martinmorales_Vendo burra terca
Introducción

A lo largo de mi carrera laboral he tenido que viajar a muchos lugares. Esto me ha permitido ver muchas cosas, algunas curiosas y otras impresionantes. He podido disfrutar de bellos paisajes, amaneceres y atardeceres. He conocido a muchas personas también. De la misma manera he presenciado cosas graciosas. Por ejemplo, cierto día andando por un camino rural me encontré en una bifurcación, me confundí por algunos minutos porque no sabía exactamente cuál era el camino que debía tomar. No había un letrero que señalara mi lugar de destino, ni había tampoco alguna persona que me orientara hacia donde debía dirigirme. Pensé mucho antes de decidir porque no podía arriesgarme a tomar un camino equivocado ya que esto me representaría horas de trabajo perdidas. Decidí confiar en mi instinto y tomé por el camino de la derecha. Sin embargo no pude avanzar mas de 500 metros. Tenía otra dificultad.

Un campesino luchaba con su burra Martina que se había estacionado a mitad del camino (supe su nombre porque él así la llamaba). La tenía cargada con leña, y por mas que él la jalaba, ella simplemente se había parado. El campesino estaba consciente del peligro que corrían estando en el medio del camino, además que estorbaban a los viajeros (aunque no eran muchos), él la jalaba y la jalaba. Él quería que ella fuera hacia la derecha y ella parecía que por molestar tiraba hacia el otro lado. ¡Arre Martina! Le gritaba vez tras vez, y ella simplemente no obedecía. Por mas veces que él jalaba del lazo, igual numero de veces ella se resistía. Ella estaba empecinada en no ceder ante las órdenes de su amo. Me atrevo a decir que ella a propósito estaba dispuesta a contradecirlo. La burra Martina no obedecía a su amo. Mas bien parecía que ella era el amo del campesino. La fuerza de la burrita podía mas que la fuerza del campesino. La burra Martina no cedía un ápice, ni respetaba lo que su amo le insistía que hiciera.

 

Cada creyente tiene sus luchas individualmente

 Mientras mas observaba al campesino y a su burra Martina, más me identificaba con la situación. Mas pensaba en mí y en mis luchas. Mas comprendía que así es la vida espiritual de cada creyente, luchamos por ir hacia a un lugar pero tal parece que como Martina nuestro cuerpo no responde. Estoy seguro que la gran mayoría del tiempo estamos pensando en hacer las cosas que nos convienen pero a veces hacemos exactamente lo contrario. Deseamos ir en una dirección espiritual y nuestra carne se resiste a avanzar. El apóstol Pablo lo explicó de forma perfecta. Él dijo: No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, (Ro 7:15 NVI). Por supuesto el apóstol Pablo no estaba en un pecado recurrente. Pero sí afirmaba que existen ocasiones en las que estás consciente sobre lo que debes hacer y no lo haces. Es como dice Santiago “el que sabe hacer lo bueno y no lo hace comete pecado” (St 4:17).

Repito, la gran mayoría de los creyentes verdaderos lucha contra sus deseos de pecar. Esta constantemente jalando hacia una dirección opuesta para no caer en la tentación. Su espíritu se resiste a hacer las cosas que la carne quiere, pero en este estira y encoje, muchas veces la pelea la gana su carne. El Señor Jesús les decía a sus discípulos en el Getsemaní: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad esta dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26:41).

        La carne es débil

Así es, la carne es débil, la carne siempre esta queriendo sembrar para la carne misma. La carne siempre quiere auto satisfacer sus deseos. No existe ninguna persona que niegue que pecar es placentero. Por su puesto que lo es. En el momento que una persona peca satisface sus emociones, sus sentimientos, sus deseos mas profundos. Por unos instantes la persona que peca se siente satisfecho cuando le da al cuerpo lo que le pide. Pero lea con atención que dije, por unos instantes.

Déjeme darle unos ejemplos para explicarlo mejor. Cuando un hombre bebe licor, afirma que disfruta hacerlo, ríe con sus compañeros de juerga, bromea, se desinhibe, es capaz de conquistar mujeres, de bailar, es capaz de hacer cosas que sobrio jamás haría. Pero esa sensación le durará unas horas. El resto sentirá malestares estomacales, devolverá el estomago, estará mareado, perderá la consciencia, y no digamos la resaca del día siguiente. Su satisfacción será temporal. Lo mismo sucede con el hombre que desea a una mujer. La conquista, la seduce, siente como todas sus hormonas se alborotan en su cuerpo cuando la obtiene, y ni digamos el gran placer que sentirá si llega a tener relaciones sexuales con ella. Su cuerpo lo disfrutará. Por su puesto que ese momento será placentero. Pero las consecuencias posteriores pueden ser desastrosas.

      La factura se debe pagar

Satisfacer nuestros deseos carnales no trae consecuencias benéficas para nosotros. Todo lo contrario, nos garantiza que tarde o temprano nuestro cuerpo nos pasará la factura. Ya sea en forma de una enfermedad, como SIDA, cirrosis, o bien puede provocarnos hasta la muerte. Pero eso aun es lo menos que debe preocuparnos, porque la consecuencia mas seria es la espiritual. El apóstol Pablo a los Gálatas les dijo: “El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna” (Gal 6:8). Quiere decir entonces que existen dos maneras en las que una persona puede sembrar en su vida. Una es autosatisfaciendo sus impulsos y deseos pecaminosos. Y otra, sometiendo esos deseos al dominio del Espíritu Santo. En otras palabras yo decido si quiero que la fuerza de la carne me arrastre, o me opongo sometiéndome a la voluntad de Dios. En ambos casos tendremos una cosecha. Una cosecha de dolor o una cosecha de gozo. Entiendo que el apóstol Pablo esta diciendo que si bien el cuerpo jala para un lado y el espíritu quiere ir en otra dirección, lo correcto es no ceder. Lo sabio es no hacer lo que la carne me impulsa a hacer principalmente porque la factura que pagará la carne será muerte eterna para el espíritu.

En el siguiente artículo te daré algunas recomendaciones para no ceder ante los deseos de la carne. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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