En los artículos anteriores hemos visto las consecuencias para un líder que carece de visión. Además hemos visto cuantas criticas se generan cuando los líderes tienen  celo posicional o ministerial y cuanto tienen temor a los cambios. En este articulo veamos la ultima de las razones por las cuales el liderazgo sufre poción, el orgullo.

El orgullo

Otro de los errores que comúnmente genera criticas sobre los líderes es cuando estos dejan de ser humildes y se convierten en lideres déspotas, orgullosos y dictatoriales. Es cuando pierden el piso y se convierten en personas intratables y arrogantes. No hay nada más dañino para las organizaciones que un líder se vuelva soberbio y como dice la Biblia: amador de sí mismo. Proverbios 6 dice: Hay seis cosas que el Señor aborrece, y siete le son detestables: los ojos que se enaltecen, la lengua que miente, las manos que derraman sangre inocente, el corazón que hace planes perversos, los pies que corren a hacer lo malo, el falso testigo que esparce mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos (Pro 6:16-19). En otro pasaje se afirma esta idea: Dios se opone a los orgullosos pero da gracia a los humildes (St 4:6). Dios no acepta el orgullo de las personas menos de los lideres. Por esa razón el apóstol Pablo exhortaba a la sencillez, en Romanos 12:3 dice: cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. Aun cuando ejerzas un puesto importante dentro de una organización tienes negada la posibilidad de sentirte superior a los demás. No puede caber en ti la posibilidad de creer que eres superiores a los otros. O que tu posición de hace que observes a los demás por encima de los hombros.

Orgullo-en-pareja

 

Sin embargo, amén de ello, constantemente los líderes están cayendo en este pozo profundo. Están dejando que su posición los arrastre a esta trampa peligrosa. Ciertamente, por naturaleza los seres humanos somos competitivos, luchadores, desde que deseamos fecundar el ovulo, estamos compitiendo. Y la lucha por los puestos cada día es mas fuerte. La exigencia cada día es mayor y mientras estamos luchando por conseguir nuestras metas, podemos caer en el error de compararnos a los demás. Queremos anteponer nuestras capacidades antes las de los otros participantes. En esa comparación el orgullo se pone de manifiesto. Cuando competimos podemos descalificar a los otros competidores a través de la crítica. Tener más alto concepto de sí mismo es considerar que yo tengo mayor capacidad para desempeñar una tarea que los otros. En mi interior puedo decir: yo puedo hacerlo mejor que él. El pastor es casi siempre el blanco de las críticas en las iglesias. A la hora de predicar, existen quienes están pensando así: yo puedo ser más elocuente que el predicador, posiblemente yo usaría mejor las ilustraciones y daría mejores aplicaciones. Critican todo cuanto él expone. Desde su forma de vestir, hasta la forma en que emplea pasajes. En cuanto a su ministerio lo tachan de ineficiente, generalmente no consideran esté realizando bien su función. En cuanto a su familia juzgan todo, están constantemente observando la conducta de sus hijos, la relación como esposo. En fin es una posición expuesta a la crítica constante. Pero eso es lo que llama Pablo, tener mas alto concepto de sí mismos que el que debería tenerse. Cada persona tiene cualidades, virtudes y defectos. Fortalezas y debilidades, reconocerlo es un paso de humildad, aceptarlo en otro también.

 

En el capítulo diez de la segunda Carta a los Corintios se puede observar que el apóstol Pablo, al igual que Jesús, no se escapó de ser objeto de críticas por los creyentes Corinto. En primer lugar lo consideraban hipócrita, consideraban que Pablo tenía una doble personalidad, en la narración dice: según dicen [los de Corinto], soy tímido cuando me encuentro cara a cara con ustedes pero atrevido cuando estoy lejos (2Cor 10:1, NVI). También era acusado de ser jactancioso de la autoridad que tenía (v.8). Así mismo Pablo fue acusado de carecer de personalidad y carecer de capacidad como predicador (v.10). Estos señalamientos al ministerio de Pablo son únicamente una muestra inequívoca del orgullo que existía en algunos miembros de la iglesia de Corinto. “Obviamente, los líderes que se oponían a él en Corinto se ocupaban de elogiarse a sí mismos haciendo alarde de sus cualidades y ministerios con el fin de impresionar a la congregación. De ese modo, lograban menoscabar a Pablo”.[1]

 

Entonces el orgullo genera muchas criticas para los lideres. Ninguno que ocupa tal posición puede darse el lujo de sentirse superior a los demás. Debe entender que su posición no le da derecho de sobajar a los demás, sino al contrario lo coloca en una posición de servicio absoluto. El liderazgo no es una posición para abusar de ella, sino mas bien es una posición de influencia y servicio a los demás.

En el siguiente articulo veremos algunas aplicaciones practicas para manejar la critica con sabiduría dentro del liderazgo.

[1] Comentario Bíblico Mundo Hispano, 1 y 2 Carta a los Corintos, Tomo 20 (Editorial Mundo Hispan: El Paso, Texas, USA: 2003), 214.

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