Hemos visto que el pueblo hebreo enfrentó mucho dolor y por largo tiempo, en este articulo veremos que hicieron ante tanto castigo y dolor, así mismo veremos cuál fue el resultado de sus acciones.

Al ver los números crudos y la situación amarga en la que el pueblo estaba, yo me hacía estas preguntas: ¿podría yo soportar tantos años si estuviera en una situación tan desesperante como ésta? ¿Acaso tendría la fuerza espiritual para mantenerme firme en una condición similar? ¿Cuántas esperanzas tendría después de ver como pasa el tiempo y las cosas no cambian? ¿A dónde recurriría, a quién clamaría? ¿Cuánta fe tendría para continuar esperando una respuesta, o una solución? ¿Qué debería hacer yo, o usted o cualquiera sí no encontráramos por ningún lado una salida a una realidad tan dolorosa como ésta? Propongo dos respuestas de acuerdo a la segunda parte del v. 23 dice: Y los israelitas hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron… (v. 23b).

Poner delante de Dios nuestras necesidades

Antes de clamar a Dios necesitamos expresar nuestras emociones. A causa de tanto sufrimiento el pueblo de Dios gimió. Es decir lamentó profundamente por las circunstancias en las que se encontraba. Lloraban amargamente porque el tiempo que tenían de estar sufriendo era demasiado tiempo. Sufría profundamente por todo lo que estaban viviendo. El pueblo de Dios sollozaba por su estado calamitoso. Añoraba una salida, una respuesta, una solución. Por eso gimió, expresó delante de Dios lo que sentía dentro de sí. Sacó toda su frustración para que Dios la viera. Expresó a Dios la profunda tristeza que había en su corazón. Al gemir estaba mostrando que le dolía en gran manera lo mal que la estaban pasando. Uno puede sufrir y callar. Puede estar llorando y no demostrarle a las personas como se encuentra. Puede sonreír ante los demás pero estar cayéndose en pedazos por dentro. El Pueblo no quiso ocultar cómo se sentía. Expresó a Dios sus emociones. Por ello, no vale de nada hacerse el fuerte delante de Dios. Exprésale lo que sientes. Dile que ya no puedes más. Dile que te sientes apabullado, que las fuerzas no te dan más.

De esta actitud también puedo aprender que: antes de clamar a Dios necesitamos reconocer nuestras circunstancias. El pueblo de Dios estaba impotente ante la opresión egipcia. Las fuerzas no daban para mas. Los brazos ya no respondían. Un año mas y lo mejor sería la muerte antes que continuar así. Por eso dice la Biblia que gemía por causa de la servidumbre. El pueblo no solo expresó lo se sentía sino que también puso de manifiesto cuál era el motivo de su dolor. La opresión egipcia era lo que los estaba minando día a día. El gemir del pueblo era como una queja. Le estaban diciendo que la opresión los estaba terminando. Que ya era insoportable. Es como si un paciente con un tumor cerebral se retorciera de dolor y gritara que no aguanta ni un día mas ese malestar en su cabeza. Los hebreos hicieron eso. Le dijeron a Dios quien era el responsable de su realidad. Y no porque Dios no lo supiera sino porque es necesario identificar qué es lo que nos lastima. De alguna manera es necesario hacerlo porque eso nos hace ver que: ante circunstancias difíciles somos mas pequeños pero Dios es mas grande que todo.

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Rogar desesperadamente a Dios

Habiéndole expresado a Dios como nos sentimos y habiéndole dicho qué es lo que nos esta hiriendo, entonces estamos listos para clamar a Él por una respuesta. Delante de Dios precisamos primero sentirnos impotentes, desvalidos, inútiles, e incapaces de poder resolver nuestras situaciones por cuenta propia, para luego clamar con desesperación. Ahora la pregunta es ¿qué deberíamos pedirle?

Primero, clamemos que nuestra oración trascienda. El vs 23 termina diciendo: y su clamor, a causa de su servidumbre, subió a Dios. Existen ocasiones en las que oramos pero lo hacemos con una actitud derrotista. Como suponiendo que nada pasará. Dando por sentado que por mas que pidamos nuestra oración no pasará del techo de nuestra habitación. Oramos sin creer que nuestra oración puede trascender. Asumimos que Dios está muy lejos y que es imposible que nuestra oración llegue hasta donde Él está. Es evidente que creyendo de esta manera por mas que oremos no sucederá nada. No podemos orar siendo pesimistas. Lo ilustro de manera graciosa: cierto hombre llegó a un lugar donde trataban diferentes problemas psicológicos y le preguntó a otro que estaba ahí parado: ¿disculpe aquí es dónde se reúnen para tratar a los pesimistas? a lo que el otro le responde: si, es aquí, pero no creo que vengan. Delante de Dios no podemos ir con una actitud así. Debemos pensar que nuestras oraciones trascenderán. Y con esa actitud podemos esperar gozosamente cualquiera que sea la respuesta de Él.

Segundo, dirijamos nuestra oración sola y exclusivamente a Dios. Por todo lo que el pueblo pasaba no les quedó otra alternativa más que clamar. Buscar ayuda en el único lugar donde la podrían encontrar, en Dios. Recurrió a la fuente inagotable. Es necesario comprender que en situaciones de mucho sufrimiento, o dolor, o impotencia lo mejor es clamar a Dios. Necesitamos ver que solo en Dios podemos hallar esperanza a nuestras dificultades. Con un corazón desnudo, y con un enemigo expuesto es mas fácil pedirle a Dios que nos ayude. La presencia de Dios cercana a nosotros nos infunde un nuevo brillo. Nos da una total y absoluta seguridad. Por eso decía en la introducción que cuando oramos estamos expresando nuestra total y absoluta dependencia a Dios. Buscamos a Dios no como una opción o como la ultima alternativa, buscamos a Dios porque entendemos qué solo Él puede y sabe cómo ayudarnos en nuestra adversidad.

Tercero, dirijamos nuestra oración con humildad. El orgullo no es la mejor alternativa para salir adelante. Mas bien es el mas grande obstáculo que impide que busquemos ayuda. He conocido personas que pese a estar hundidas en el fango, prefieren mantenerse así antes que aceptar el auxilio que se les brinda. No tiene sentido estar hundiéndose y rechazar la mano que se nos tiende. Y que la mala reacción que muchos toman en medio de las circunstancias adversas es enojarse con Dios. Culparlo de todo y por todo. Hacerlo responsable a Él de lo que nos ha tocado vivir. Cuando Dios lo que busca es que nos acerquemos con corazones quebrantados y humillados.

En el siguiente articulo conoceremos la respuesta de Dios cuando escuchó los gemidos del pueblo y que hizo ante su clamor. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

 

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