En los artículos anteriores vimos como la Presencia de Dios se dio a conocer a los otros pueblos, y también como se manifestó entre su pueblo. Ahora diremos que:

La presencia de Dios es sublime en tu vida

 Entre el Antiguo Testamento y el Nuevo, las cosas cambiaron mucho respecto a la manera en que se manifiesta la Presencia de Dios en medio de la humanidad. Pasó de ser una Columna de Fuego y una Nube a tener una forma humana. Jesucristo es Dios, y se manifestó a su Pueblo. También, estuvo en medio de ellos tal como lo estuvieron la Nube y la Columna. Caminó con ellos, se manifestó con poder. Se trasladó de un lugar a otro. También Jesucristo fue seguido tanto por sus discípulos como por multitudes. A donde Él iba ellos iban, tal como pasó en tiempos de Moisés y Josué. Si la presencia se movía ellos se movían. Si la presencia paraba ellos paraban. La voluntad de ellos estaba sujeta a la Soberanía de Dios. Jesús durante su ministerio terrenal fue la presencia de Dios encarnada para todos los hombres. Todos los hombres se asombraron con las señales que Cristo realizaba, con sus milagros, con su manera de hablar, con su autoridad sobre la naturaleza y sobre los espíritus demoniacos. Muchas bocas se quedaron con la boca abierta cuando vieron como tenía poder hasta para resucitar muertos, o hacer caminar a los cojos, devolver la vista a los ciegos y hacer oír a los sordos. Al igual que en la antigüedad hubo quienes se intentaron oponer a Él pero todos sus intentos fueron en vano, fracasaron. Y no pudieron porque Cristo es Dios.

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Jesús mismo le dijo a Felipe luego que este le pidiera que les mostrara al Padre: ¿tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? Quien se encuentra con Jesús se encuentra delante de Dios mismo. El apóstol Pablo escribió a los Colosenses hablando de Cristo como el Dios mismo en la tierra lo siguiente: Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, (Col. 1:9), de igual manera Juan testificó tanto en su Evangelio como en su primera carta que Cristo es Dios y él con el resto de apóstoles estuvieron cerca de él, y aun cuando otros lo rechazaron, muchos no lo hicieron, y que ellos fueron fieles testigos de su humanidad y su deidad:

 Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo. En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A los suyo vino, y los suyos no le recibieron. (Juan 1:10-11); lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida, (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó).

Jesus en medio nuestro

Yo agrego que Juan no solo podría decir que lo vio y lo palpó sino que también tuvo el honor de recostarse en su pecho en su última cena. Por eso tenemos que alabar a Dios porque siempre ha provocado que la humanidad se acerque a Él y aquello que antes estuvo reservado para un pueblo, Él lo hizo extensivo para los demás pueblos. Hoy toda lengua y nación tiene la posibilidad de tener esa presencia de Dios en su vida a través de Jesucristo su hijo. Muchos lo rechazan, pero no saben que no contar con la presencia de Dios en sus vidas es como intentar manejar un carro sin motor. Es como si camináramos sin saber hacia donde nos dirigimos. La presencia de Dios se materializó para que se abriera la puerta hacia su presencia a través de Cristo. Dios siempre ha querido mostrarse a sus hijos, ha querido que lo conozcan mas de cerca, por ello no se aferró a su naturaleza de Dios y se despojó y se hizo hombre, porque sabía que haciéndolo sería capaz de entendernos en cualquiera que fuera nuestra necesidad.

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Con la llegada de Cristo al mundo el Reino de los Cielos se acercó a los hombres. Aquella Gloria que vieron y oyeron los israelitas del tiempo antiguo hoy estaba presente entre ellos. El mismo Hijo de Dios estaba mostrándoles las cosas que el Padre había pedido que les mostrara. La Presencia de Dios inundó vidas, hogares, lugares, ciudades, rompió con la enemistad que existía entre los pueblos de la tierra. Vino a re orientar al Pueblo de la Ley a través de la interpretación que les Dios. La presencia de Dios se transfiguró delante de los discípulos y les habló. La presencia de Dios les dijo: este es mi hijo amado en quien tengo complacencia, a Él oíd. La presencia de Dios en la tierra les enseñó a orar, a amar, a perdonar y a dar su vida por los demás. ¡Oh Gloriosa presencia de Dios en medio de nosotros! Porque tu hijo vino a afirmar tus promesas que jamás nos dejarías sin Padre.

Espera mañana la cuarta y ultima parte de esta serie de artículos, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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