Introducción

 En el artículo anterior vimos el primer atributo de Jesucristo a partir de lo descrito por el apóstol Juan en su primera epístola. Vimos que Jesús al igual que Dios es Fiel. Su fidelidad es sinónimo de veracidad. Jesús es alguien veraz. Jesús de la misma manera que Dios no mienten, ni engañan. La confianza que depositamos en Dios Padre puede ser depositada de igual forma con Dios Hijo. Jesús es inmutable en sus propósitos de la misma manera que el Padre. Además de ello, ya que Jesús es Dios, también puede perdonar pecados como el Padre. Dicho sea de paso esta fue una de las razones por las cuales Jesús fue rechazado por las autoridades religiosas de su tiempo. Cuando Jesús sanaba y perdonaba pecados (Cp. Mc 2:5; Lc 7:48) las autoridades veían esto como un acto sacrílego. Consideraban que Jesús blasfemaba al perdonar pecados porque sabía que tal cosa solo el Padre podía hacerla. Sin embargo su Deidad le permitía hacerlo. Jesús es fiel para perdonar pecados dice el apóstol Juan (1Jn 1:9), y también es fiel para cumplir sus promesas (1Jn 5:14-15). En este articulo veremos otro atributo más de Cristo, Su Justicia. Este atributo revela la misma naturaleza que posee la primera persona de la Trinidad.

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Jesús es justo

 La Justicia de Cristo al igual que Su Fidelidad se develan en el vs 9 del capitulo 1. Jesús es tanto Fiel como Justo para perdonar y limpiar todos los pecados de aquellos que los confiesan a Él. Es precisamente esa es la condicional, confesar los pecados, el pasaje dice: si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. La justicia de Dios y la justicia de Cristo, se muestran bajo la humillación de todo ser humano que se arrepiente. El arrepentimiento proviene del vocablo metanoia y significa cambiar de manera de pensar, cambiar de actitud, cambiar de forma de vivir. Ese arrepentimiento llega en el momento que una persona reconoce que su vida es un completo fracaso. Cuando se da cuenta que no tiene paz, que la clase de vida que ha llevado es inútil, infructuosa, sin sentido.

Ahora, esto no sucede por casualidad o error. Para reconocer nuestra pecaminosidad hace falta encontrarse con Jesús. Jesús expone nuestra naturaleza pecadora. Te doy unos ejemplos: cuando Pedro se encontró con Jesús quedó expuesta su pecaminosidad. Él reconoció que Jesús era alguien sobre natural. En el relato de Lucas 5 dice que Pedro y otros hombres habían intentado pescar toda la noche, Jesús apareció en su barca, e intentaron pescar justo en el lugar que Jesús indicó, las redes casi no soportaban la enorme cantidad de peces que habían pescado por obedecer a Cristo. Ese milagro sorprendió tanto a Pedro que no tuvo mas opción que rendirse a sus pies. Dice Lucas 5:8 viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Él supo que Jesús era alguien distinto. Alguien que poseía cualidades completamente sobrenaturales. La sola presencia de Cristo hizo que Pedro entendiera que él era un pecador.

Un ejemplo más: cuando Jesús llegó a Capernaúm se encontró con un oficial del ejercito romano, si, leíste bien, un oficial del ejercito romano, no cualquier oficial, él era un centurión. Alguien que tenía a cargo a un centenar de soldados. Este hombre delante de Jesús se humilló y le rogó que sanase a uno de sus criados. Cuando Jesús le dijo: yo iré y le sanaré (Mt 8:7), aquel hombre quedó expuesto al igual que Pedro. Señor, –dijo el centurión– no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Puedes verlo, ese oficial romano, con tanto poder, pudo haber obligado a Jesús, pero no fue así. Él reconoció que era indigno, es decir que no merecía que Jesús fuera con Él. El centurión comprendía que su pecaminosidad lo apartaba de Jesús. El encuentro con Cristo expuso el pecado del centurión y esto lo llevó al arrepentimiento.

Ambos fueron evidentemente pecadores confesos. Reconocieron a Cristo. Pedro y el centurión poseían orígenes distintos, uno era judío el otro romano. Además estaban en posiciones económicas distintas, uno era pescador y el otro era un oficial romano. Sin embargo ambos reconocieron su pecaminosidad delante de Jesús. Ambos indistintamente de su origen y clase fueron descubiertos por el Hijo de Dios. ¡Oh que gran bendición! El perdón de Cristo puede alcanzar a todo ser humano que confiesa delante de Él que es pecador y que se arrepiente de todo cuanto ha hecho. Jesús es Justo, y no hace acepción de personas. No diferencia entre origen y posición, su justicia es movida por la necesidad del pecador que se arrepiente. Confesarse indigno es reconocerse pecador.

Juan utilizó la palabra jómologeo para decir que aquellos que confiesan o admiten abiertamente sus faltas pueden ser perdonados. Este mismo vocablo es la raíz de homólogo, que significa: “semejante a otra cosa por tener en común con ella características referidas a su naturaleza, función o clase”. Cuando alguien confiesa sus pecados, esta diciendo que reconoce que su naturaleza es contraria a la naturaleza de Dios. Cuando un ser humano comprende que no puede perdonarse así mismo y reconoce que toda su vida le ha fallado a Dios y se humilla y pide perdón, es perdonado. Aunque el pasaje no habla de humillación en sí misma, se requiere vencer todo orgullo, toda vanidad para reconocer que existe pecado. Solamente de esa manera puede hallar reconciliación con Dios. Jesús es justo porque perdona a cualquier ser humano que se humilla y confiesa sus pecados. No importa clase, posición, origen, color, raza, nada, solo basta confesarse pecador.

Concluyo diciendo que Jesús es justo pero también su nombre es Justo Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; –dice el apóstol Juan– y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo (1Jn 2:1), Jesús es justo para perdonar los pecados de quienes se arrepienten y también es un abogado justo que intercede por los Hijos de Dios cuando estos han fallado. Él juzga con justicia porque es Justo. Isa 9:7 dice: lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Entonces, si Dios es Justo y Cristo es Dios, Cristo es Justo porque es parte de su esencia, negar tal cosa es simplemente no reconocer la evidencia que el mismo texto expone acerca de Jesucristo. Me despido diciéndote como siempre: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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