Jesús exige una respuesta… El joven rico

«Jesús lo miró con amor y añadió: —Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el hombre se desanimó y se fue triste porque tenía muchas riquezas.»
‭‭Marcos‬ ‭10:21-22‬ ‭NVI‬‬

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El mensaje sigue siendo el mismo: “una cosa te hace falta… Despójate y sígueme” la respuesta que seguimos escuchando también es la misma: “NO puedo. No soy capaz de dejar TODO o ESO que es el tesoro de mi Corazón. No estoy preparado”. Aún muchos prefieren irse desanimados porque lo que Jesus pide dejar les resulta demasiado. Todavía se puede ver a quienes dicen NO ESTOY LISTO y prefieren continuar haciéndose tesoros en la tierra. Aún vemos a quienes piensan que sus tesoros terrenales son más valiosos que los tesoros celestiales.

Qué fácil sería seguir a Jesús si no se tuviera que renunciar a este mundo. Si no hubiera que dejar lo que estorba nuestro andar con Él. Hay todavía quien cree que puede andar bajo los placeres del mundo y seguir a Jesús. Hay quien cree todavía que el Evangelio es vivir bajo los estándares del mundo y bajo la ética del Reino de Dios. Hay quien piensa que puede llamarse “cristiano” y vivir como el mundo dicta.

Por eso es triste ver a esos comerciantes de la fe que venden un “evangelio light”. Esos quienes le venden a las personas ese “evangelio” de lo fácil, de lo todo está bien, ese “evangelio” que no exige ni despojo ni arrepentimiento. Están ofreciendo un falso evangelio. Están vendiendo un reino que no es para nada el Reino de Dios. Un Reino que no se compra sino que se recibe por Fe en Cristo. Ese Reino en el que ni se paga indulgencia para perdón de pecados ni se exige obras para entrar en Él. Ese Reino al que se entra por la puerta estrecha, ese por el que se pierde para ganar, ese por el que se llora para recibir, ese por el que ser ultimo te hace ser el Primero. Ese Reino que pide a los que anhelan ser grandes, hacerse los más pequeños. Ese por el que los perseguidos por causa de Cristo los llama bienaventurados.

Cristo nunca ocultó que por este Evangelio habría persecución, angustia, dolor, o tristezas, o muerte. No lo hizo. Jamás le garantizó a quien le dijo “sígueme” que no sufriría. Al contrario dijo: en el mundo tendréis aflicción pero confiad que Yo he vencido al mundo. Por ello otro mensaje que no anticipe eso, no tendríamos la certeza de reconocerlo como de parte de Dios.

Por ello digo: Cristo siempre exige una respuesta o me sigues bajo mis estándares o te apartas con tu riqueza y tu desánimo. Te enamoras del Reino y vendes todo lo que posees o sigues considerando más valioso el tesoro que has acumulado en la tierra.

Cristo siempre exige una respuesta ¿cuál será la tuya?

¿Debe la iglesia local del siglo XXI ser reformada? (conclusión)

En el articulo anterior vimos que en tiempo de los reformadores, se buscó reformar a la iglesia de Roma por causa de los abusos de las indulgencias, las practicas lascivas y la malformada concepción que tenían de hacer iglesia. Vimos que los reformadores buscaban devolverle la Autoridad a las Escrituras así como también buscaban que la iglesia reconsiderara el tema soteriológico. El cual una persona no alcanzaba su salvación mas que por fe en Jesucristo. Explicamos que reformar de ninguna manera se  debe entender como divisionismo en la iglesia. Que Jesús mismo estuvo en completo desacuerdo con tal idea. En este articulo respondemos a las preguntas: ¿cuando y cómo deberíamos protestar para reformar? Y veremos por qué un pastor o un líder debe preocuparse si es negligente con su ministerio.

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¿Cuándo y cómo deberíamos protestar para reformar?

Protestar para hacer reformas en la iglesia local no es hablar sobre temas simples. No es protestar para que hagan cambios en el color de la fachada del templo, o para que se mejoren las sillas, o que cambien el piso, o que se quite la alfombra del escenario principal a cada dos años. En definitiva no es el sentir de este articulo. Las protestas sí deberían suscitarse o producirse cuando vemos que están ocurriendo practicas que contradicen la Autoridad Bíblica. Por ejemplo cuando existan abusos en temas de ofrendas. Cuando los fines de la iglesia sean mas materialistas que espirituales. Me explico: hoy día vemos que la “doctrina” de la prosperidad esta muy en boga de todos. Incluso las misiones mas tradicionales de nuestro país han caído en la tentación de darle esa clase de giro a sus congregaciones. Se han enfocado más en asuntos económicos que predicar un Evangelio centrado en Cristo. En el arrepentimiento, y en la búsqueda del crecimiento del Reino de Dios en la tierra.

Otro asunto importante por lo que deberíamos protestar es cuando la iglesia ha caído en errores doctrinales. No es difícil repetir lo que oímos en bocas de algunos ‘pastores top show’ que tenemos hoy en día. Dicen algo, se vuelve viral, y de inmediato y sin analizar lo repetimos en nuestras denominaciones. La iglesia siempre jugó un papel analítico, de hecho fue lo que motivó a los grandes pensadores teológicos a rebatir las herejías que se levantaron. Los errores doctrinales atentan contra la vida de la iglesia. Cuando estas malas practicas se introducen se debe levantar la voz y protestar. La Sana Doctrina dentro de la iglesia siempre debe ser un fin. Debe ser un fundamento para sostenerse como iglesia. Por ende siempre se debe ser celoso para presentar apología contra el error. No es malo rebatir el error. De echo Cristo fue quien todo el tiempo protestó en contra de las aberraciones doctrinales de los religiosos de su época. No calló, no tuvo miedo a que lo expulsaran o mataran. Jesús no calló porque en juego estaba la vida espiritual de quienes escuchaban y observaban a aquellos grandes maestros. Pedro nos invita a: estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en nosotros (1Pe 3:15b). Por ello dije anteriormente que no coincido con la división de la iglesia, porque Pedro dice haced defensa del Evangelio con mansedumbre y reverencia. No buscamos el pleito, la confrontación, la ira o la imposición, buscamos mejorar, reformar la iglesia local.

También deberíamos levantar nuestra voz cuando nuestros dirigentes han dejado de hacer lo que Dios les ha pedido que hagan. En funciones pastorales por ejemplo, si el encargado de alimentarnos, cuidarnos, velar por nosotros, guiarnos, dirigirnos, administrarnos y enseñarnos ha dejado de cumplir con su papel, es necesario protestar. Quiero que imaginemos este punto con una ilustración muy infantil o chusca si queremos verla así:

Cierto día, un rebaño de 30 ovejas se reunió para discutir ciertos puntos que les competía. Luego de iniciada la sesión –extraordinaria y urgente por cierto– una oveja levantó una pata y dijo: en el ultimo semestre no he podido engordar una sola libra, hace buen tiempo que el pastor Juan no me alimenta como habitualmente lo hacía. A esta moción todas las ovejas la secundan. Era un mal generalizado. Otra dijo: a mí, el pastor Juan a sabiendas que me lastimé una pata, ni me ha visitado y menos ha tratado de recuperarme. Otras 10 ovejas presentaron mociones similares. Finalmente otra oveja dijo: hace un tiempo me fui del redil, quise saber cuan importante era para el pastor Juan. Estuve ausente por tres meses, estando fuera entendí que, como sea estaría mas segura en el redil que fuera de él. Así que decidí regresar y aquí estoy. Pero lo que intento decir es que prácticamente el pastor Juan no se percató ni que me fui, ni que volví. Lo cual me hace ver que no le importo tanto como esperaría.

Ese es mi punto, que la congregación debería reunirse para hablar de los problemas que les aquejan en busca de soluciones. No de divisiones. Debería presentar una serie de denuncias que hagan despertar a nuestros lideres. Buscamos mejorar, cambiar, superarnos, no herir a nadie. En un trabajo secular cuando no trabajas bien, cuando estas faltando a tus atribuciones por las cuales has sido contratado, pueden llamarte la atención una o dos veces, y luego despedirte si no cambias. O cambias o te vas. En el pastorado quizás debería concebirse de la misma forma. Si eres pastor y no estas a gusto, si algo te ocurre, pues exprésalo a tus mas allegados y busca soluciones. Antes de dañara a la iglesia busca como mostrarte necesitado de ayuda. Los pastores están llamados a pastorear.

Y el concepto es amplio. Como vimos deben velar por sus ovejas, cuidarlas, guiarlas, alimentarlas, protegerlas, enseñarles, etc. Ese es el llamado. No hacerlo así es ser un pastor asalariado. Es ocupar un puesto cuyo fin no es velar por sus ovejas ni dar su vida por ellas. Al contrario ocupar ese puesto sin fungir es proyectarse como alguien a quien solo le interesa el nombre, la fama y el dinero. Aclaro que no es destruir a un pastor, o un líder o acabar con su ministerio sino que haya un despertar en él para que haga la obra que Dios le ha encomendado. Cuando un pastor no hace su trabajo acarrea problemas serios, no solamente para sí mismo sino también para su iglesia. Leí un articulo del Master´s Seminary que hablaba sobre la negligencia en el campo de la medicina. Hablaba sobre la enorme suma que se había pagado a los familiares para resarcirlos de aquellos médicos que habían realizado una mala praxis. Comparaba a los lideres de nuestras iglesias con estos médicos. Decía que consecuencias mas serias acarrea para una persona sufrir espiritualmente por mala praxis en la iglesia. El pastor es responsable de su congregación. Te lo explico de nuevo con una ilustración muy simple:

Imagina un piloto de bus, en el momento que inicia su ruta de transporte en un día normal, empieza a beber licor. Cada que avanza en su ruta, mas personas van abordando y corriendo peligro a causa de su embriaguez. A mayor numero dentro del bus, mayor numero de responsabilidad que lleva consigo aquel piloto. Suponiendo que se accidentara, y en el momento del accidente solo fueran dos pasajeros, si él sobrevive deberá responder ante las autoridades por esos dos pasajeros. Pero si llevara 100 y los 100 murieran salvándose solo él, debería responder por esos 100. A mayor numero mas responsabilidad.

De igual manera un pastor es responsable por toda su congregación. La iglesia corre muchos riesgos si un pastor descuida su ministerio. La iglesia debe crecer tanto cualitativamente como cuantitativamente. Hoy los líderes se preocupan mas por lo segundo. El número de congregantes, mas no la calidad de ellos. Por eso vemos que la iglesia evangélica no se hace sentir dentro de la sociedad, porque los congregantes no viven vidas piadosas, temerosas de Dios, no son luz entre los hombres. Y la mayor parte de esa responsabilidad esta en la visión pastoral. Tengo que decir que: ciertamente la iglesia también es responsable de sus actos y como dice el autor de la epístola a los Hebreos debe de acordarse de sus pastores, y debe imitar su fe cuando haya considerado bueno el resultado de su conducta (paráfrasis de He 13:7). Además dice en esta epístola que la iglesia debe obedecer y sujetarse a sus pastores, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuentas (He 13:17a). La labor es conjunta, pero señalo que los pastores deberán de dar cuentas a Dios por la vida de sus ovejas. Por ello es necesario que cuando haya diferencias, inconvenientes, cuando se haya dejado de hacer lo que han sido llamados a hacer, no esta mal expresarlo. Repitiendo, siempre con respeto, y con humildad porque la idea no es dividir sino mejorar.

En conclusión, la iglesia debería buscar reformarse siempre. No podemos estar conformes. Siempre deberíamos anhelar mejorar para realizar con excelencia la obra de Cristo. Deberíamos ser mejores cada día para que el Evangelio sin mácula caiga siempre en buena tierra. Deberíamos renovar nuestra manera de pensar y conservarnos como odres nuevos que reciban siempre el vino nuevo. Cristo dice que el hizo todas las cosas nuevas, y la iglesia siempre puede estar buscando amarse, respetarse y edificarse para presentar no algo nuevo, sino lo que siempre ha sido novedoso ante las sociedades que se manejan de forma distinta a la iglesia. Así que, procuremos siempre mantenernos como una iglesia sin mancha ni arruga, que aguarda expectante la venida de Su Salvador, Jesucristo.

Espero este articulo haya sido de bendición para tu vida, me despido como siempre, diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

EL MENSAJE DE LA CRUZ: VERGÜENZA O SALVACION

Introducción

En plena “Semana Santa” como es conocida esta fecha, el mundo cristiano se manifiesta de acuerdo a sus creencias. Una gran parte de ese mundo cristiano, el tradicional, como todos los años, expresa su fe a través del sacrificio, la representación procesional, los alimentos típicos de la época, su folklore y sobre todo, con el cumplimiento doloso de obras penitentes para redimirse delante de Dios de todas sus culpas. La otra parte del mundo cristiano, se muestra impávido ante la fecha. Pocos son los que expresan de alguna forma lo que para ellos representa la semana de la Pasión de Cristo. De ahí en mas, la gran mayoría ni siquiera observa con reflexión lo que representa para su fe, los hechos que ocurrieron hace mas de dos mil años.

La Pascua Judía

La fiesta de la Pascua judía era una fiesta que hacía recordar a los judíos el día en que Dios tuvo misericordia de ellos y los sacó de Egipto. Representa la obra portentosa de Dios sobre una nación que sufrió esclavitud, crueldad y amargura. Era por tanto, menester de los padres contar a sus hijos todo lo que Dios había hecho por ellos. Las diez plagas, la protección en el desierto, la desobediencia del pueblo, el establecimiento de la Ley Moral, y Ceremonial de Dios, la conquista de los pueblos, etc., eran muchas de las historias que se narraban en el seno de los hogares, para recordar cuán bondadoso es Dios y cuán grande es Su Misericordia a favor de los que a Él le place favorecer.

Sin embargo en el contexto de nuestro tiempo, ni se recuerda en la familia, ni se reflexiona en los círculos eclesiales. De alguna manera no fomentamos ni la observación, ni la reflexión sobre los hechos que fundamentan nuestra fe. Olvidamos o no repensamos el sacrificio de Cristo en la Cruz a la luz de lo que significa para nuestra fe. Alfonso Ropero escribió:

“El cristianismo nació al pie de una cruz, de la sangre y del agua que manaban del costado de Cristo, y creció y se extendió bajo la sombra de esa cruz y de esa agua. De esa muerte y de esa vida. De esa muerte que es vida y de esa vida que es muerte. Ni en los tiempos de calma está la Iglesia libre de tormentas”.[1]

Entonces es significativo para nosotros preguntarnos ¿Cuál es el mensaje que percibimos hoy desde la Cruz? ¿Es vergüenza o es salvación? ¿Lo comprendemos tal como lo comprendían los primeros cristianos? O ¿Está tan secularizada la Cruz que ya no es motivo de reflexión para el pueblo evangélico y el mundo en general? ¿Representa la Cruz lo mismo que simbolizó en el presente de Cristo? ¿Sigue retándonos a renunciar a todo, incluso a nosotros mismos, con tal de ganar a Cristo? ¿Cómo deberíamos proclamar su mensaje a un mundo que ya no se escandaliza con la Cruz? Empecemos por conocer el trasfondo histórico de la cruz.

La Cruz en la historia

El primer lugar a donde debemos dirigirnos para comprender el mensaje de la Cruz es a la historia. Necesitamos saber, como ha sido concebida la cruz desde el principio de este movimiento que ha trastornado al mundo entero. Todos los humanismos han chocado con la cruz –dice José Luis Martín Descalzo– para los romanos, una “religión de la cruz” era algo antiestético, indigno, perverso.[2] Entre los judíos, esta forma de ejecución se consideraba especialmente abominable por las palabras de Dt 21:3: el colgado es maldito de Dios. “La cruz tiene todo lo que un torturador perverso y sádico podría pedirle a una forma de ejecución”.[3] Cicerón, el poeta romano se refirió a ella como “la mas cruel y abominable de las torturas” y dijo que “la propia ‘cruz’ debería estar lejos, no solo del cuerpo de cualquier ciudadano romano, sino también de sus pensamientos, sus ojos y sus oídos (Pro Rabirio perduellionis 5.16). Jesús el crucificado, era tan repugnante que se consideraba un atentado contra las buenas costumbres hablar sobre el tema. Una imagen antigua que unos niños para ridiculizar a uno de sus compañeros que profesaba ser cristiano: describe a un crucificado con cabeza de burro y tiene una inscripción que reza: Alexámeno adora a su Dios. Bien hace Martín Descalzo al decir que: “la cruz no figuraba por aquel entonces en tronos ni coronas. No era signo de triunfo en las batallas o en las iglesias. Connotaba, por el contrario, escarnio, vergüenza, irrisión”.[4] Aun los gentiles veían a todo crucificado con el mas completo desdén –dice John MacArthur– y era una escena tan obscena que en la sociedad no era correcto hablar de la crucifixión. La cruz era símbolo de vergüenza y sufrimiento.[5]

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La Cruz del sufrimiento

Morir crucificado hemos dicho que era un insulto degradante, y la idea de adorar a un individuo que había muerto crucificado era absolutamente inimaginable. De esa cuenta es que hoy no valoramos el mensaje de la Cruz. Ya no vemos a nadie morir crucificado, y a causa de ello no nos impactamos como en aquel entonces. Hoy día cualquiera se cuelga una cruz, la besa, hace una señal como símbolo protector, la pone encima de su cabecera, pero de ninguna manera comprende que esa Cruz representa el amor sufriente de Cristo por quienes se dedicaron a despreciarlo. Con el paso de los siglos, hemos aprendido a evitar el escándalo de la cruz con lo mas hábil de las técnicas: acostumbrándonos a ella o convirtiéndola en signo de triunfo o sentimentalismo –apunta Descalzo–. La hemos colocado en lo alto de tronos y coronas, en las torres de templos, en los escotes de las señoras. La hemos bañado en oro y adornado de orfebrería.[6] No le hemos dado el verdadero sentido que tuvo en tiempos primitivos.

Por eso al principio dije, la iglesia no esta reflexionando en los fundamentos de su fe. No observa con atención la razón de lo que cree. No alcanza a comprender la dimensión de lo que representa esta fecha. Pedro intentó reprender a Cristo cuando les dijo que habría de padecer en una cruz (Mc 8:32). Tres veces anunció su padecimiento voluntario en manos de los sacerdotes y escribas y que al tercer día resucitaría (Mc 8:31; 9:30,32; 10:32,34). No hubo mas que silencio a sus palabras, los discípulos no comprendían sus palabras y tampoco se atrevían ha preguntarle. Moltmann escribió: “Hasta los discípulos de Jesús huyeron todos de la cruz de su Maestro. Los cristianos que no experimentan la sensación de tener que huir de este Crucificado, es que no han comprendido todavía con suficiente radicalidad”.[7]

La Cruz tiene un significado en la cual solo los cristianos pueden hablar de ella de un modo positivo, y ello solo por la redención que Jesús consiguió a través de ella. Deberíamos hablar de la Cruz, con tal actitud que al hacerlo nuestros cuerpos se estremecieran. La Cruz representó para Cristo el punto donde se consumaría la obra superlativa de amor del Padre. Martín Descalzo cita al padre De Lubac dice:

Cristo no vino para realizar la obra de la encarnación. La Palabra se hizo carne para llevar a cabo la obra de la redención. El misterio de Cristo también es nuestro misterio. Lo que ocurrió en la Cabeza debe también suceder en los miembros: encarnación, muerte y resurrección, es decir: arraigo, desarraigo y transformación. Una vida no es auténticamente cristiana sino contiene este triple riesgo.[8]

En palabras de la Biblia, diríamos algo semejante a los que apuntaba Lubac:

Si el mundo os aborrece, sabed que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo los aborrece. (Jn 15:18,19). También dijo Jesús a sus discípulos: Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsaran de las sinagogas, y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí (Jn 16:1,3).

El sufrimiento esta reservado para los cristianos que portan pese a su oprobio la Cruz de Cristo. Jesús no ocultó tal cosa, fue explicito al padecer la crucifixión: Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lc 23:31). Es verdad se puede hablar en sentido favorable por lo que Cristo hizo pero no excluye de ninguna forma el sufrimiento que representa aquel a quien por cierto ni si quiera muchos alzaron la vista para verlo. Dios mismo muestra sufrimiento en la Cruz. La Cruz muestra al Dios que se hizo humano y al Dios que sufre por la muerte de Su Hijo. En Jesús Dios es también crucificado y muere. [9] El sufrimiento, la vergüenza, el dolor y el repudio de la cruz por tanto merece una respuesta de aquellos a quienes se les predica su mensaje.

La cruz merece una respuesta: salvación o locura

El apóstol Pablo se presentó delante de la iglesia de Corinto con un mensaje que no fue recibido con mucho entusiasmo. Mas bien fue un mensaje que obligaba a responder a favor o en contra. Fue despectivo, vergonzoso y blanco fácil para el rechazo. En 1Co 1:18 Pablo escribió: Porque la Palabra de la Cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Dos grupos se distinguen como los receptores de este mensaje, los que se salvan y los que se pierden. Esto exige una respuesta para quienes oyen, perderse o salvarse. Pablo no se guardó nada de su mensaje pese a que este no era en ninguna forma nada atractivo como se ha dicho. Predicó bajo el poder del Espíritu Santo, no con sabiduría humana sino con poder de Dios. Con temor y temblor anunció el testimonio de Dios, no fue por excelencia de palabras y tampoco se propuso cosa alguna mas que conocer a Jesucristo y a este crucificado. No buscó suavizar el mensaje, no buscó una forma menos hiriente y tampoco buscó una forma que lo hiciera popular o light. No se vio obligado a forzar a nadie persuadiéndolo a través de palabras vacías. Al contrario como John Macarthur ha dicho: “la verdad sin barniz, sin tergiversación, ni modificación, inevitable, es que el Evangelio es en verdad difícil de creer. Es mas, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible”.[10]

Bien dice Martín Descalzo:

“la gran tentación de los cristianos es ésta: como el mundo moderno no digiere la cruz, hagámosle un Cristo “ad usum delphinis”; suavicémoslo, ofrezcámosle un Jesús al que pueda entender, tal vez acepte un Cristo despojado de sangre y de todo elemento sobre natural; démosle un Maestro que les sea “útil” para mejorar la superficie de este mundo, aunque tengamos que arrancarle lo que le caracteriza; sirvamos una fe digerible; hagamos como el profesor que ofrece como solución a los problemas no la que sabe que es la correcta, sino aquella que sus alumnos desean y esperan; adaptémonos a la mentalidad de los hombre de hoy, aunque, al hacerlo, dejemos de darles el oxigeno que precisamente ellos necesitan.

La iglesia post-moderna, esa del consumismo, esa de la mercadotecnia, esa de la movida por el éxito de los números y las masas, no ha comprendido que el mensaje de la Cruz no necesita ser suavizado, limitado ni menos aligerado. Es locura para algunos, a los que no comprenden su mensaje y también es salvación para los que creen. Es paradójico desde la concepción de Dios, necesitas perder tu vida para salvarla. Renunciar para conseguir. Perder para ganar. Morir para vivir. Perderlo todo para ganarlo todo. El mensaje es escandaloso, pero nunca nadie que aceptó tal verdad se negó a negarse a sí mismo. El poder de Dios por la Palabra de la cruz es lo que salva a las personas.

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Lo que Pablo dice a los corintios es que el evangelio choca con nuestras emociones, choca contra nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales,[11] y por eso exige una respuesta. Los mártires se decantaron por la cruz de Cristo. La aceptaron en sus vidas, fueron oprobio ante el mundo, no negaron su mensaje y así lo comunicaron. Pablo dijo a Timoteo: pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1Ti 4:1). También le dijo: también debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos… (2Ti 3:1,2a) y puntualizó: porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartaran la verdad del oído y se volverán a las fabulas (2Ti 4:3,4).

Ahora la gran pregunta es: ¿qué decides tú? Aceptas su mensaje o lo rechazas. ¿Será el mensaje de la Cruz locura o salvación para ti?¿Aceptarás la verdad por cruda que sea esta o te irás en pos de aquellos que predican light, y te dicen lo que tu quieres oír y no lo que necesitas saber? Entonces si quieres valorar lo que esta fecha conmemora, reflexiona sobre el mensaje que sigue dando Nuestro Señor Cristo, si quieres ir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. Me despido diciéndote como siempre: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Alfonso Ropero B. Mártires y perseguidores, Pág. 21

[2] José Luis Martín Descalzo, Vida y Ministerio de Jesús de Nazareth, Pág. 678.

[3] Robert H. Stein, Jesús el Mesías: un estudio de la vida de Cristo, Pág. 289.

[4] José Luis Martín Descalso, Pág. 680.

[5] John MacArthur, Difícil de creer, Pág. 40 de la versión e-book.

[6] Martín Descalzo, 679,

[7] Jurgen Moltmann, El Dios crucificado.

[8] Descalzo, Pág. 684.

[9] Alfonso Ropero, Mártires y perseguidores, Pág. 22.

[10] John MacArthur, Difícil de Creer, Pag. 32.

[11] Ibíd. 44.

¿Debe la iglesia local del siglo XXI ser reformada? (1era Parte)

Introducción

La historia de la iglesia esta clara respecto a que: la Reforma Protestante no perseguía la división de la iglesia, buscaba mas bien reformarla. En una definición pura sobre este verbo, diríamos que reformar es: hacer modificaciones en una cosa con el fin de mejorarla. O corregir o enmendarse (una persona o un colectivo) en sus costumbres o sus actitudes. Los antecesores a Lutero, Lutero mismo y los reformadores, buscaban precisamente eso, la modificación de la iglesia de Roma para que esta enmendara sus costumbres, sus actitudes, y sus prácticas. Lutero buscaba que pararan los abusos de las indulgencias, las practicas lascivas, y la malformada concepción de hacer iglesia. Lutero buscó que la iglesia de Roma mejorara, no que se fuera en contra de la Autoridad Bíblica y se dividiera, como dice Alfonso Ropero: ni por sueños le pasó separarse de la iglesia. Sus 95 tesis expusieron su desacuerdo, sin embargo, su empresa no encontró éxito en parte y en tiempo porque luego la iglesia de Roma convocó varios concilios para reordenarse y responder a los reformadores. Pese a que: “al convocar los Concilios de Pisa, Constanza y Basilea, la Iglesia católica romana confesó abiertamente los males que existían en su seno, y la necesidad urgente que había de remediarlos” (Historia general de la iglesia, Alfonso Ropero, Pág. 191) sus cambios no fueron de fondo y tampoco accedió a lo protestado. Mas bien respondió desde su concepción eclesial y continuó bajo los fundamentos de su tradición.

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La Reforma Protestante introdujo una visión distinta de lo que es ser iglesia. Trajo modificaciones, restableció la autoridad de la Biblia, estableció los fundamentos para que todos entendiéramos el Camino, apreciáramos la Verdad y recibiéramos la Vida. La Reforma Protestante trajo un nuevo entender de la Biblia pues con el trabajo de los reformadores tuvimos acceso a ella, lo cual antes estuvo reservado únicamente para algunos clérigos. La Reforma Protestante dejó un antes y un después en la historia. Aquella proclama protestante trajo cambios, grandes cambios, no como fue concebida pero cambios buenos al fin. Bajo estos antecedentes me pregunto:

¿Deberíamos protestar los creyentes hoy día contra algunas malas practicas de la iglesia local? ¿Deberíamos buscar la reforma de la iglesia local cuando hay despotismo en nuestros dirigentes? ¿Deberíamos protestar para reformar nuestras iglesias locales? ¿Podemos buscar reformas en la iglesia local a través de concilios tal como los hubieron en la historia? O ¿debemos permanecer sometidos al error, callar y aceptar todo, aun cuando no estamos de acuerdo, por miedo a levantar nuestras voces y ser excomulgados?¿Es la voz de nuestros pastores infalible tal como la de los pontífices de roma cuando hablan ex cátedra?

Reformar no es dividir

Estoy seguro que si encuestáramos a la iglesia evangélica nacional, sin poner banderas de denominaciones, ni nombres de misiones, la gran mayoría concordaría en el hecho de que la iglesia necesita reformas. ¿Cómo puedo asegurarlo? La evidencia salta por sí sola a la palestra. Sí vemos el numero de iglesias que se han dividido a causa de los desacuerdos que existen entre sus dirigentes entonces veríamos sin forzar la vista, que a la gran mayoría de nuestras iglesias les hacen falta cambios de fondo y no de forma. Que existen muchos desacuerdos.

Porque en la historia de la iglesia en general ha habido personas que piensan diferente pero, o son callados o no se atreven hablar. O cuando hablan lo hacen con hechos, dividiendo a la iglesia local. Lamentablemente la iglesia no debe dividirse, ningún líder debería tomar esa decisión tan nociva y tan dolorosa, pero, sucede precisamente porque las reformas no encuentran lugar dentro de la iglesia local. Ocurre porque los egos se imponen y las razones no encuentran puntos medios. El Dr. David Suazo en una de sus materias nos desafiaba con lo siguiente: si van a formar una iglesia nueva –no una división aclaro–, que sea una diferente. Ya estamos cansados de lo mismo. No hagamos más de lo mismo. Estamos atestados de iglesias que no están haciendo nada para mejorar el que hacer evangélico. Este sería el mensaje preciso para quienes dividen o han dividido sus iglesias. Si van hacer mas de lo mismo, lo mejor sería buscar las reformas para su iglesia local y no herir fuertemente a sus fieles. Enfatizo, que la idea de este articulo no es mover a lideres a que busquen la división de la iglesia, mas bien, a que busquen reformar sus iglesias locales a través de acuerdos. Que busquen ser escuchados. Que traten la manera de acercarse a sus dirigentes para que se propongan cambios en pro de toda la congregación.

Jesús fue enfático en cuanto a no hacer divisiones, Él dijo que una casa o un reino dividido no puede prevalecer (Mt 12:25; Mr 3:25; Lc 11:13, 17), de esa cuenta, una iglesia no prevalecerá si se divide por no encontrar puntos de inflexión. La iglesia debe permanecer unida como lo hizo la iglesia primitiva. Permanecía unánime, en el mismo sentir, buscando la igualdad para todos sus militantes. Nunca se movió por fines egoístas, o por fines ambiciosos. Cuando los perseguían se agrupaban. La iglesia unida prevalecería contra el las puertas del Hades (Mt 16:18). Lo único que dividía a la iglesia fue cuando tuvieron que decidir si Cristo como Señor o el César como señor. Jesús lo dijo, por causa de Él se dividirían las familias (ver Lc 12:52), pero el trasfondo de esto era que debían decidir si lo seguían o lo negaban. No eran divisiones superfluas, eran asuntos de convicciones basadas en Cristo. Entonces entendamos que reformar no es dividir, es mejorar, cambiar, apuntar hacia el mismo fin, el crecimiento y perfeccionamiento de los santos para alcanzar la medida, de la estatura del Varón Perfecto, Cristo.

En el siguiente articulo veremos algunos los puntos álgidos por los cuales merece la pena que la iglesia proteste para reformarla. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

TODOS ESTAMOS EXPUESTOS DELANTE DE DIOS (1era Parte)

Introducción

Gran discusión se generó hace unos domingos en la iglesia por causa del tema que se compartió. “El pecado que no quedó oculto” fue el punto central de la clase. Hubieron diversas opiniones al respecto. Algunos opinaban a cerca de la severidad con la que Dios había actuado respecto a Acán y su familia. Les parecía que Dios había sido muy duro en la manera que los había juzgado. Otros decían lo contrario. Que Dios había actuado de acuerdo a su carácter justo. Que no había hecho más que lo que debía hacer. Que si Acán había desobedecido la ordenanza divina, Dios podía juzgarlo de acuerdo a ello. Otros opinaban que Dios pretendía sentar un precedente con la manera en que había juzgado la situación. Que Él deseaba dejar claro a todo el pueblo que no toleraría ningún tipo de desobediencia. No porque fuese tirano o algo similar, sino porque Él en su Omnisciencia sabe la repercusión que existe para Sus hijos cuando se contaminan con lo que a Él le desagrada. Dios conoce que la tendencia de quienes desobedecen sus mandamientos es ir en pos de dioses ajenos. En otras palabras, la desobediencia puede terminar en desviación del propósito divino.

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Sin embargo, hubo una opinión que me atrajo poderosamente la atención. Alguien comentó: que bueno que Dios ya no actúa de la misma manera que entonces, si no, cómo nos iría. Entonces de inmediato se me prendieron los focos en mi mente y me hice las siguientes preguntas: ¿Qué ocurriría si Dios nos expusiera delante de todos como lo hizo con Acán? ¿Cómo viviría la iglesia si Dios nos juzgara de la misma manera que lo hizo con él? ¿Cuántos asistentes tendría la iglesia si Dios revelara las verdaderas intenciones que hay en los corazones? ¿Cuántos estarían vivos aún? Entonces mi propósito en este articulo es hablar sobre tres puntos específicamente. Primero, cada pecado tiene consecuencias. Segundo, la Biblia desnuda nuestro interior para arrepentimiento (Dios conoce nuestro corazón). Tercero, Dios nos expondrá a todos en un día futuro pero hoy es paciente. Antes de desarrollar este articulo nos contextualizaremos sobre la situación de Acán, especialmente por aquellos que no conocen su historia.

Contexto

Acán y su familia eran parte de la nueva generación de israelitas que estaban próximos a ingresar a la tierra prometida. Pertenecía a la tribu de Judá (Jos 6:1). Acán es mencionado en la Biblia por desobedecer a Dios. Cada uno de los pasajes que citan su nombre menciona su falta (Josué 22:20; 1Cr 2:7). Pero ¿Qué hizo Acán? El pueblo de Israel como se ha dicho, habían iniciado la conquista de Canaán. Habían tomado ya la ciudad de Jericó y ahora se enfilaban a tomar su segunda ciudad, Hai. Sin embargo, Jehová había sido muy claro en cuanto a que podía y que no podía hacer su pueblo durante esta empresa. Dios les dijo: Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén con ella, por cuanto escondieron a los mensajeros que enviamos. Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. Más toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová. He subrayado a propósito el numero de veces que Dios repite que tanto la ciudad como las cosas son consideradas para Él anatema.

Anatema tiene dos connotaciones opuestas, por un lado puede entenderse como ofrenda dedicada a Dios (Lc 21:5 “ofrendas volitivas”) como también puede significar maldición. El anatema es el botín que se obtiene de una guerra pero debe ser destruido completamente por considerarse maldito. Dios consideraba a Jericó una ciudad maldita, al igual que todo lo que estaba dentro de sus muros. Personas, cosas, animales, casas, todo, ante los ojos de Jehová era maldito. La razón la encontramos en Dt 9:4,5 Dios repite dos veces que aquellas ciudades, aun cuando son mas grandes y poderosas serán echadas por causa de su impiedad. Además para confirmar el pacto hecho a los patriarcas, Abraham, Isaac, y Jacob. La impiedad de Jericó y todas aquellas naciones era básicamente su veneración a dioses extraños y el culto que les rendían. Las practicas sexuales, así como también los sacrificios crueles de bebés primogénitos a sus dioses, eran algo detestable para Dios. Por eso y muchas otras practicas que no puedo ahondar en este articulo, Dios consideraba a aquellas ciudades como malditas y por esas practicas debían ser expulsados completamente de la tierra que Dios prometió a Israel. Israel no podía dejar a nadie de esas ciudades cohabitar con ellos para que no fueran desviados de Dios a causa de sus creencias. No podían emparentar, ni comulgar con ninguna de sus practicas. Debía vivir al margen de esos pueblos.

Después de todos estos antecedes descritos, es mas fácil entender lo grave del pecado de Acán. Dice la Biblia que Acán desobedeció a Dios tomando parte del botín y esto encendió la ira de Dios contra los hijos de Israel (Jos 6:1). En la antesala de la conquista de Hai, Acán trajo maldición a todo el pueblo. Su pecado trajo derrota a los ejércitos israelíes. Josué, el líder, contrariado por la derrota sufrida, y desconociendo lo que Acán había hecho, cuestionó a Dios: ¡Ah, Señor Jehová! ¿por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! ¡Ay, Señor! ¿Qué diré, y que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? (Jos 7:7,8). Entonces Dios le respondió: levántate, ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado en sus enseres (Jos 7:10).

En otras palabras, Israel había sido derrotado por la desobediencia de un hombre, Acán. Josué comenzó su labor detectivesca y rastreó dentro de todas las familias al responsable de tal pecado. Las investigaciones lo llevaron hasta la residencia de Acán. Confrontado por Josué, Acán confesó su falta: verdaderamente yo pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así he hecho. Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos (doscientas monedas) de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos (medio kilo), lo cual codicié y tomé; y he aquí que esta escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello (Jos 7:20,21). Lo único que restaba a Josué era encontrar el cuerpo del delito. Una vez encontrado, Dios emitió su sentencia. Acán debía ser ejecutado. Fue apedreado y quemado él, su familia y el objeto de su pecado (7:25). Y como venía siendo costumbre, levantaron un montón de piedras para sentar un precedente dentro de todo el pueblo de Israel. Ahora, ves el por qué de los comentarios diversos emitidos durante la clase dominical.

Veamos algunas conclusiones que podemos sacar para luego ver los siguientes puntos: un pecado cometido por un solo hombre afectó a todo el pueblo. Un pecado no confesado repercutió en el infractor y en toda la familia. Dios no pudo ser burlado por muy bien escondido que tuviera su pecado Acán. La condena no fue injusta dado que Dios había sido muy claro respecto a lo que Israel no debía hacer. Dios nunca es injusto cuando disciplina. Todo pecado siempre acarrea consecuencias. Cuando Dios nos confronta es correcto enfrentar nuestras faltas. En el siguiente articulo veremos los tres puntos mencionado en los prolegómenos, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Revelando a Cristo desde la primera epístola de Juan (Conclusión)

Introducción

En artículos anteriores hemos visto tres atributos de Cristo que son propios de Dios. Hemos dicho que Jesús es Eterno y a la vez es la fuente de la vida eterna. También dijimos que Jesús es Fiel. Es alguien confiable porque sus promesas son verdaderas y cada una de ellas ha encontrado cumplimiento. Finalmente dijimos que Jesús es Justo. Tanto para perdonar como para alcanzar a las personas indistintamente de su clase económica, raza, lengua, linaje, etc. Jesús es Justo como parte de sus atributos y también su nombre es Justo. Ahora veamos el último de sus atributos que deseamos presentar desde la primera epístola de Juan, su Santidad. La Santidad de Dios es la misma Santidad de Cristo. Ahora por qué es necesario resaltar esta parte del carácter de Cristo, sí debería darse por sentado. El tema es, que aquellos que niegan la Divinidad de Cristo, lo colocan dentro de la posición de criatura que puede pecar. Lo cual es necesario revertir a través de mostrar que Él al igual que Dios, Es Santo. También concluiremos esta serie de artículos demostrando que Jesús es Dios a través de su unión hipostática. Y que Él, Dios y El Espíritu Santo son una persona que testifican de sí mismos.

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Jesús es Santo

El apóstol Juan no reservó ningún tipo de detalle respecto a Cristo en esta epístola. En el capitulo 3 escribió: Todo el que tiene esta esperanza en Cristo, se purifica a sí mismo, así como Él es puro. El apóstol Juan utiliza la palabra agnós para decir que Jesús es puro. Es la misma raíz que hagios, que significa Santo, en tanto que libre de toda mezcla con el mal. Originalmente «lo que despierta temor reverente», se usa en sentido cultual en la LXX (2 Mac. 13:8), aunque también para la disposición interior (Pr. 20:9) y la castidad (4 Mac. 18:7–8). Poco común en el NT, significa «pureza moral» (1 Jn. 3:3; 1 Ti. 5:22; Stg. 3:17), «inocencia» (2 Co. 7:11), y «castidad» (2 Co. 11:2)[1] (énfasis añadido). Observe con atención cada uno de los calificativos que he resaltado a propósito. Principalmente cuando dice que la pureza de Jesús despierta temor reverente. Las personas se sorprendían cuando lo veían. Como vimos en el articulo anterior, tanto Pedro como el centurión reconocieron su pecaminosidad cuando estuvieron frente a la Santidad de Cristo. Jesús está libre de toda mezcla con el mal también.

En Él no hay maldad, ni deseos de hacer lo malo. No hay nada que pueda señalarse acerca de su falta de santidad. En su ministerio terrenal nadie podía acusarlo de nada, fue casto, puro moralmente, de su corazón no salieron palabras que reflejaran un corazón contaminado por envidias, orgullo, o pecado. Recordemos que Jesús rechaza toda la manera de pensar que se oculta detrás de las prescripciones de los rabinos sobre la pureza. El testimonio que Jesús mostró en el tiempo que estuvo en la tierra fue evidentemente impecable, repito y enfatizo en esto, de nada se le pudo acusar, nadie pudo decir nada en contra de su persona. Jesús el hijo de Dios es Santo, Jesús como Dios es Santo.

Dios encarnado en Cristo

Cuando hablamos de Dios encarnado debemos hablar de Unión Hipostática. ¿Qué significa esto? El logos es decir Cristo no se unió con una persona, sino con un naturaleza humana. Cristo es una persona Divino-humana. Las dos naturalezas están unidas en Cristo, sin perder su identidad. No se mezclan ni se confunden. Los atributos de una naturaleza no son atribuidos a la otra, pero los atributos de ambas naturalezas le son atribuidos a la persona. La Biblia no habla de dualidad en la persona de Cristo. Se habla de Cristo en términos que son verdaderos en el caso de ambas naturalezas (Hch 20:28; 1Co 2:8; Col 1:13,14 y Jn 3:13). La unión hipostática permanecerá para siempre.

Juan muestra que Jesús encarnó en un ser humano tanto en el Evangelio que lleva su nombre como en esta epístola que hemos venido estudiando. En Juan 17 dice: tu me enviaste, 30 veces Juan indica la humanidad de Cristo. Jesús en 17:4 muestra que fue encarnado o humanizado para alcanzar un propósito, terminar una obra encomendada. También en el primer capítulo de esta epístola, específicamente en los primeros versículos Juan da testimonio que oyó, que vio y que palpó a Jesús, porque Cristo fue manifestado por parte de Dios. Debo decir que solamente se puede ver y tocar algo que es físico, que tiene materia, Jesús encarnó en materia humana, Jesús se manifestó. Jesús fue tangible a sus discípulos, a las personas, a multitudes, aun después de haber resucitado se presentó con cuerpo glorificado pero de forma material.

Estuvo entre la humanidad y Juan es testigo de que él lo pudo ver. Juan vio también que Jesús ascendió a los cielos, fue un testigo ocular de tal evento y no únicamente eso sino ahora transmite la promesa hecha por Jesús. Jesús volverá. En 2:28 Juan refiere a esa venida de Jesús donde nuevamente se manifestará Su pueblo. Por ello Juan exhorta a llevar una vida de santidad para que con tal evento no seamos apartados y avergonzados por no haber permanecido en Él. Jesús nuevamente ha de manifestarse, Jesús nuevamente ha de venir a la tierra. Y cuando se manifieste seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es, Jesús vendrá y nos transformará, nos cambiará el cuerpo de muerte y seremos glorificados.

Como vemos, Jesús es Dios, la naturaleza de Cristo como se ha mencionado es cuestionada por algunos grupos. Es lamentable que con tanta evidencia interna en una carta, todo ese escepticismo quede finalizado. La Escritura nos revela el misterio a través de la persona de Cristo porque Dios así le ha placido hacer. En 4:9 dice: Dios envió a su hijo unigénito, Jesús proviene de Dios, no es creado porque Él es eterno. En 5:7 dice que Jesús es igual al Padre y al Espíritu Santo, que Jesús pertenece a la trinidad: ellos dan testimonio en el cielo y los tres son uno. Acá no queda lugar a dudas que Cristo es Dios, es Espíritu Santo, y es eterno. Entonces, una persona que no acepta estos argumentos, perecerá en su ignorancia o insistencia a no aceptar la verdad de Cristo como Dios. Como dice en 1Juan 3:23 todo el que niega al Hijo no tiene al Padre, el que reconoce al Hijo tiene también al Padre.

Aplicación:

Aplicando esto debemos citar las palabras del apóstol Pedro cuando dice: sed santos en toda vuestra manera de vivir porque Dios es Santo. ¿De qué forma? Como dice en 2:6: el que permanece en Él, debe andar como Él anduvo. En Santidad, el testimonio de cada creyente debe ser como el de su Creador, debe ser como el de su Salvador. El mandato es a vivir una vida de santidad. Porque Dios es Santo. Jesús es la luz, y por tanto si se permanece en Él debe andar en luz como Jesús, 2:9. La luz es únicamente una metáfora que emplea el apóstol Juan, para hacer el contraste entre la vida de luz y la vida de tinieblas, entre la vida de santidad y la vida de pecado que llevan los que no son hijos de Dios. Pero sobre todo como dice en 3:3, los que esperan en Jesús se purifican porque Jesús es puro, Jesús es limpio, santo, no hay en Él ninguna contaminación.

[1] Compendio del diccionario teológico del Nuevo Testamento. Pág. 22.

REVELANDO A CRISTO DESDE LA PRIMERA EPISTOLA DE JUAN (3ra. Parte)

Introducción

 En el artículo anterior vimos el primer atributo de Jesucristo a partir de lo descrito por el apóstol Juan en su primera epístola. Vimos que Jesús al igual que Dios es Fiel. Su fidelidad es sinónimo de veracidad. Jesús es alguien veraz. Jesús de la misma manera que Dios no mienten, ni engañan. La confianza que depositamos en Dios Padre puede ser depositada de igual forma con Dios Hijo. Jesús es inmutable en sus propósitos de la misma manera que el Padre. Además de ello, ya que Jesús es Dios, también puede perdonar pecados como el Padre. Dicho sea de paso esta fue una de las razones por las cuales Jesús fue rechazado por las autoridades religiosas de su tiempo. Cuando Jesús sanaba y perdonaba pecados (Cp. Mc 2:5; Lc 7:48) las autoridades veían esto como un acto sacrílego. Consideraban que Jesús blasfemaba al perdonar pecados porque sabía que tal cosa solo el Padre podía hacerla. Sin embargo su Deidad le permitía hacerlo. Jesús es fiel para perdonar pecados dice el apóstol Juan (1Jn 1:9), y también es fiel para cumplir sus promesas (1Jn 5:14-15). En este articulo veremos otro atributo más de Cristo, Su Justicia. Este atributo revela la misma naturaleza que posee la primera persona de la Trinidad.

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Jesús es justo

 La Justicia de Cristo al igual que Su Fidelidad se develan en el vs 9 del capitulo 1. Jesús es tanto Fiel como Justo para perdonar y limpiar todos los pecados de aquellos que los confiesan a Él. Es precisamente esa es la condicional, confesar los pecados, el pasaje dice: si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. La justicia de Dios y la justicia de Cristo, se muestran bajo la humillación de todo ser humano que se arrepiente. El arrepentimiento proviene del vocablo metanoia y significa cambiar de manera de pensar, cambiar de actitud, cambiar de forma de vivir. Ese arrepentimiento llega en el momento que una persona reconoce que su vida es un completo fracaso. Cuando se da cuenta que no tiene paz, que la clase de vida que ha llevado es inútil, infructuosa, sin sentido.

Ahora, esto no sucede por casualidad o error. Para reconocer nuestra pecaminosidad hace falta encontrarse con Jesús. Jesús expone nuestra naturaleza pecadora. Te doy unos ejemplos: cuando Pedro se encontró con Jesús quedó expuesta su pecaminosidad. Él reconoció que Jesús era alguien sobre natural. En el relato de Lucas 5 dice que Pedro y otros hombres habían intentado pescar toda la noche, Jesús apareció en su barca, e intentaron pescar justo en el lugar que Jesús indicó, las redes casi no soportaban la enorme cantidad de peces que habían pescado por obedecer a Cristo. Ese milagro sorprendió tanto a Pedro que no tuvo mas opción que rendirse a sus pies. Dice Lucas 5:8 viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Él supo que Jesús era alguien distinto. Alguien que poseía cualidades completamente sobrenaturales. La sola presencia de Cristo hizo que Pedro entendiera que él era un pecador.

Un ejemplo más: cuando Jesús llegó a Capernaúm se encontró con un oficial del ejercito romano, si, leíste bien, un oficial del ejercito romano, no cualquier oficial, él era un centurión. Alguien que tenía a cargo a un centenar de soldados. Este hombre delante de Jesús se humilló y le rogó que sanase a uno de sus criados. Cuando Jesús le dijo: yo iré y le sanaré (Mt 8:7), aquel hombre quedó expuesto al igual que Pedro. Señor, –dijo el centurión– no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Puedes verlo, ese oficial romano, con tanto poder, pudo haber obligado a Jesús, pero no fue así. Él reconoció que era indigno, es decir que no merecía que Jesús fuera con Él. El centurión comprendía que su pecaminosidad lo apartaba de Jesús. El encuentro con Cristo expuso el pecado del centurión y esto lo llevó al arrepentimiento.

Ambos fueron evidentemente pecadores confesos. Reconocieron a Cristo. Pedro y el centurión poseían orígenes distintos, uno era judío el otro romano. Además estaban en posiciones económicas distintas, uno era pescador y el otro era un oficial romano. Sin embargo ambos reconocieron su pecaminosidad delante de Jesús. Ambos indistintamente de su origen y clase fueron descubiertos por el Hijo de Dios. ¡Oh que gran bendición! El perdón de Cristo puede alcanzar a todo ser humano que confiesa delante de Él que es pecador y que se arrepiente de todo cuanto ha hecho. Jesús es Justo, y no hace acepción de personas. No diferencia entre origen y posición, su justicia es movida por la necesidad del pecador que se arrepiente. Confesarse indigno es reconocerse pecador.

Juan utilizó la palabra jómologeo para decir que aquellos que confiesan o admiten abiertamente sus faltas pueden ser perdonados. Este mismo vocablo es la raíz de homólogo, que significa: “semejante a otra cosa por tener en común con ella características referidas a su naturaleza, función o clase”. Cuando alguien confiesa sus pecados, esta diciendo que reconoce que su naturaleza es contraria a la naturaleza de Dios. Cuando un ser humano comprende que no puede perdonarse así mismo y reconoce que toda su vida le ha fallado a Dios y se humilla y pide perdón, es perdonado. Aunque el pasaje no habla de humillación en sí misma, se requiere vencer todo orgullo, toda vanidad para reconocer que existe pecado. Solamente de esa manera puede hallar reconciliación con Dios. Jesús es justo porque perdona a cualquier ser humano que se humilla y confiesa sus pecados. No importa clase, posición, origen, color, raza, nada, solo basta confesarse pecador.

Concluyo diciendo que Jesús es justo pero también su nombre es Justo Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; –dice el apóstol Juan– y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo (1Jn 2:1), Jesús es justo para perdonar los pecados de quienes se arrepienten y también es un abogado justo que intercede por los Hijos de Dios cuando estos han fallado. Él juzga con justicia porque es Justo. Isa 9:7 dice: lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Entonces, si Dios es Justo y Cristo es Dios, Cristo es Justo porque es parte de su esencia, negar tal cosa es simplemente no reconocer la evidencia que el mismo texto expone acerca de Jesucristo. Me despido diciéndote como siempre: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

EL TEXTO FUERA DE CONTEXTO

No recuerdo cuantas veces escuché a mis profesores del seminario decir: “el texto fuera de contexto, es puro pretexto”, tanto me lo dijeron que ahora, fuera de las aulas de clase, me resulta imposible estudiar los pasajes bíblicos de forma aislada. Es más, cada que escucho a cualquier predicador ya sea en televisión, en la radio o en alguna iglesia, inmediatamente esa frase viene a mi mente. Conocer el contexto me sirve para comprender lo que escucho, para reflexionar en ello también y comprobar si lo que escucho proviene de Dios (1Jn 4:1).

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Ya sea el contexto inmediato anterior o el inmediato posterior deben ser cuidadosamente estudiados. De la misma forma el contexto remoto y paralelo merecen igual atención. “El ministro debe relacionar todo pasaje particular de las Escrituras –dice Haddon Robinson– con el libro del que forma parte”. Cuando los pasajes se enmarcan dentro del contexto, existen mas posibilidades para que el predicador, comprenda y exponga con fidelidad los pasajes bíblicos. Para la audiencia también habrá un buen numero de posibilidades que esa Palabra afecte sus vidas.

No puede ningún predicador extraer pasajes a su antojo, o al azar, porque “la Biblia es ‘un libro’, –dice Stephen F. Olford– de modo que debemos asegurarnos de entender ‘todo’ el contexto, incluyendo el A.T. y el N.T., según lo demande el texto”. Es casi como si un relojero decidiera quitar algunos engranajes a la maquinaria de un bello reloj suizo. Resultaría imposible que tal reloj funcionara. Tampoco se vale que un predicador sitúe sus sermones en lo que el texto no dice o que lo force a decir lo que él quiere que diga. “Algunos predicadores usan la Biblia de la manera que un borracho usa un poste de luz –dice David Helm– más para apoyarse en él que para iluminarse y para darle luz a otros”. Uno de los peligros que existen de no observar detenidamente el contexto bíblico e histórico de los pasajes es que se puede caer en errores doctrinales, y aun peor, podría un predicador estar exponiendo sermones que aparentemente son “sana doctrina” pero en realidad son herejías disfrazadas. John MacArthur lo dice así: “lo que un predicador declara que un pasaje dice puede ser muy diferente de lo que realmente indica” si no observa con atención el contexto bíblico.

Por lo tanto, un expositor fiel a la Escritura, y temeroso de Dios, debe ser consciente al realizar la labor exegética antes de predicar. No puede darse el lujo de ignorar la linea de tiempo que existe entre el ayer bíblico y el día de hoy. Tampoco puede ignorar la diferencia de cultura oriental con la occidental. Su responsabilidad lo obliga a ser honorable con el estudio bíblico. Porque exponer la Biblia dentro de su contexto es exponer vetas de oro bíblico y hasta abrir vetas mayores. Es decir lo que el escritor inspirado quiso que todos supiéramos. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.