«Jesús lo miró con amor y añadió: —Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el hombre se desanimó y se fue triste porque tenía muchas riquezas.»
‭‭Marcos‬ ‭10:21-22‬ ‭NVI‬‬

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El mensaje sigue siendo el mismo: “una cosa te hace falta… Despójate y sígueme” la respuesta que seguimos escuchando también es la misma: “NO puedo. No soy capaz de dejar TODO o ESO que es el tesoro de mi Corazón. No estoy preparado”. Aún muchos prefieren irse desanimados porque lo que Jesus pide dejar les resulta demasiado. Todavía se puede ver a quienes dicen NO ESTOY LISTO y prefieren continuar haciéndose tesoros en la tierra. Aún vemos a quienes piensan que sus tesoros terrenales son más valiosos que los tesoros celestiales.

Qué fácil sería seguir a Jesús si no se tuviera que renunciar a este mundo. Si no hubiera que dejar lo que estorba nuestro andar con Él. Hay todavía quien cree que puede andar bajo los placeres del mundo y seguir a Jesús. Hay quien cree todavía que el Evangelio es vivir bajo los estándares del mundo y bajo la ética del Reino de Dios. Hay quien piensa que puede llamarse “cristiano” y vivir como el mundo dicta.

Por eso es triste ver a esos comerciantes de la fe que venden un “evangelio light”. Esos quienes le venden a las personas ese “evangelio” de lo fácil, de lo todo está bien, ese “evangelio” que no exige ni despojo ni arrepentimiento. Están ofreciendo un falso evangelio. Están vendiendo un reino que no es para nada el Reino de Dios. Un Reino que no se compra sino que se recibe por Fe en Cristo. Ese Reino en el que ni se paga indulgencia para perdón de pecados ni se exige obras para entrar en Él. Ese Reino al que se entra por la puerta estrecha, ese por el que se pierde para ganar, ese por el que se llora para recibir, ese por el que ser ultimo te hace ser el Primero. Ese Reino que pide a los que anhelan ser grandes, hacerse los más pequeños. Ese por el que los perseguidos por causa de Cristo los llama bienaventurados.

Cristo nunca ocultó que por este Evangelio habría persecución, angustia, dolor, o tristezas, o muerte. No lo hizo. Jamás le garantizó a quien le dijo “sígueme” que no sufriría. Al contrario dijo: en el mundo tendréis aflicción pero confiad que Yo he vencido al mundo. Por ello otro mensaje que no anticipe eso, no tendríamos la certeza de reconocerlo como de parte de Dios.

Por ello digo: Cristo siempre exige una respuesta o me sigues bajo mis estándares o te apartas con tu riqueza y tu desánimo. Te enamoras del Reino y vendes todo lo que posees o sigues considerando más valioso el tesoro que has acumulado en la tierra.

Cristo siempre exige una respuesta ¿cuál será la tuya?

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