En el articulo anterior hablamos acerca de la justicia que debían tener los discípulos. Dijimos que su justicia debía ser contraria respecto a la justicia de los fariseos. Después comenzamos a ver el otro contraste que existe en el pasaje. Por un lado esta la actitud de los fariseos por acumular tesoros terrenales y por el otro debe estar la actitud de los discípulos para acumular tesoros celestiales. Ahora veamos que no existen garantías para aquellos que se dedican acumular tesoros terrenales.

Falsa seguridad en almacenar tesoros terrenales

El mandato divino es: no os hagáis tesoros en la tierra, seguido del adverbio: donde, y luego sigue: la polilla y el orín corrompen y donde ladrones perforan y roban. La justificación del mandato tiene sus argumentos en lo perecedero que resultan ser estas riquezas terrenales. Para entender de mejor forma se analizaran brevemente las primeras dos de las amenazas en contra de los tesoros terrenales y la tercera se analizará de forma más extensa. En otras palabras Jesús ordena que los verdaderos creyentes no procuren dedicar su vida al almacenamiento de propiedades o bienes materiales, o riquezas como un fin primario. Porque en realidad este no es el sentido de la vida ni la ruta a seguir.

 

La polillapolilla

La primera de las precariedades que pueden sufrir los tesoros terrenales es el deterioro de las vestiduras por causa de la polilla[1]. Las personas de alta posición económica tenían por costumbre vestir bien. Con ropas caras y elegantes. Vestían con ropas lujosas. Rop
as teñidas de purpura[2] y elegantes como el lino fino.

Un lujo ostentoso reservado únicamente para personas que poseían grandes fortunas (Luc 16:19). Wilian Barclay describe este lujo de la siguiente manera:

“En Oriente, una parte importante de la riqueza de una persona consistía en ropa fina y elaborada. Pero tales cosas eran indignas de que se hiciera consistir en ellas el tesoro de una persona, porque las polillas las podían destruir, y su valor y belleza desaparecerían totalmente. No eran posesiones duraderas”.[3]


El orín

moneda_oxidadaEl orín probablemente indique la corrosión de metales, el hecho de que se corroe por la acción de los elementos químicos. También puede entenderse como corrosión. La corrosión es lo que se conoce como oxido, y este ataca severamente a los metales. La corrosión debilita estructuralmente a los metales usados en las construcciones y también devalúa su precio a la hora de venderlos. “Denota primariamente comida, de ahí, orín, herrumbre, porque figuradamente come o carcome los metales[4]. La corrosión marina sin duda alguna era uno de los elementos que afectaron a los metales del siglo I. Las monedas antiguas como el Dracma, el Denario y las Blancas, estaban hechas por metales como el cobre y la plata, estos de cierta manera podían ser afectados por la corrosión.

 

Los ladrones

Finalmente la tercera causa de deterioro en los tesoros terrenales es por causa de ladrones. “Según Josefo, el bandidismo social nacido al amparo de tales condiciones de vida eran muy frecuente en Palestina antes del reinado de Herodes el Grande y durante la primera parte del siglo I. Y desembocó naturalmente en la gran revuelta del 66 d.C.”[5]

lucas-19-45En tiempos bíblicos no era raro ver ciudades rodeadas por altos y espesos muros de piedra que servían como resguardo de sus habitantes. Entre mayor altura y espesor tuvieran las paredes mayor era la confianza que se tenía ante un posible ataque enemi
go. Al respecto el Dr. Wilton M. Nelson explica en su diccionario ilustrado de la Biblia que:

Las fortalezas eran edificios construidos para la defensa del pueblo. Las ciudades siempre eran sólidamente fortificadas, estas murallas eran de unos tres metros de grueso, y hasta diez metros de alto. Las murallas de Babilonia, según algunos historiadores, alcanzaron una altura de cien metros.[6]

 

En medio del fragor de las guerras, las personas de Palestina y muchos otros países acostumbraban a cuidar sus posesiones de distintas maneras, “la gente a menudo enterraba sus posesiones valiosas para evitar que las descubrieran. Sin embargo no siempre podían volver a recuperarlas. A veces el dueño moría, y el tesoro quedaba escondido por años”.[7] No existía seguridad sobre las posesiones porque los bandidos saqueaban las ciudades, “de allí que muchos valores hayan sido enterrados en lugares secretos. Esto era hecho muy a menudo por los hombres antes de irse al campo de batalla, o antes de emprender una larga jornada”,[8] nada garantizaba que al volver ellos recuperarían lo que poseían. Maestros antiguos como Hillel, un famoso maestro judío, generalmente reconocían la corruptibilidad de los tesoros terrenales. Debido a que los ladrones podían abrir boquetes en las paredes de una casa y robar la caja fuerte, las personas adineradas por lo general intentaban uno de otros varios métodos para resguardar sus bienes: invertir el dinero con los cambistas, depositarlo en un templo para su salvaguardia (aun la mayoría de los ladrones se resistía a la idea de robarles a los dioses, o esconderlo bajo la tierra o en cavernas, donde, sin embargo, la polilla (en el caso de prendas valiosas) o el óxido (en el caso de las monedas) podían con el tiempo destruir su valor.[9]

 

 

Notas al pie de página y fuentes bibliográficas:

[1] Las polillas, alevillas y mariposas pertenecen al gran orden de insectos llamado lepidópteros, esto es, insectos con alas cubiertas de escamas. A diferencia de las mariposas, las polillas a. constituyen la división más grande de esta orden, [p 360] b. son principalmente nocturnas, y c. tiene antenas que no tienen la forma ahusada.332 La referencia aquí en 6:19–21 es al pequeño insecto que deposita sus huevos en la lana. En su estado larval se alimenta de la tela hasta que la vestidura queda apolillada y es destruida (Is. 51:8; Lc. 12:33; Stg. 5:2). William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Mateo, (259-260).

[2] Telas de color purpura eran en extremo costosa por su tintura, los vestidos que se confeccionaban con ella pertenecían por lo general a personas adineradas y de la realeza. Lidia de Tiatira, mencionada en Hechos 16:14, era vendedora de purpura lo cual hace pensar que era una persona con recursos económicos, tales como para tener casa propia y albergar a hermanos de la fe. (Comentario extraído de la Biblia de estudio de John MacArthur).

[3] William Barclay, Comentario al Nuevo Testamento, trad. Alberto Araujo, (Barcelona, España, Editorial Clíe, 1995), 125

[4] Samuel Pérez Millos, Comentario exegético del griego del Nuevo Testamento, 425.

[5] Bruce J. Malina, Richard L. Rohrbaugh, Los Evangelios sinópticos y la cultura mediterránea del siglo I, trad. Víctor Morla Asensio, (Pamplona, España: Editorial Verbo Divino, 1996), 361.

[6] Dr. Wilton M. Nelson, Diccionario Ilustrado de la Biblia, 236.

[7] Dr. R.T. Kendall, Las parábolas de Jesús, trad. Miguel Mesías, (Miami, Florida, USA: Editorial Vida, 2005), 51.

[8] Fred H. Wight, Usos y costumbres de las tierras bíblicas, trad. Godofredo González, (Gran Rapids, Michigan, USA: Editorial Portavoz, 1981), 272.

[9] Craig S. Keener, Comentario del contexto cultural de la Biblia del Nuevo Testamento, trad. Nelda Bedford de Gaydou, Arnoldo Canclini, Gabriela de la Rocha, Raimundo Ericson, Miguel Mesías, Edgar Morales, José Antonio Septién y Ruben Zorzoli, (El Paso, Tex, USA: Editorial Mundo Hispano, 2003), 56

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