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Introducción

Si pudiéramos hacer el recuento de un año de asistencia a la iglesia para conocer cuántas predicas escuchamos durante solo ese año, diría que aproximadamente serían unas 156 predicas. Esto pensando que el año tuvo 52 sábados y 52 domingos, además que en domingo hubo una predica por la mañana y otra por la noche y que asistimos ininterrumpidamente a ambos servicios. Cuando veo esa cifra diría que 156 predicas son muchas predicas. Son muchas oportunidades en las cuales hemos podido no solo escuchar el consejo de Dios para nuestra vida, sino que también hemos tenido la oportunidad que Dios nos corrija, enseñe, instruya, reprenda, llene de esperanza, consuele, anime, fortalezca nuestra fe, o nos recuerde cual es la misión a la que hemos sido llamados.

Sin embargo, me parece dramático y hasta triste, que a pesar que tenemos la oportunidad de escuchar tantas veces la Palabra de Dios, nuestras vidas parece que simplemente no han sido permeadas por ella. Que esa Palabra ha entrado por un oído y ha salido por otro. Que no ha sido tan relevante como para ser escuchada. Que aunque tenemos oídos no escuchamos. Esto me lleva a hacerme las siguientes preguntas: ¿Es inefectiva la Palabra de Dios como para ser ignorada? ¿Pueden algunos creyentes no ser afectados por Su Poder? ¿Es posible que una persona escuche la Palabra de Dios muchas veces sin llegar a ser confrontado por ella? ¿Puede una persona escuchar la Palabra de Dios continuamente y no alcanzar a comprender la grandeza de Su Autor?

En esta serie de artículos quiero que reflexionemos en tres razones por las cuales algunas personas no llegan a ser impactadas por la Palabra de Dios cuando esta se predica fielmente y cuales son las consecuencias para su vida.

  1. Escuchan la Palabra pero no la creen

Uno de los matrimonios fundamentales dentro del cristianismo es el que se da entre la Fe y la Palabra de Dios. Ambos son inseparables. Cada que se escucha la Palabra de Dios con Fe, esta debe producir mas Fe. El mismo apóstol Pablo escribió en la carta a los Romanos que: …la fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo, (Ro. 10:17), no podemos ni leer la Biblia, ni escuchar una predicación sin que esta produzca Fe en nosotros, como tampoco podemos escuchar sin creer que lo predicado es verdad. Ahora, es necesario decir que en el papel así debería suceder con todos, pero en la practica las cosas son distintas. Hay quien no alcanza ser impactado por la Palabra porque no la cree. No tiene Fe ni para escuchar como tampoco para que esa Fe se reproduzca en más Fe. Veamos algunos ejemplos.

  1. Hebreos 4:2 dice: Porque en verdad, a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva, como también a ellos; pero la Palabra que oyeron no les aprovechó por no ir acompañada por la fe en los que la oyeron.
    1. Contextualizando el pasaje, lo que el escritor esta diciendo es que al igual que en tiempos en los cuales el Pueblo de Dios peregrinó en el desierto y Dios habló, así mismo se nos ha anunciado la buena nueva a nosotros. Tal como les fue anunciado a ellos, Dios en este tiempo nos ha hablado, de hecho el mismo escritor de Hebreos dice al inicio de la carta: Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo, (He 1:1-2). Pero, el problema mas grande y que debe ser tomado en cuenta es que la Palabra hablada no fue aprovechada, no porque no fuera buena Palabra, o porque no fuera eficaz, o poderosa, sino porque quienes escucharon no la creyeron. No tuvieron Fe. Su incredulidad no les permitió ver más allá de lo que su mente comprendía. Sus ojos espirituales solo podían alcanzar a ver hasta donde sus ojos carnales tenían alcance.

¿Es posible eso? Por supuestos que es posible, las personas piensan que lo que la Biblia dice muchas veces no tiene lógica, no es congruente, o que simplemente es inexplicable. Piensan que algunas cosas son demasiado fáciles y otras demasiado complejas como para ser verdad.

Naamán el Sirio por ejemplo, cuestionó las palabras del profeta cuando este le dijo que únicamente con sumergirse siete veces en el Río Jordán sanaría de la lepra que padecía. Sus palabras fueron: he aquí, yo pensé: “seguramente él vendría a mí, y se detendrá e invocará el nombre del Señor su Dios, moverá su mano sobre la parte enferma y curará la lepra” ¿no son el Abaná y el Farfar, ríos de Damasco, mejor que todas las aguas de Israel? ¿No pudiera yo lavarme en ellos y ser limpio? (2R 5:11-12) Le pareció demasiado fácil lo que el profeta Eliseo le estaba pidiendo que hiciera. Dudó que solo bastaba con lavarse en un río que no se comparaba con los ríos de su país para poder sanar. No creyó que algo tan sencillo bastara para recuperar la sanidad en su piel. Sin embargo, algunos de la comitiva que lo acompañaban si creyeron. En ningún momento se había dirigido a ellos el profeta, pero escucharon con Fe. Sus oídos si estaban afinados para convencerse que era posible sanar de manera tan simple. Ellos estaban convencidos que las palabras del profeta eran verdaderas.

Tanto, que se atrevieron a hablarle a su señor: (…) se le acercaron y le hablaron, diciendo: padre mío, si el profeta te hubiera dicho que hicieras alguna gran cosa, ¿no la hubieras hecho? ¡Cuánto más cuando te dice: “lávate, y quedarás limpio! (2R 5:13). De aquí podemos aprender que cuando dentro de nuestras congregaciones algunos no tienen fe es necesario alentarlos para que crean. También que algunas veces es importante explicar algunos asuntos que no han quedado claros para que nuestra fe sea fortalecida. En Ro 14:1 dice Pablo: Aceptad al que es débil en la fe, pero no para juzgar sus opiniones, sino para que sea fortalecido en el Señor. Algunos son débiles en su fe y el Señor lo sabe, por eso invita a que quienes son mas fuertes ayuden a madurar a los débiles.

Siguiendo con Naamán el Sirio leproso, dice la narración que escuchó a sus siervos, creyó las palabras del profeta y se puso en acción. El vs 14 dice: entonces él bajó y se sumergió siete veces en el Jordán CONFORME A LA PALABRA DEL HOMBRE DE DIOS; y su carne se volvió como la carne de un niño pequeño, y quedó limpio.

La Palabra de Dios debe escucharse, creerse y ponerla por obra. Algunos escuchan pero no creen, otros escuchan, creen pero no la ponen por obra. Pero algunos la escuchan, creen y la ponen por obra, estos son los que dan fruto al ciento por uno. Son los que llevan mucho fruto. La Palabra tiene Poder, el problema es ese, que muchos no la acompañan con Fe.

¿Cuál es la consecuencia de escuchar sin Fe? Primero, Dios se enoja por causa de la incredulidad. A Su Pueblo, les juró que no entrarían en su reposo a causa de su falta de Fe (He 3:19). Y segundo, que la Palabra de Dios no les aprovecha. No produce en ellos lo que se espera que produzca, mas Fe.

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