No recuerdo cuantas veces escuché a mis profesores del seminario decir: “el texto fuera de contexto, es puro pretexto”, tanto me lo dijeron que ahora, fuera de las aulas de clase, me resulta imposible estudiar los pasajes bíblicos de forma aislada. Es más, cada que escucho a cualquier predicador ya sea en televisión, en la radio o en alguna iglesia, inmediatamente esa frase viene a mi mente. Conocer el contexto me sirve para comprender lo que escucho, para reflexionar en ello también y comprobar si lo que escucho proviene de Dios (1Jn 4:1).

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Ya sea el contexto inmediato anterior o el inmediato posterior deben ser cuidadosamente estudiados. De la misma forma el contexto remoto y paralelo merecen igual atención. “El ministro debe relacionar todo pasaje particular de las Escrituras –dice Haddon Robinson– con el libro del que forma parte”. Cuando los pasajes se enmarcan dentro del contexto, existen mas posibilidades para que el predicador, comprenda y exponga con fidelidad los pasajes bíblicos. Para la audiencia también habrá un buen numero de posibilidades que esa Palabra afecte sus vidas.

No puede ningún predicador extraer pasajes a su antojo, o al azar, porque “la Biblia es ‘un libro’, –dice Stephen F. Olford– de modo que debemos asegurarnos de entender ‘todo’ el contexto, incluyendo el A.T. y el N.T., según lo demande el texto”. Es casi como si un relojero decidiera quitar algunos engranajes a la maquinaria de un bello reloj suizo. Resultaría imposible que tal reloj funcionara. Tampoco se vale que un predicador sitúe sus sermones en lo que el texto no dice o que lo force a decir lo que él quiere que diga. “Algunos predicadores usan la Biblia de la manera que un borracho usa un poste de luz –dice David Helm– más para apoyarse en él que para iluminarse y para darle luz a otros”. Uno de los peligros que existen de no observar detenidamente el contexto bíblico e histórico de los pasajes es que se puede caer en errores doctrinales, y aun peor, podría un predicador estar exponiendo sermones que aparentemente son “sana doctrina” pero en realidad son herejías disfrazadas. John MacArthur lo dice así: “lo que un predicador declara que un pasaje dice puede ser muy diferente de lo que realmente indica” si no observa con atención el contexto bíblico.

Por lo tanto, un expositor fiel a la Escritura, y temeroso de Dios, debe ser consciente al realizar la labor exegética antes de predicar. No puede darse el lujo de ignorar la linea de tiempo que existe entre el ayer bíblico y el día de hoy. Tampoco puede ignorar la diferencia de cultura oriental con la occidental. Su responsabilidad lo obliga a ser honorable con el estudio bíblico. Porque exponer la Biblia dentro de su contexto es exponer vetas de oro bíblico y hasta abrir vetas mayores. Es decir lo que el escritor inspirado quiso que todos supiéramos. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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