Introducción

La historia de la iglesia esta clara respecto a que: la Reforma Protestante no perseguía la división de la iglesia, buscaba mas bien reformarla. En una definición pura sobre este verbo, diríamos que reformar es: hacer modificaciones en una cosa con el fin de mejorarla. O corregir o enmendarse (una persona o un colectivo) en sus costumbres o sus actitudes. Los antecesores a Lutero, Lutero mismo y los reformadores, buscaban precisamente eso, la modificación de la iglesia de Roma para que esta enmendara sus costumbres, sus actitudes, y sus prácticas. Lutero buscaba que pararan los abusos de las indulgencias, las practicas lascivas, y la malformada concepción de hacer iglesia. Lutero buscó que la iglesia de Roma mejorara, no que se fuera en contra de la Autoridad Bíblica y se dividiera, como dice Alfonso Ropero: ni por sueños le pasó separarse de la iglesia. Sus 95 tesis expusieron su desacuerdo, sin embargo, su empresa no encontró éxito en parte y en tiempo porque luego la iglesia de Roma convocó varios concilios para reordenarse y responder a los reformadores. Pese a que: “al convocar los Concilios de Pisa, Constanza y Basilea, la Iglesia católica romana confesó abiertamente los males que existían en su seno, y la necesidad urgente que había de remediarlos” (Historia general de la iglesia, Alfonso Ropero, Pág. 191) sus cambios no fueron de fondo y tampoco accedió a lo protestado. Mas bien respondió desde su concepción eclesial y continuó bajo los fundamentos de su tradición.

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La Reforma Protestante introdujo una visión distinta de lo que es ser iglesia. Trajo modificaciones, restableció la autoridad de la Biblia, estableció los fundamentos para que todos entendiéramos el Camino, apreciáramos la Verdad y recibiéramos la Vida. La Reforma Protestante trajo un nuevo entender de la Biblia pues con el trabajo de los reformadores tuvimos acceso a ella, lo cual antes estuvo reservado únicamente para algunos clérigos. La Reforma Protestante dejó un antes y un después en la historia. Aquella proclama protestante trajo cambios, grandes cambios, no como fue concebida pero cambios buenos al fin. Bajo estos antecedentes me pregunto:

¿Deberíamos protestar los creyentes hoy día contra algunas malas practicas de la iglesia local? ¿Deberíamos buscar la reforma de la iglesia local cuando hay despotismo en nuestros dirigentes? ¿Deberíamos protestar para reformar nuestras iglesias locales? ¿Podemos buscar reformas en la iglesia local a través de concilios tal como los hubieron en la historia? O ¿debemos permanecer sometidos al error, callar y aceptar todo, aun cuando no estamos de acuerdo, por miedo a levantar nuestras voces y ser excomulgados?¿Es la voz de nuestros pastores infalible tal como la de los pontífices de roma cuando hablan ex cátedra?

Reformar no es dividir

Estoy seguro que si encuestáramos a la iglesia evangélica nacional, sin poner banderas de denominaciones, ni nombres de misiones, la gran mayoría concordaría en el hecho de que la iglesia necesita reformas. ¿Cómo puedo asegurarlo? La evidencia salta por sí sola a la palestra. Sí vemos el numero de iglesias que se han dividido a causa de los desacuerdos que existen entre sus dirigentes entonces veríamos sin forzar la vista, que a la gran mayoría de nuestras iglesias les hacen falta cambios de fondo y no de forma. Que existen muchos desacuerdos.

Porque en la historia de la iglesia en general ha habido personas que piensan diferente pero, o son callados o no se atreven hablar. O cuando hablan lo hacen con hechos, dividiendo a la iglesia local. Lamentablemente la iglesia no debe dividirse, ningún líder debería tomar esa decisión tan nociva y tan dolorosa, pero, sucede precisamente porque las reformas no encuentran lugar dentro de la iglesia local. Ocurre porque los egos se imponen y las razones no encuentran puntos medios. El Dr. David Suazo en una de sus materias nos desafiaba con lo siguiente: si van a formar una iglesia nueva –no una división aclaro–, que sea una diferente. Ya estamos cansados de lo mismo. No hagamos más de lo mismo. Estamos atestados de iglesias que no están haciendo nada para mejorar el que hacer evangélico. Este sería el mensaje preciso para quienes dividen o han dividido sus iglesias. Si van hacer mas de lo mismo, lo mejor sería buscar las reformas para su iglesia local y no herir fuertemente a sus fieles. Enfatizo, que la idea de este articulo no es mover a lideres a que busquen la división de la iglesia, mas bien, a que busquen reformar sus iglesias locales a través de acuerdos. Que busquen ser escuchados. Que traten la manera de acercarse a sus dirigentes para que se propongan cambios en pro de toda la congregación.

Jesús fue enfático en cuanto a no hacer divisiones, Él dijo que una casa o un reino dividido no puede prevalecer (Mt 12:25; Mr 3:25; Lc 11:13, 17), de esa cuenta, una iglesia no prevalecerá si se divide por no encontrar puntos de inflexión. La iglesia debe permanecer unida como lo hizo la iglesia primitiva. Permanecía unánime, en el mismo sentir, buscando la igualdad para todos sus militantes. Nunca se movió por fines egoístas, o por fines ambiciosos. Cuando los perseguían se agrupaban. La iglesia unida prevalecería contra el las puertas del Hades (Mt 16:18). Lo único que dividía a la iglesia fue cuando tuvieron que decidir si Cristo como Señor o el César como señor. Jesús lo dijo, por causa de Él se dividirían las familias (ver Lc 12:52), pero el trasfondo de esto era que debían decidir si lo seguían o lo negaban. No eran divisiones superfluas, eran asuntos de convicciones basadas en Cristo. Entonces entendamos que reformar no es dividir, es mejorar, cambiar, apuntar hacia el mismo fin, el crecimiento y perfeccionamiento de los santos para alcanzar la medida, de la estatura del Varón Perfecto, Cristo.

En el siguiente articulo veremos algunos los puntos álgidos por los cuales merece la pena que la iglesia proteste para reformarla. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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