Cristo murió por los pecadores

Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. (1Timoteo 1:15)

 ¿Qué es el pecado?

Se dice que Dios es Santo, sus estándares son altos, puros, y exigentes, es incomparable su pureza a cualquier cosa que consideremos pura en la tierra. La Esencia de Dios es incontaminada, es totalmente limpia. No existe nada que sea corrompido en Él. Entendiendo esto podemos decir entonces que: “pecado es cualquier desviación grande, mediana, pequeña, minúscula, microscópica que el ser humano haga del estándar de Dios”, o como lo define Wayne Grudem, “el pecado es no conformarse a la ley moral de Dios en acciones, actitudes o naturaleza”, (Wayne Grudem, Teología Sistemática, Pág. 513).

 ¿Qué es ser pecador?

 A partir de estas definiciones podemos decir que: todos los hombres somos pecadores, porque nos hemos desviado completamente de los estándares de Dios. No microscópicamente sino macroscópicamente. Nos hemos desviado porque no nos hemos conformado, amoldado, o adaptado a los estándares morales de Dios. Nuestras acciones y nuestras actitudes reflejan que el pecado impera en nuestras vidas. Esto es porque desde el principio nuestra naturaleza es pecaminosa. Estamos inclinados hacia el pecado. Nuestros actos pecaminosos corresponden a nuestra naturaleza pecaminosa. No estamos buscando a Dios porque no existe justicia en nosotros. El apóstol Pablo es claro al decir en la carta a los romanos, lo siguiente:

 No hay justo, ni aun uno; no hay quien busque a Dios. Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. (Ro. 3:10b-12).

 En ningún rincón de la tierra puede hallarse ninguna persona que no sea considerada pecadora. Todos somos pecadores delante de los ojos de Dios. De acuerdo a este pasaje no existe una sola persona que sea justa y tampoco existe quien, este buscando a Dios. No puede, ni lo entiende. La Biblia señala claramente que todos nos hemos desviado de los estándares rectos de Dios, no sabemos hacer lo bueno, no sabemos lo que es bueno, no anhelamos lo bueno, todo lo contrario, todos hacemos por naturaleza lo malo. Existen personas que son muy correctas, educadas, que no son problemáticas, o que no roben, que no maten, que incluso le hagan bien a otras personas, pero al igual que cualquier persona tiene áreas oscuras en su vida que no le permiten ser considerado como absolutamente puro. Ejemplifiquémoslo de la siguiente manera: el agua pura, traída de las montañas, de apariencia cristalina, es embotellada bajo altos estándares industriales, pregunto ¿es totalmente pura? No. Porque desde que fue procesada hubo algo que hizo que perdiera su pureza. El contacto con el plástico ya no la hace totalmente pura. El contacto con el medio ambiente, con los químicos de la botella, con los químicos de la pintura etc. la convierten en totalmente pura. Aparentemente es pura pero no lo es. Igual con las personas pueden tener muchos aspectos destacables en su vida, pero no son totalmente puros. No hay justo, no hay ni siquiera uno.

 El efecto del pecado en mi vida

 Por supuesto que el no saber hacer lo bueno, el no anhelar lo bueno, y desviarse de los estándares de Dios, me convierte en un opositor y enemigo de Él. Una persona no puede estar cercano a su enemigo, porque tiene miedo que le haga daño, su presencia lo ofende, lo desprecia, lo repudia, no desea tener cerca a quien no le parece ni un poquito agradable. Considera que sus actitudes, sus acciones son despreciables. Con sus hechos lo ofende. Bueno nosotros somos enemigos de Dios por causa del pecado. A causa de nuestras acciones, actitudes o por nuestra naturaleza pecaminosa somos enemigos de Dios. Nuestras actitudes y acciones constantemente lo desagradan Él. Consecuentemente entonces el pecado, también citando a Pablo nos aleja de Dios. No podemos gozar de la Gloria del Dios Altísimo por nuestra condición pecaminosa, (Ro. 3:23). Estamos destituidos, privados, de poder gozar cualquier Don de Dios a causa del pecado. Volviendo a la figura anterior, ningún enemigo de un Rey, podrá jamás ser convidado a un banquete, a una reunión, que él organice, esto solo esta reservado para los amigos, para los que son afines al Rey. Bueno con Dios no podemos tener convivencia por causa del pecado.

En el próximo articulo continuaremos con este tema, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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