Espíritu Santo

Sellados para el día de la redención

 

Hasta ahora en el desarrollo de este escrito se ha referido acerca de la relación que existe entre el creyente y el Espíritu Santo, así como también cuales son las acciones que hacen que se ofenda. Dicho de otra manera cuales son las acciones que lo contristan. Ahora se hará referencia a un hecho importante, además de que se ofende a la Persona Santa que es, también se debe entender que el Espíritu Santo tal como lo dice en esta carta a los Efesios es el sello de garantía para la salvación a aquellos que han creído en el evangelio. El creyente recibe un gran favor, un favor inmerecido de parte de Dios quien no únicamente reconcilia a la humanidad sino que además garantiza una vida eterna tras sellarlos para un día venidero. El Espíritu Santo es el sello que garantiza que el creyente es propiedad de Dios. Este sello es lo que garantiza además que el creyente tiene una relación cercana con Dios. El llamado a la reflexión que hace el apóstol Pablo entonces sería porque contristar a quien nos redarguye, sella y confirma a los creyentes con Dios. Que mal puede hacer a una persona como para no entender que el Espíritu Santo es puro y no debe ser contristado. Klyne Snodgrass comenta:

Este versículo señala la incongruencia que representa agraviar a aquel que es la prueba que pertenecemos a Dios y estamos destinados a su futura salvación. ¿Por qué vivir contrariamente a aquel que ha puesto su sello de propiedad en nosotros y haciendo violencia a nuestro destino? Pablo trae acá la escatología en relación con la ética, y de nuevo expresa el doble enfoque en el presente y en el futuro.[1]

 

Y visto de otra manera en alusión a la misma referencia del texto, puede decirse que si existe una motivación de angustia, dolor o tristeza en el Espíritu Santo, dado que habita en la vida del creyente esto debe reflejarse de manera inmediata en cómo se muestra en el creyente ante los demás. El gozo, la espiritualidad, la seguridad y la confianza seguramente se verán afectados ya que el Espíritu Santo en gran manera no estará pleno en una vida que le provoca dolor.

Toda la existencia cristiana es un penetrar en el ser del gozo, en la que nos hace estar el Espíritu de gozo desde el bautismo. Pero el espíritu de Gozo, en el que nos hallamos nosotros, orientados hacia la redención futura, se “contrista” cuando nosotros, en nuestras acciones y palabras, no probamos si conservamos lo que somos por Él.[2]

 

A manera concluyente se puede agregar las palabras de Gordon Fee respecto a la comunión con el Espíritu Santo:

La comunión en el Espíritu Santo hace que este amor y Gracia sean continuamente reales en la vida personal de los creyentes y en la comunidad de fe.[3]

 

Por tanto la actitud de cada creyente debe ser no ofender a la promesa cumplida que colma la vida de los cristianos de una esperanza en una eternidad que es tan cierto como que Cristo resucitó de entre los muertos y está sentado a la diestra del Padre. ¿Cómo? Entendiendo que el estilo de vida que demanda la comunión con el Espíritu Santo es de pureza, santidad y piedad. Si una persona no alcanza a comprender el papel que el Espíritu Santo desempeña en su vida, si no le da lugar a obrar en todas las áreas, es muy poco probable que esa regeneración espiritual se de por completo. El Espíritu Santo tiene un campo de acción definido, la vida de las personas. No podemos pensar que vivir vidas pecaminosas y vidas en Santidad son mutuamente compartidas, por el contrario son excluyente una de otra. Vivir por el Espíritu significa que podamos permitirle a Él que nos dirija, nos guíe, nos enseñe todo aquello que nos lleva hacia la vida que agrada a Dios. Es procurar que el cuerpo, es decir el Templo sea cada vez mas completamente lleno de Su Santa Presencia. La consecuencia de esa plenitud espiritual será manifiesto ante todos los demás, además cada cosa que hagas tendrá mejores posibilidades de alcanzar bendiciones a los demás.

Como siempre me despido diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

 

 

 

 

 

 

[1] Klyne Snodgrass Comentario de Efesios: del texto bíblico a una aplicación contemporánea, (Editorial Vida, 2009). 308.

[2] Heinrich Schlier La carta a los Efesios. (Ediciones Sígueme, 2008). 298-299.

[3] Gordon D. Fee, Pablo el Espíritu y el pueblo de Dios,(Editorial Vida, 2007). 42.

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