Introducción

En plena “Semana Santa” como es conocida esta fecha, el mundo cristiano se manifiesta de acuerdo a sus creencias. Una gran parte de ese mundo cristiano, el tradicional, como todos los años, expresa su fe a través del sacrificio, la representación procesional, los alimentos típicos de la época, su folklore y sobre todo, con el cumplimiento doloso de obras penitentes para redimirse delante de Dios de todas sus culpas. La otra parte del mundo cristiano, se muestra impávido ante la fecha. Pocos son los que expresan de alguna forma lo que para ellos representa la semana de la Pasión de Cristo. De ahí en mas, la gran mayoría ni siquiera observa con reflexión lo que representa para su fe, los hechos que ocurrieron hace mas de dos mil años.

La Pascua Judía

La fiesta de la Pascua judía era una fiesta que hacía recordar a los judíos el día en que Dios tuvo misericordia de ellos y los sacó de Egipto. Representa la obra portentosa de Dios sobre una nación que sufrió esclavitud, crueldad y amargura. Era por tanto, menester de los padres contar a sus hijos todo lo que Dios había hecho por ellos. Las diez plagas, la protección en el desierto, la desobediencia del pueblo, el establecimiento de la Ley Moral, y Ceremonial de Dios, la conquista de los pueblos, etc., eran muchas de las historias que se narraban en el seno de los hogares, para recordar cuán bondadoso es Dios y cuán grande es Su Misericordia a favor de los que a Él le place favorecer.

Sin embargo en el contexto de nuestro tiempo, ni se recuerda en la familia, ni se reflexiona en los círculos eclesiales. De alguna manera no fomentamos ni la observación, ni la reflexión sobre los hechos que fundamentan nuestra fe. Olvidamos o no repensamos el sacrificio de Cristo en la Cruz a la luz de lo que significa para nuestra fe. Alfonso Ropero escribió:

“El cristianismo nació al pie de una cruz, de la sangre y del agua que manaban del costado de Cristo, y creció y se extendió bajo la sombra de esa cruz y de esa agua. De esa muerte y de esa vida. De esa muerte que es vida y de esa vida que es muerte. Ni en los tiempos de calma está la Iglesia libre de tormentas”.[1]

Entonces es significativo para nosotros preguntarnos ¿Cuál es el mensaje que percibimos hoy desde la Cruz? ¿Es vergüenza o es salvación? ¿Lo comprendemos tal como lo comprendían los primeros cristianos? O ¿Está tan secularizada la Cruz que ya no es motivo de reflexión para el pueblo evangélico y el mundo en general? ¿Representa la Cruz lo mismo que simbolizó en el presente de Cristo? ¿Sigue retándonos a renunciar a todo, incluso a nosotros mismos, con tal de ganar a Cristo? ¿Cómo deberíamos proclamar su mensaje a un mundo que ya no se escandaliza con la Cruz? Empecemos por conocer el trasfondo histórico de la cruz.

La Cruz en la historia

El primer lugar a donde debemos dirigirnos para comprender el mensaje de la Cruz es a la historia. Necesitamos saber, como ha sido concebida la cruz desde el principio de este movimiento que ha trastornado al mundo entero. Todos los humanismos han chocado con la cruz –dice José Luis Martín Descalzo– para los romanos, una “religión de la cruz” era algo antiestético, indigno, perverso.[2] Entre los judíos, esta forma de ejecución se consideraba especialmente abominable por las palabras de Dt 21:3: el colgado es maldito de Dios. “La cruz tiene todo lo que un torturador perverso y sádico podría pedirle a una forma de ejecución”.[3] Cicerón, el poeta romano se refirió a ella como “la mas cruel y abominable de las torturas” y dijo que “la propia ‘cruz’ debería estar lejos, no solo del cuerpo de cualquier ciudadano romano, sino también de sus pensamientos, sus ojos y sus oídos (Pro Rabirio perduellionis 5.16). Jesús el crucificado, era tan repugnante que se consideraba un atentado contra las buenas costumbres hablar sobre el tema. Una imagen antigua que unos niños para ridiculizar a uno de sus compañeros que profesaba ser cristiano: describe a un crucificado con cabeza de burro y tiene una inscripción que reza: Alexámeno adora a su Dios. Bien hace Martín Descalzo al decir que: “la cruz no figuraba por aquel entonces en tronos ni coronas. No era signo de triunfo en las batallas o en las iglesias. Connotaba, por el contrario, escarnio, vergüenza, irrisión”.[4] Aun los gentiles veían a todo crucificado con el mas completo desdén –dice John MacArthur– y era una escena tan obscena que en la sociedad no era correcto hablar de la crucifixión. La cruz era símbolo de vergüenza y sufrimiento.[5]

alexamenos

La Cruz del sufrimiento

Morir crucificado hemos dicho que era un insulto degradante, y la idea de adorar a un individuo que había muerto crucificado era absolutamente inimaginable. De esa cuenta es que hoy no valoramos el mensaje de la Cruz. Ya no vemos a nadie morir crucificado, y a causa de ello no nos impactamos como en aquel entonces. Hoy día cualquiera se cuelga una cruz, la besa, hace una señal como símbolo protector, la pone encima de su cabecera, pero de ninguna manera comprende que esa Cruz representa el amor sufriente de Cristo por quienes se dedicaron a despreciarlo. Con el paso de los siglos, hemos aprendido a evitar el escándalo de la cruz con lo mas hábil de las técnicas: acostumbrándonos a ella o convirtiéndola en signo de triunfo o sentimentalismo –apunta Descalzo–. La hemos colocado en lo alto de tronos y coronas, en las torres de templos, en los escotes de las señoras. La hemos bañado en oro y adornado de orfebrería.[6] No le hemos dado el verdadero sentido que tuvo en tiempos primitivos.

Por eso al principio dije, la iglesia no esta reflexionando en los fundamentos de su fe. No observa con atención la razón de lo que cree. No alcanza a comprender la dimensión de lo que representa esta fecha. Pedro intentó reprender a Cristo cuando les dijo que habría de padecer en una cruz (Mc 8:32). Tres veces anunció su padecimiento voluntario en manos de los sacerdotes y escribas y que al tercer día resucitaría (Mc 8:31; 9:30,32; 10:32,34). No hubo mas que silencio a sus palabras, los discípulos no comprendían sus palabras y tampoco se atrevían ha preguntarle. Moltmann escribió: “Hasta los discípulos de Jesús huyeron todos de la cruz de su Maestro. Los cristianos que no experimentan la sensación de tener que huir de este Crucificado, es que no han comprendido todavía con suficiente radicalidad”.[7]

La Cruz tiene un significado en la cual solo los cristianos pueden hablar de ella de un modo positivo, y ello solo por la redención que Jesús consiguió a través de ella. Deberíamos hablar de la Cruz, con tal actitud que al hacerlo nuestros cuerpos se estremecieran. La Cruz representó para Cristo el punto donde se consumaría la obra superlativa de amor del Padre. Martín Descalzo cita al padre De Lubac dice:

Cristo no vino para realizar la obra de la encarnación. La Palabra se hizo carne para llevar a cabo la obra de la redención. El misterio de Cristo también es nuestro misterio. Lo que ocurrió en la Cabeza debe también suceder en los miembros: encarnación, muerte y resurrección, es decir: arraigo, desarraigo y transformación. Una vida no es auténticamente cristiana sino contiene este triple riesgo.[8]

En palabras de la Biblia, diríamos algo semejante a los que apuntaba Lubac:

Si el mundo os aborrece, sabed que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo los aborrece. (Jn 15:18,19). También dijo Jesús a sus discípulos: Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsaran de las sinagogas, y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí (Jn 16:1,3).

El sufrimiento esta reservado para los cristianos que portan pese a su oprobio la Cruz de Cristo. Jesús no ocultó tal cosa, fue explicito al padecer la crucifixión: Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lc 23:31). Es verdad se puede hablar en sentido favorable por lo que Cristo hizo pero no excluye de ninguna forma el sufrimiento que representa aquel a quien por cierto ni si quiera muchos alzaron la vista para verlo. Dios mismo muestra sufrimiento en la Cruz. La Cruz muestra al Dios que se hizo humano y al Dios que sufre por la muerte de Su Hijo. En Jesús Dios es también crucificado y muere. [9] El sufrimiento, la vergüenza, el dolor y el repudio de la cruz por tanto merece una respuesta de aquellos a quienes se les predica su mensaje.

La cruz merece una respuesta: salvación o locura

El apóstol Pablo se presentó delante de la iglesia de Corinto con un mensaje que no fue recibido con mucho entusiasmo. Mas bien fue un mensaje que obligaba a responder a favor o en contra. Fue despectivo, vergonzoso y blanco fácil para el rechazo. En 1Co 1:18 Pablo escribió: Porque la Palabra de la Cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Dos grupos se distinguen como los receptores de este mensaje, los que se salvan y los que se pierden. Esto exige una respuesta para quienes oyen, perderse o salvarse. Pablo no se guardó nada de su mensaje pese a que este no era en ninguna forma nada atractivo como se ha dicho. Predicó bajo el poder del Espíritu Santo, no con sabiduría humana sino con poder de Dios. Con temor y temblor anunció el testimonio de Dios, no fue por excelencia de palabras y tampoco se propuso cosa alguna mas que conocer a Jesucristo y a este crucificado. No buscó suavizar el mensaje, no buscó una forma menos hiriente y tampoco buscó una forma que lo hiciera popular o light. No se vio obligado a forzar a nadie persuadiéndolo a través de palabras vacías. Al contrario como John Macarthur ha dicho: “la verdad sin barniz, sin tergiversación, ni modificación, inevitable, es que el Evangelio es en verdad difícil de creer. Es mas, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible”.[10]

Bien dice Martín Descalzo:

“la gran tentación de los cristianos es ésta: como el mundo moderno no digiere la cruz, hagámosle un Cristo “ad usum delphinis”; suavicémoslo, ofrezcámosle un Jesús al que pueda entender, tal vez acepte un Cristo despojado de sangre y de todo elemento sobre natural; démosle un Maestro que les sea “útil” para mejorar la superficie de este mundo, aunque tengamos que arrancarle lo que le caracteriza; sirvamos una fe digerible; hagamos como el profesor que ofrece como solución a los problemas no la que sabe que es la correcta, sino aquella que sus alumnos desean y esperan; adaptémonos a la mentalidad de los hombre de hoy, aunque, al hacerlo, dejemos de darles el oxigeno que precisamente ellos necesitan.

La iglesia post-moderna, esa del consumismo, esa de la mercadotecnia, esa de la movida por el éxito de los números y las masas, no ha comprendido que el mensaje de la Cruz no necesita ser suavizado, limitado ni menos aligerado. Es locura para algunos, a los que no comprenden su mensaje y también es salvación para los que creen. Es paradójico desde la concepción de Dios, necesitas perder tu vida para salvarla. Renunciar para conseguir. Perder para ganar. Morir para vivir. Perderlo todo para ganarlo todo. El mensaje es escandaloso, pero nunca nadie que aceptó tal verdad se negó a negarse a sí mismo. El poder de Dios por la Palabra de la cruz es lo que salva a las personas.

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Lo que Pablo dice a los corintios es que el evangelio choca con nuestras emociones, choca contra nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales,[11] y por eso exige una respuesta. Los mártires se decantaron por la cruz de Cristo. La aceptaron en sus vidas, fueron oprobio ante el mundo, no negaron su mensaje y así lo comunicaron. Pablo dijo a Timoteo: pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1Ti 4:1). También le dijo: también debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos… (2Ti 3:1,2a) y puntualizó: porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartaran la verdad del oído y se volverán a las fabulas (2Ti 4:3,4).

Ahora la gran pregunta es: ¿qué decides tú? Aceptas su mensaje o lo rechazas. ¿Será el mensaje de la Cruz locura o salvación para ti?¿Aceptarás la verdad por cruda que sea esta o te irás en pos de aquellos que predican light, y te dicen lo que tu quieres oír y no lo que necesitas saber? Entonces si quieres valorar lo que esta fecha conmemora, reflexiona sobre el mensaje que sigue dando Nuestro Señor Cristo, si quieres ir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. Me despido diciéndote como siempre: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Alfonso Ropero B. Mártires y perseguidores, Pág. 21

[2] José Luis Martín Descalzo, Vida y Ministerio de Jesús de Nazareth, Pág. 678.

[3] Robert H. Stein, Jesús el Mesías: un estudio de la vida de Cristo, Pág. 289.

[4] José Luis Martín Descalso, Pág. 680.

[5] John MacArthur, Difícil de creer, Pág. 40 de la versión e-book.

[6] Martín Descalzo, 679,

[7] Jurgen Moltmann, El Dios crucificado.

[8] Descalzo, Pág. 684.

[9] Alfonso Ropero, Mártires y perseguidores, Pág. 22.

[10] John MacArthur, Difícil de Creer, Pag. 32.

[11] Ibíd. 44.

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