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Hemos leído que la Palabra de Dios debe ser escuchada con Fe. Porque al hacerlo esto producirá mas Fe en nosotros. Y que la falta de Fe es lo que no permite que la Palabra de Dios sea aprovechada. Ahora leamos que la Palabra de Dios muchas veces no impacta en nuestras vidas porque no le creemos al mensajero, al predicador.

 

  1. Escuchan la Palabra pero no le creen al mensajero

 

Para este punto vamos a dar por sentado dos cosas. Primero, que quien predica lo hace fielmente, es decir, estamos hablando de una predicación expositiva, bien estructurada, bien coordinada. Con buena exegesis, correcta interpretación y buena comunicación del Mensaje. Segundo, que quien predica mantiene un buen testimonio. Que es una persona irreprensible, que con su vida confirma el mensaje predicado. ¿Por qué es necesario esto? Para poder evitar que estos dos elementos sean los que lo descalifiquen para la comunicación del Mensaje. Y que esa sea la razón por la cual la Palabra de Dios no impacte la vida de algunos de nosotros. Como seres humanos constantemente estamos poniendo más la mirada en el mensajero que los oídos en el mensaje. Entonces por eso tengo que aclarar este punto, y debo recurrir al mejor de los ejemplos para demostrar que algunos no aprovechan el mensaje de Dios porque descalifican al mensajero, al Señor Jesús, varón perfecto, sin pecado, y a quien sin embargo muchos no le creyeron.

 

  1. En el Evangelio de Marcos dice que en cuanto Jesús pasó ayunando por cuarenta días, y fue tentado en el desierto, comenzó su ministerio terrenal. Tres de las cosas que de inmediato hizo fue predicar el arrepentimiento, anunciar el Reino de Dios (Mc 1:14) y enseñar en las sinagogas (Mc 1:21). Las personas que tuvieron la oportunidad de rodearlo y escucharlo se admiraban de su enseñanza. En 1:22 dice: y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas, es decir que las personas reconocían que existía una diferencia marcada entre los métodos pedagógicos del Señor Jesús y los maestros de aquella época. Que por un lado estaban los métodos tradicionales y por otro estaban los métodos novedosos con los que él había comenzado a enseñarles.

No fue una, ni dos veces en las que, quienes escucharon fueron sorprendidos por las Palabras del Señor. En el mismo capitulo dice que luego de sanar a un hombre que tenía un espíritu inmundo las personas exclamaron: ¿qué es esto? ¿qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? (1:27), sin embargo a pesar de todas estas manifestaciones maravillosas del Señor, las personas no creían a su mensaje porque le cuestionaban. Veamos algunos de los cuestionamientos que les impidieron creer y por los cuales la Palabra de Dios no impactó sus vidas.

 

Cuestionaban su descendencia familiar. En Mateo 13:53-57a dice que después que Jesús terminó de enseñar a través de varias parábolas, y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿de dónde tiene este sabiduría y estos milagros? ¿no es éste el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿no están todas sus hermanas con nosotros? ¿de dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de Él… Jesús causaba furor en sus oyentes. Pero vuelvo a enfatizar que no escuchaban el mensaje sino que cuestionaban al mensajero. Sus preguntas no iban mas allá de lo superficial.

 

Exactamente esto sucede hoy día. Pueden predicarse buenos mensajes, y abajo las personas están cuestionando al predicador. Hablando banalidades de él. La Palabra no les impacta porque piensan que el origen familiar del predicador no lo respalda. Conocen posiblemente la sencillez de su familia, o la escasez de recursos con los que han vivido y eso lo utilizan para desacreditarlo. O también están pensando que no tiene los títulos suficientes cómo para estar predicando la Palabra de Dios. O cuestionan sí fue o no a algún instituto bíblico o seminario, para expresarse como lo hace. Es decir que esto no debería ser tema de conversación mientras alguien expone la Palabra de Dios. Ni siquiera debería pensarse. A menos que fuera para agradecer su buena preparación. Aunque en realidad no es ni un instituto, ni un seminario, ni la habilidad para exponer la Palabra lo que hace bueno a un predicador, sino que es el respaldo de Dios lo que hace impactante su mensaje. Porque es Dios por medio de su Santo Espíritu el que le da gracia al mensajero.

 

La reacción de Jesús ante tales cuestionamientos fue de tristeza. No podía ser otra, porque observaba lo trivial que era el pensamiento de sus oyentes. Jesús les dijo: un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio pueblo y entre su propia familia (Mt 13:57b, NTV). Esto lo he experimentado en carne propia. Puedo decir cuáles eran las sensaciones del Señor en este caso. Puedes ofrecerte para apoyar a tu propia congregación, pero muchas veces encuentras mas cabida fuera de ella, que dentro. Gracias a Dios que puedes ir a cualquier otro lugar y las personas aprecian tus esfuerzos, tu servicio, aunque tristemente con los tuyos no sucede así.

 

La iglesia postmoderna esta plagada de hermanos a los que yo llamo “sensacionalistas” porque se dejan llevar por la “fama” de algunos predicadores. Llega un predicador de otro lugar, y es toda una experiencia subliminal, produce un gran alboroto, y pone a tope las emociones de algunos de los oyentes. Se dejan llevar mas por la emoción que por el mensaje. Puede pararse y decir casi cualquier barbaridad (no siempre es así) y le dicen amén. Mientras que cuando toman a hermanos locales, hay poca asistencia, menosprecio de su enseñanza, etc., aunque su mensaje sea asertivo, bíblico, y bien expuesto, poco importa porque él no viene de otro lugar, o no es tan reconocido en el medio evangélico.

 

Jesús lo experimentó y por supuesto que esta actitud tuvo también una consecuencia seria ¿Cuál? Por tanto –dice la Biblia– hizo sólo unos pocos milagros allí debido a la incredulidad de ellos, (13:58). Entonces, muchos feligreses no alcanzan a ser impactados por la Palabra de Dios porque no escuchan el mensaje sino que ponen los ojos en el mensajero. Pierden de vista lo que Dios quiere hacer en sus vidas por fijarse mas en cosas superficiales que en lo medular de la predicación. No pasa nada con ellos porque están mas atentos a simplezas que a verdades. Entran y salen de las reuniones congregacionales exactamente como entraron, vacíos. Grave error. Dios quiere obrar significativamente y lo hace. Únicamente en quienes oyen su voz y no en quienes ponen su mirada en las cosas terrenales.

 

Cuestionaban su autoridad

 

¿Con qué autoridad haces estas cosas? –le preguntaban los principales sacerdotes, escribas y ancianos a Jesús– ¿quién te dio autoridad para hacer estas cosas? –decían– (Mc 11:28), estaban sorprendidos, pero a la vez molestos. Jesús se manejaba de una manera que a ellos simplemente no les parecía correcta porque no cumplía con sus estándares, sus métodos, y sus reglamentos. Jesús rompió con los paradigmas de su tiempo pero no lo entendían algunos. No eran capaces de comprender las acciones y menos las palabras de Jesús porque estaban pensando más en el origen de la autoridad de Jesús.

 

La gran mayoría de las organizaciones se rigen por estatutos, reglamentos, normas que utilizan como base para determinar quien tiene y quien no tiene –según ellos– autoridad para predicar, pastorear, o ejercer cualquier ministerio dentro de sus organizaciones. Se requieren procesos largos, engorrosos para poder acceder a tales organizaciones. Si no estas autorizado por ellos nada de lo que hagas tiene la tan nombrada y famosa “cobertura”. Por lo tanto, no estas en la capacidad de poder hacer nada.

 

Entonces es necesario preguntarse ¿De dónde viene la autoridad para ejercer algún ministerio? ¿Quién da esa autoridad? ¿Cómo se recibe tal autoridad?

 

Estas preguntas se responden con varios pasajes, pero veamos únicamente Mc 1:9-10, aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre Él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Entonces, la autoridad proviene de Dios, es Dios quien la otorga. En pleno acto publico, la Trinidad se hizo presente. Dios Espíritu se posó sobre Jesús, empoderándolo para todo cuanto fuera a realizar en la tierra. Dios da la autoridad por medio del Espíritu Santo. La Biblia dice que todo siervo de Dios esta enteramente capacitado para toda buena obra cuando atiende el consejo de la Palabra de Dios que ha sido inspirada por Él a través de su Espíritu Santo (2Ti 3:16-17). Jesús tenía autoridad de parte de Dios. Todo cuanto hizo fue porque Él era Dios y el Espíritu estaba sobre Él. El principal elemento, recurso, o requisito que debe poseer todo ministro es la autoridad divina. Sin ella nada podemos hacer. La autoridad dada por Dios no es cuestionable. No debería ser. Pero como he dicho arriba, algunas instituciones descalifican a algunos hermanos porque no consideran que este tenga lo necesario para poder servir.

 

Es necesario decir también que se requiere mucho discernimiento para poder reconocer tal autoridad. Porque estamos viviendo tiempos en los cuales muchos salen con cada titulo auto impuesto que la Sana Doctrina no esta siendo expuesta. Se auto proclaman de tantas maneras aduciendo que tienen autoridad divina pero la realidad es que esto resulta mas un peligro que un consuelo. La autoridad divina es patente ante los ojos de los demás. Algunos ejemplos:

 

Los apóstoles Pedro y Juan dejaron boquiabiertos a quienes los escuchaban, Hechos 4:13 dice que: viendo el denuedo (temeridad, audacia) de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Las personas reconocían que las capacidades de ellos no provenían de ellos mismos, sino que era la consecuencia de andar con Jesús.

 

Esteban, el primer mártir, tuvo la capacidad de recitar grandes porciones de la Escritura veterotestamentaria (Hch 7:2-53) porque era un hombre lleno del Espíritu Santo (Hch 6:3, 8). Expresó todo lo que Dios había hecho con sus antepasados, no porque tuviera buena memoria, sino porque era un hombre muy espiritual. Tanto, que estuvo dispuesto a morir por la causa de Cristo.

 

Último ejemplo, el apóstol Pablo, quien dijo: así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el Poder de Dios, (1Co 2:1-5). El apóstol Pablo reconocía delante de la iglesia de Corinto que en ningún momento su mensaje era relevante por causa de una buena demagogia o retorica que él pudiera poseer. Mas bien era porque el Espíritu de Dios lo respaldaba y porque su mensaje era Cristocéntrico. A los de Tesalónica les dijo: porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el Evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.

 

Entonces, repito, la autoridad dada por Dios es incuestionable y es patente a los oídos de quienes escuchan el mensaje. Un predicador respaldado por Dios auténticamente, no debe ser cuestionado. La Palabra causará un efecto extraordinario cuando se acepta como Palabra de Dios.

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