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  1. Escuchan la Palabra pero el corazón se les ha endurecido

 En la introducción hablamos sobre la asistencia ininterrumpida a tres servicios de fin de semana, y contabilizamos 156 predicas, ahora, si llevásemos esto a otro extremo de dramatismo, en el cual analizáramos 5 años con iguales condiciones, esto nos daría un valor de 780 predicas. Ahora ¿qué pretendo con esto? Mostrar que numerosas personas han sufrido un efecto contrario después de escuchar cuantiosas veces la Palabra de Dios. ¿Cuál efecto? El peor de todos, un corazón endurecido. La Palabra de Dios no es aprovechada porque quienes oyen, han oído tanto ignorándola que su corazón ya se ha endurecido. Es como si se hiciera un callo en el corazón y este les quitara por completo la sensibilidad al mensaje. Quiero que veamos algunos ejemplos de personajes bíblicos que endurecieron su corazón al mensaje de Dios y las consecuencias de tal rechazo.

  1. El corazón de faraón, Éxodo 7:14 dice: Entonces Jehová dijo a Moisés: el corazón de faraón esta endurecido, y no quiere dejar ir al pueblo. Moisés y Aarón, se presentaron delante del poderoso faraón, pero este no podía oír nada de lo que los mensajeros de Dios le decían porque su corazón estaba duro como roca. El gran problema de esto es que fue Dios en su soberanía quien endureció el corazón de faraón. La razón por la que no escuchaba lo que ellos le anunciaban era porque Dios no se lo había permitido. 7:3-4 dice: y yo endureceré el corazón de Faraón, y multiplicaré en la tierra de Egipto mis señales y mis maravillas. Y faraón no os oirá; mas yo pondré mi mano sobre Egipto, y sacaré a mis ejércitos, mi pueblo, los hijos de Israel, de la tierra de Egipto, con grandes juicios. Toda una nación padeció grandes horrores por la dureza de corazón de su líder. Sí el hubiese escuchado la voz de Dios, las cosas posiblemente hubiesen sido distintas. Pero no lo fueron, así quiso Dios que fuesen. La Palabra de Dios se predica, y se puede escuchar como hemos dicho 780 años en cinco años o 156 en un año y un corazón endurecido no escuchará ni media palabra. Nuestra oración debería ser que jamás Dios endurezca nuestro corazón. Tanto el que escucha como el que predica debe ir confiando en que el Poder de la Palabra hará un efecto en su vida.

El corazón del rey Ezequías, entregó a Jeremías para que hicieran con él lo que desearan porque no creyó su mensaje. La razón, un corazón endurecido. A causa de eso Jeremías fue echado en una cisterna (letrina), Jeremías 38:5: y dijo el rey Sedequías: he aquí que él esta en vuestras manos; pues el rey nada puede hacer contra vosotros. Entonces tomaron ellos a Jeremías y lo hicieron echar en la cisterna de Malquías hijo de Hamelec, que estaba en el patio de la cárcel; y metieron a Jeremías con sogas. Y en la cisterna no había aguas, sino cieno y se hundió Jeremías en el cieno. Nuevamente sabemos lo que sucedió con el pueblo, el dolor terrible que sufrieron por no escuchar ni su líder ni ellos mismos la voz del profeta. Dios mandó a Jeremías a: tú, pues, ciñe tus lomos, levántate y háblales todo cuanto te mande… (Jer. 1:17a).

El señor Jesús contó sobre dos hombres, uno rico y un mendigo. Ambos murieron y fueron a destinos distintos. Lo que quiero remarcar es que en el momento de mayor tormento en el Hades del hombre rico, rogó a Abraham que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que les testifique, a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: a Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: no, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levante de los muertos, (Lc 16: 27-31). Él suplicaba que alguien, un muerto reviviera y les hablara sobre el tormento que sufren los que no escuchan la voz de Dios en vida. Pero Abraham le dice que no hay necesidad que vaya un muerto porque ahí esta la Palabra viva en Moisés y los profetas. Y si no escuchan el mensaje menos le creerán a alguien que diga que ha revivido solo para hablarles. Un corazón endurecido que no oye la voz de Dios como creerá a un muerto resucitado.

Podría seguir mencionando un sin fin de pasajes que muestran la dureza del corazón de hombres y mujeres, y las consecuencias que sufrieron por ello. Un concepto similar es cuando dice la Palabra: duros de cerviz. Hay “creyentes” duros de cerviz, duros de corazón. Oyen y oyen pero no creen porque el corazón ya no alcanza a percibir lo que Dios quiere decirles.

Conclusión

La Palabra de Dios por supuesto que es efectiva, poderosa, extremadamente impactante, pero tal como el Señor Jesús lo expone en Mateo 13, la Palabra es la misma, pero los terrenos donde cae la semilla es diversa. Una palabra predicada jamás será infructuosa. En Isaías 55:11 dice: así será mi palabra que sale de mi boca, no volverá a mi vacía sin haber realizado lo que deseo, y logrado el propósito por el cual la envié. La predicación tiene propósitos, los propósitos de Dios. Él sabe que pone en el corazón del predicador. Su finalidad es que cumpla un objetivo especifico en quienes escuchan, pero hay corazones que no logran atender la voz de Dios por las razones que hemos dicho: escuchan pero no tienen fe, escuchan pero no creen en el mensajero y finalmente escuchan pero su corazón endurecido no les permite creer.

Para un corazón así en Jeremías 23:29 dice el Señor: ¿no es mi Palabra como fuego y como martillo que despedaza la roca? Pero obviamente ninguna persona que es sometida a tal proceso puede no llorar. Hay corazones duros o impuros que necesitan de la dureza del martillo o de lo abrasivo del calor, pero el Señor cumple sus propósitos. Ninguno puede resistirse al poder de la Palabra, porque como dice en Hebreos 4:12-13 Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y mas cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta. Si una persona oye una predica y no la escucha, la Palabra de Dios conoce que en su corazón hay incredulidad, que hay resistencia al mensaje, que no importa cuanta verdad escuche simplemente no atenderá la voz de Dios. Me encanta como termina este pasaje: no hay cosa creada oculta a su vista. Todo esta expuesto ante el Dios Todopoderoso. El problema no es la semilla sino la tierra infértil.

Deseo para tu vida lo siguiente: que ores fervientemente para que tu corazón sea la tierra mas fértil posible, donde la Semilla de la Palabra de Dios germine, crezca sanamente, y de fruto al ciento por uno. Mientras tanto te digo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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