Introducción

En artículos anteriores hemos visto tres atributos de Cristo que son propios de Dios. Hemos dicho que Jesús es Eterno y a la vez es la fuente de la vida eterna. También dijimos que Jesús es Fiel. Es alguien confiable porque sus promesas son verdaderas y cada una de ellas ha encontrado cumplimiento. Finalmente dijimos que Jesús es Justo. Tanto para perdonar como para alcanzar a las personas indistintamente de su clase económica, raza, lengua, linaje, etc. Jesús es Justo como parte de sus atributos y también su nombre es Justo. Ahora veamos el último de sus atributos que deseamos presentar desde la primera epístola de Juan, su Santidad. La Santidad de Dios es la misma Santidad de Cristo. Ahora por qué es necesario resaltar esta parte del carácter de Cristo, sí debería darse por sentado. El tema es, que aquellos que niegan la Divinidad de Cristo, lo colocan dentro de la posición de criatura que puede pecar. Lo cual es necesario revertir a través de mostrar que Él al igual que Dios, Es Santo. También concluiremos esta serie de artículos demostrando que Jesús es Dios a través de su unión hipostática. Y que Él, Dios y El Espíritu Santo son una persona que testifican de sí mismos.

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Jesús es Santo

El apóstol Juan no reservó ningún tipo de detalle respecto a Cristo en esta epístola. En el capitulo 3 escribió: Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como Él es puro. El apóstol Juan utiliza la palabra agnós para decir que Jesús es puro. Es la misma raíz que hagios, que significa Santo, en tanto que libre de toda mezcla con el mal. Originalmente «lo que despierta temor reverente», se usa en sentido cultual en la LXX (2 Mac. 13:8), aunque también para la disposición interior (Pr. 20:9) y la castidad (4 Mac. 18:7–8). Poco común en el NT, significa «pureza moral» (1 Jn. 3:3; 1 Ti. 5:22; Stg. 3:17), «inocencia» (2 Co. 7:11), y «castidad» (2 Co. 11:2)[1] (énfasis añadido). Observe con atención cada uno de los calificativos que he resaltado a propósito. Principalmente cuando dice que la pureza de Jesús despierta temor reverente. Las personas se sorprendían cuando lo veían. Como vimos en el articulo anterior, tanto Pedro como el centurión reconocieron su pecaminosidad cuando estuvieron frente a la Santidad de Cristo. Jesús está libre de toda mezcla con el mal también.

En Él no hay maldad, ni deseos de hacer lo malo. No hay nada que pueda señalarse acerca de su falta de santidad. En su ministerio terrenal nadie podía acusarlo de nada, fue casto, puro moralmente, de su corazón no salieron palabras que reflejaran un corazón contaminado por envidias, orgullo, o pecado. Recordemos que Jesús rechaza toda la manera de pensar que se oculta detrás de las prescripciones de los rabinos sobre la pureza. El testimonio que Jesús mostró en el tiempo que estuvo en la tierra fue evidentemente impecable, repito y enfatizo en esto, de nada se le pudo acusar, nadie pudo decir nada en contra de su persona. Jesús el hijo de Dios es Santo, Jesús como Dios es Santo.

Dios encarnado en Cristo

Cuando hablamos de Dios encarnado debemos hablar de Unión Hipostática. ¿Qué significa esto? El logos es decir Cristo no se unió con una persona, sino con un naturaleza humana. Cristo es una persona Divino-humana. Las dos naturalezas están unidas en Cristo, sin perder su identidad. No se mezclan ni se confunden. Los atributos de una naturaleza no son atribuidos a la otra, pero los atributos de ambas naturalezas le son atribuidos a la persona. La Biblia no habla de dualidad en la persona de Cristo. Se habla de Cristo en términos que son verdaderos en el caso de ambas naturalezas (Hch 20:28; 1Co 2:8; Col 1:13,14 y Jn 3:13). La unión hipostática permanecerá para siempre.

Juan muestra que Jesús encarnó en un ser humano tanto en el Evangelio que lleva su nombre como en esta epístola que hemos venido estudiando. En Juan 17 dice: tu me enviaste, 30 veces Juan indica la humanidad de Cristo. Jesús en 17:4 muestra que fue encarnado o humanizado para alcanzar un propósito, terminar una obra encomendada. También en el primer capítulo de esta epístola, específicamente en los primeros versículos Juan da testimonio que oyó, que vio y que palpó a Jesús, porque Cristo fue manifestado por parte de Dios. Debo decir que solamente se puede ver y tocar algo que es físico, que tiene materia, Jesús encarnó en materia humana, Jesús se manifestó. Jesús fue tangible a sus discípulos, a las personas, a multitudes, aun después de haber resucitado se presentó con cuerpo glorificado pero de forma material.

Estuvo entre la humanidad y Juan es testigo de que él lo pudo ver. Juan vio también que Jesús ascendió a los cielos, fue un testigo ocular de tal evento y no únicamente eso sino ahora transmite la promesa hecha por Jesús. Jesús volverá. En 2:28 Juan refiere a esa venida de Jesús donde nuevamente se manifestará Su pueblo. Por ello Juan exhorta a llevar una vida de santidad para que con tal evento no seamos apartados y avergonzados por no haber permanecido en Él. Jesús nuevamente ha de manifestarse, Jesús nuevamente ha de venir a la tierra. Y cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es, Jesús vendrá y nos transformará, nos cambiará el cuerpo de muerte y seremos glorificados.

Como vemos, Jesús es Dios, la naturaleza de Cristo como se ha mencionado es cuestionada por algunos grupos. Es lamentable que con tanta evidencia interna en una carta, todo ese escepticismo quede finalizado. La Escritura nos revela el misterio a través de la persona de Cristo porque Dios así le ha placido hacer. En 4:9 dice: Dios envió a su hijo unigénito, Jesús proviene de Dios, no es creado porque Él es eterno. En 5:7 dice que Jesús es igual al Padre y al Espíritu Santo, que Jesús pertenece a la trinidad: ellos dan testimonio en el cielo y los tres son uno. Acá no queda lugar a dudas que Cristo es Dios, es Espíritu Santo, y es eterno. Entonces, una persona que no acepta estos argumentos, perecerá en su ignorancia o insistencia a no aceptar la verdad de Cristo como Dios. Como dice en 1Juan 3:23 todo el que niega al Hijo no tiene al Padre, el que reconoce al Hijo tiene también al Padre.

Aplicación:

Aplicando esto debemos citar las palabras del apóstol Pedro cuando dice: sed santos en toda vuestra manera de vivir porque Dios es Santo. ¿De qué forma? Como dice en 2:6: el que permanece en Él, debe andar como Él anduvo. En Santidad, el testimonio de cada creyente debe ser como el de su Creador, debe ser como el de su Salvador. El mandato es a vivir una vida de santidad. Porque Dios es Santo. Jesús es la luz, y por tanto si se permanece en Él debe andar en luz como Jesús, 2:9. La luz es únicamente una metáfora que emplea el apóstol Juan, para hacer el contraste entre la vida de luz y la vida de tinieblas, entre la vida de santidad y la vida de pecado que llevan los que no son hijos de Dios. Pero sobre todo como dice en 3:3, los que esperan en Jesús se purifican porque Jesús es puro, Jesús es limpio, santo, no hay en Él ninguna contaminación.

[1] Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento. Pág. 22.

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