El amor no se goza de la injusticia, más se goza con la verdad. (1Cor. 13:6)

El día que cayó el muro de Berlín el mundo se llenó de regocijo, la alegría se desbordaba principalmente en Alemania. Desde todas partes

el gozo del amor de la tierra se celebraba que finalmente había caído. Este hecho es histórico, y siempre quedará en la mente y en el corazón del pueblo alemán. Eso si, hay de caídas a caídas, otra es una que hallamos en la Biblia, una que también dio otro pueblo, Israel, motivos suficientes para sentirse feliz, la caída del gran Goliat. El pueblo de Israel sufrió las amenazas del gigante, los insultos y sus humillaciones por cuarenta días. Por eso el día que cayó no podrían haber menos que cantos por su muerte. Cantaron, palmearon y danzaron, y es que no era para menos. Ahora bien, venimos de una caída histórica, a una bíblica, a otra no menos importante y es de la que yo quiero contarte en este articulo, de antemano te digo que entre cada una de las anteriores y esta existe mucha diferencia. En esta contrariamente los motivos para gozarse son otros.

 En el capítulo trece de la carta a los Corintios habla sobre el amor. Pero no de la forma en la que comúnmente se aborda este tema, sino como el vinculo que da sentido a los dones que edifican a la iglesia. El amor es el don que esta por encima del resto de dones. En 13:4-7 Pablo menciona quince características del amor. Usa el amor ágape que quiere decir: amor sacrificial, de entrega sublime, no es un amor basado en la complacencia, ni en un simple afecto, mas bien es un darse de manera voluntaria, sin condiciones o movido por intereses ajenos al mismo deseo de entregarse.

 En este articulo quiero centrarme en lo que Pablo describe en el verso 6, y responder la pregunta: ¿Qué quería decir Pablo en 1Corintios 13:6, al decir que: el amor no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad?

Amor

El amor no se goza de la injusticia

Para responderla se analizará el pasaje en dos secciones. La primera parte del versículo dice: El amor no se goza de la injusticia. El Dr. Gary Williams propone que: “el amor no se goza cuando otro cae en hacer injusticia”.[1] Adikía se traduce como “injusticia, es un engaño carente de rectitud, es pecado, iniquidad o maldad”.[2] Si una persona, es engañada, o engaña a otros, comete pecado o hace maldad, el amor no se goza de tal circunstancia. No puede hacerlo porque no corresponde a su naturaleza. El amor mas bien como dice Simón J. Kistemaker “se entristece por los pecados que la gente comete unos contra otros”.[3] El amor tiene la sensibilidad de condolerse por las fallas que otros hacen en contra de los suyos. No puede sentirse feliz si ve que alguien cae en desgracia. El salmista escribió: no se alegren de mi los que sin casusa son mis enemigos, ni los que me aborrecen sin causa guiñen el ojo, (Salmo 35:19), porque quien se jacta del dolor ajeno dice Proverbios 17:5 no quedará sin castigo.

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Las personas llenas de este amor verdadero deben sentirse afectados cuando un hermano peca, y no aprovechar las circunstancias para juzgarlo y destruir su reputación. La gran mayoría de nosotros ha caído en el error de juzgar a otros cuando han pecado. Algunos hasta han esperado con ansias y malicia ese día. He visto que con la fiebre de las redes sociales las noticias mas penosas de otros se dan a conocer inmediatamente. Rápido nos enteramos de cosas que son escandalosas. Decimos: bien merecido lo tiene, ya era tiempo. No que muy santito…Y muchos inmediatamente empiezan a decir toda clase de improperios, publican los peores comentarios, en contra de los hermanos que caen.

 Cuando observo esto pienso que no se si se nos ha olvidado que estamos en medio del fragor de una batalla espiritual que no tiene opción a tregua. Donde cualquiera puede ser el siguiente en caer. Por ello Pablo decía que quien piense estar firme, estar pendiente de sus flancos para no caer. Debe estar mas que alerta porque en este fuego cruzado cualquiera puede salir herido. El amor verdadero no puede sentir ningún tipo de gozo al ver que una persona ha caído en la falta que sea. Porque para quienes aman como la Biblia dice que deben amar “no hay ningún gozo al contemplar el pecado de los demás. No encuentra en el pecado de otros la oportunidad para jactarse de su propia vida relativamente sin pecado”.[4]

 Lo que debemos entender es que “en el amor verdadero no hay espacio para “schadenfreude” es decir para el sentimiento de alegría creado por el sufrimiento e infelicidad del otro”.[5] Ninguno de nosotros ha sido llamado para sentir gozo por la desgracia de otro. No hay cabida a un sentimiento de alegría por el dolor de otros. Se que muchas veces hay personas que no nos resultan tan gratas, o no son tan cercanas, pero esto tampoco es una razón para gozarse. Mas bien como dice Gordon Fee, quien ama: “ debe rehusar deleitarse en el mal, ya sea en sus formas mas generales (la guerra, opresión a los pobres) o en las mas inmediatas: el pecado de un hermano o hermana, una mala acción de un hijo”.[6] Rehusarse es no permitirse, no dar lugar, no esbozar ni la mas leve sonrisa de complacencia por la desgracia de otros. La regla de oro dice que todas aquellas cosas que te gustaría que otros hicieran por ti, tu deberías hacerlas. Puedes cambiar por un momento el cuadro y ponerte en el lugar de aquella persona que ha pecado, el grado de vergüenza que puede estar sintiendo, o el grado de tristeza profunda que debe sentir después de haber ofendido a su Señor. ¿Cuantas manos desearías que estuvieran extendidas para ayudarte a levantar? Pero la realidad que las únicas manos que están delante de quien cae, son las que están acusando, señalando y aplaudiendo…

 dave_grohl

Espera mañana la segunda parte.. mientras tanto como siempre te digo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible

[1] Gary Williams, Notas expositivas de 1Corintios, Pág. 71.

[2] Alfred Tuggy, Léxico griego-español del Nuevo Testamento, (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 1996), 602.

[3] Simón J. Kistemaker, Comentario al Nuevo Testamento: 1Corintios, (Gran Rapids: Libros Desafío, 1998),402.

[4] Comentario Mundo Hispano, tomo 20, (El Paso: Editorial Mundo Hispano, 2003), 111.

[5] Comentary of The New Century Bible (Londres: Oliphants, 1971), 127.

[6] Gordon Fee, Primera epístola a los Corintios (Grand Rapids: Nueva Creación, 1994), 724.

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