Introducción

Desde niño siempre me ha gustado ver como cambia mi reloj cuando se inicia un nuevo año. A las 23:55 empiezo a observarlo con mucha atención esperando ver como cambia la hora, el día, y el mes. Me encanta ver como en cuestión de segundos pasamos del 31 de diciembre del año viejo al 01 de enero del año nuevo. Súbitamente todo cambia. El reloj esta diseñado para que indique que se terminaron 365 días y que empiezan otros 365 días mas. Algunas veces por estar jugando, o entretenido con algo, me he perdido la posibilidad de ver el cambio de horario en mi reloj, sin embargo, esto no significa que el reloj no haga su trabajo. El tiempo es inexorable. No se detiene. En cuestión de segundos las cosas pueden cambiar y no volverán a ser como han sido.

Tal como ocurrió para Hiroshima y Nagasaki, las dos ciudades japonesas y las únicas que han experimentado una explosión atómica en su territorio (gracias a Dios por ello). El 6 y 9 de agosto de 1945 se detonaron dos bombas nucleares en suelo nipón. En días donde la población se movía rutinariamente, las fuerzas armadas norteamericanas prepararon y llevaron a cabo estos ataques devastadores contra ellos. Se dice que el 6 de agosto, a las 8:15 de la mañana la primer bomba atómica conocida como Little Boy (niñito) estalló 600 metros antes de tocar el suelo y en pocos segundos todo ardió. Según un reporte de la BBC “se estima, murieron 70.000 personas en el acto. Otras 160.000 agonizarían en el curso de los días, los meses, los años”. Para Nagasaki las cosas no fueron muy distintas. Tres días después del primer ataque en Hiroshima, a las 11:02 de la mañana, la bomba bautizada con el nombre de Fat boy (niño gordo), se encargó de matar a otras 74,000 personas instantáneamente. Puedes imaginarlo, de un momento a otro, el parque donde jugaban los niños, la escuela donde aprendían, el mercado donde compraban las amas de casa, los lugares donde las personas adultas solían reunirse a charlar había desaparecido completamente. Todo cambió súbitamente para los habitantes japoneses.

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Jesús habla sobre las señales que marcaran su segunda venida

Estos dos ataques atómicos parecen las versiones modernas de dos hechos devastadores que ocurrieron en la Biblia y que Jesús utilizó para ilustrar como sería el día en que volvería por segunda vez a la tierra. Lucas nos cuenta que cuando Jesús fue cuestionado por los fariseos, quienes por cierto ardían de curiosidad por conocer las señales que indicarían que el Reino de Dios se manifestaría, Él claramente les explicó que la venida del Reino no podía someterse a cálculos (Lc 17:20b), que en su día el Hijo del hombre será como el relámpago que fulgura e ilumina el cielo de uno a otro extremo. En otras palabras, que su manifestación será súbita, repentina, y hasta inesperada. En el momento que menos lo podemos imaginar, esto sucederá.

En tiempos de Noé y Lot

En tiempos de Noé, dijo Jesús, las personas comían y bebían, y se casaban y daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca; entonces llegó el diluvio y los destruyó a todos (Lc 17:27). De modo similar en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, sembraban y edificaban, pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre y acabó con todos (Lc 17:28-29). Exactamente de esa forma será su segunda venida, cuando nadie lo espere súbitamente todo va cambiar. Cuando todos estemos sumergidos en nuestra rutina diaria, Él vendrá. No mandará una notificación en nuestras redes sociales, tampoco nos enviará un correo electrónico, menos un mensaje de texto a nuestros celulares. Cuando menos lo pensemos, Él vendrá. A partir de ahí todo cambiará súbitamente para la humanidad entera.

En tiempos de Noé y de Lot las personas no solamente vivían despreocupados y encerrados en su diario vivir, sino que también habían colmado a Dios con su conducta corrompida y pecaminosa. Los habitantes de los días de Noé y los habitantes de Sodoma y Gomorra hartaron con su proceder a Dios. El escritor del Génesis dejó muy en claro que tres veces Dios expresó el mismo sentir por la población con la que Noé convivía, Dios dijo: estoy cansado de ver la maldad de los seres humanos y por lo tanto voy a destruirla. (Gn 5:5-7; 6:11-12, y v.13). De Sodoma y Gomorra también dice que el clamor contra ellos era ya insoportable y su pecado es gravísimo, por tal razón Dios iba a destruirlas (Gn 18:20).

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En nuestros días

Si comparamos a la humanidad del siglo XXI, con las población de los días de Noé y con los habitantes de Sodoma y Gomorra podríamos notar que las cosas no son muy diferentes. Puesto que se están viviendo días en los que las personas se han vuelto insensibles a Dios, cada día le dan mas la espalda a Su Hijo e ignoran lo que la Biblia tiene que decir. Además que la pecaminosidad del mundo también esta llegando a los mismos niveles de corrupción que en aquellos días. Homosexualidad, sexo sin control, abortos, pederastias, relaciones incestuosas, gobiernos corruptos, se están levantando templos para adorar a todo tipo de dioses, se esta ofreciendo culto libre a satán y así podríamos seguir con una lista interminable de pecados que la humanidad esta cometiendo contra Dios y por los cuales merecería morir súbitamente.

En la conclusión de este artículo veremos cuáles son las señales que anuncian el cumplimiento de la profecía hecha por Cristo y qué palabras nos alientan a los que hemos creído y le dan esperanza a los que aun no lo han hecho, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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