le dijo: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4:4). En otras palabras: “tu propuesta parece atractiva pero no es la única, ni la mejor. Encuentro mas satisfacción y paz en lo que el Padre me da que en lo barato de tu ofrecimiento”. El salmista escribió: Se deshace mi alma de ansiedad; Susténtame según tu palabra. Acuérdate de la palabra dada a tu siervo, En la cual me has hecho esperar. Ella es mi consuelo en mi aflicción, Porque tu dicho me ha vivificado. Si tu ley no hubiese sido mi delicia, Ya en mi aflicción hubiera perecido. Nunca jamás me olvidaré de tus mandamientos, Porque con ellos me has vivificado. (Sal 118:28; 119:28; 92-93).

En conclusión no hay nada más satisfactorio que hacer la voluntad de Dios. Es como alimento para nuestro espíritu. Jesús lo experimentó y comparó cumplir la voluntad de Dios con la satisfacción del alimento (Cp. Jn 4:34). Siempre el beneficiario es quien obedece y Dios es honrado. Así que no importa cuán espectacular o atractiva sea la propuesta del enemigo, jamás será lo suficientemente buena para tu vida. Porque el pecado es de satisfacción efervescente. Un rato lo disfrutas para luego pagar un costo muy elevado. En cambio en Dios, hay promesas eternas para quienes se nutren de Su Palabra. Así como se nota en el cuerpo cuando una persona se alimenta bien, también se reflejará en una persona cuando está nutriéndose de la Palabra que sale de boca de Dios, es decir La Biblia. Jesús fue probado y no falló, por ello Dios lo exaltó. Tú también serás exaltado si no cedes a la tentación del diablo. Me despido como siempre diciéndote, haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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