Señor, no te tomes tanta molestia, pues no merezco que entres bajo mi techo. Por eso ni siquiera me atreví a presentarme ante ti… (Luc. 7:6-7a)

La humildad es lugar a dudas, una de las grandes virtudes un ser humano puede tener. Porque esta lo lleva a reconocer cuales pueden ser sus alcances y así mismo cuales pueden ser sus limitaciones. En el texto citado para este articulo destacamos la humildad de un hombre que no era cualquier hombre en su época. En el contexto de este pasaje se dice que quien pronunció estas palabras tan sencillas, tan cargadas de humildad fue un centurión romano, un oficial de la milicia romana, quien estaba acostumbrado a dictar ordenes a cada momento, puesto que él tenía a su cargo un “grupo aproximado de cien soldados”, (Biblia MacArthur), los cuales todo el tiempo cumplían sin ninguna queja sus mandatos.

Además de ello este hombre gozaba de buena posición económica, porque dice en el v. 5 que les había construido una sinagoga a los judíos de Capernaúm, lugar donde se encontraban en ese momento. Otra característica no habitual en este oficial es que era un hombre de buenos sentimientos, ya que él mandó a pedirle a Jesús que fuera para sanar a uno de sus empleados que estaba bastante delicado de salud, casi en agonía (v.2), y digo que era poco común para un oficial porque estos hombres normalmente no mostraban ninguna clase de afecto, porque esto los hacía verse débiles, mas bien eran conocidos por ser fuertes, despiadados y crueles con los demás hombres. Su cargo les obligaba a ser rudos, y hasta abusivos puesto que debían mantener el orden dentro del gran imperio romano usando la violencia si era necesario. A ellos se les consideraba mercenarios y ambiciosos al dinero porque ayudaban a la recaudación de los impuestos.

Centurion

Habiendo dicho esto, es mas fácil comprender entonces porque este hombre con humildad reconoce delante de Jesús que era indigno, que no merecía que Jesús estuviera dentro de su casa. No solamente porque habitualmente un judío no compartía con un romano, sino porque también él entendía que Jesús era Santo, y él mas bien se sentía un vil pecador. Este hombre mostraba con esta actitud que tenía temor de Dios, que aun cuando estaba acostumbrado a mandar a muchos hombres, por la autoridad que tenía como oficial romano, Jesús estaba por encima de su autoridad y se la respetaba. Entendía quien era Jesús y el poder que tenía porque no le ordena que sane a su siervo sino que le manda a pedir que lo haga.

La palabra pedir acá puede entenderse con un tono de suplica desesperada, urgente, puesto que el siervo esta cercano a la muerte. Este soldado reconoció que Jesús tenía autoridad celestial porque le dice que no entre a su casa, que no es necesario que lo hiciera, puesto ve a Jesús con tanto poder para sanar a su siervo que le dijo: con solo una palabra que digas, quedará sano mi siervo. Resalto la frase: con una sola palabra que digas, que impresionante la fe de aquel oficial, él creyó que Jesús podía sanar cualquier enfermedad sin importar la gravedad de esta, incluso por sus palabras yo veo que él reconoció que Jesús tiene tanta autoridad que aun a la misma muerte era capaz de vencer. No solo me impresiona la forma tan humilde y llena de fe con la que aquel hombre le suplicó a Jesús aquel día, sino que también el Señor quedo sorprendido, Él dijo: al oírlo, Jesús se asombró de él y, volviéndose a la multitud que lo seguía, comentó: les digo que ni siquiera en Israel he encontrado una fe tan grande. De este oficial romano yo puedo aprender al menos tres lecciones.

CENTURION SUPLICA A JESUS

 La primera Semilla de Fe es: Reconocer con humildad mi condición espiritual delante de Dios, no es difícil llenarse de orgullo, y altivez cuando conseguimos títulos universitarios, o buenas posiciones laborales, o cuando contamos con un buen capital económico, o cuando nos encontramos ocupando lugares prominentes dentro del liderazgo de la iglesia, porque todo esto nos da poder. Poder para mandar, para obligar o para imponer nuestras voluntades sobre otros. Incluso nos sentimos tan poderosos que pensamos que Dios esta a nuestro servicio, que es como un sirviente que debe hacer todo lo que yo le pida que haga. Que mientras oro puedo ordenarle que me sane o me de todo lo que le pido. Que debe hacerlo porque alguien me dijo que debo arrebatar mis promesas. Como decimos en Guatemala: momento pueblo, Dios no es mi sirviente, no es mi genio de la lámpara, Dios es el Todopoderoso, el Rey Majestuoso, el Tres veces Santo, quien merece que yo doble mis rodillas delante de Él, que agache mi cabeza y me postre para dirigirme a Él. A quien debo reconocer que esta muy por encima de mis títulos banales y simplones tal como lo hizo este soldado. Porque como hemos visto nunca se acercó a Jesús imponiéndole a que hiciera lo que él quería, todo lo contrario se siente incapaz incluso de dirigirse directamente a Jesús, porque él sabía que delante de él era indigno. Impuro, perverso, era pecador. Una gran lección para nosotros hoy día que creemos que ya estamos en un nivel espiritual tan elevado que no debemos preocuparnos por nuestras disciplinas espirituales, se nos olvida que todos los días necesitamos de Dios.

DELANTE DE JESUS

Mas bien debemos entender que delante de Jesús nuestra vida necesita un palabra suya para liberarnos de nuestra agonía espiritual. Delante de Jesús solo nos queda decir que somos indignos porque Él tiene la autoridad celestial sobre nuestras vidas. Tal como le dijo Dios a Moisés desde la zarza: quítate el calzado porque la tierra que pisas es santa. Delante de Jesús nos debemos despojar de todo aquello que lo ofende, todo aquello que él no tolera, como el orgullo absurdo que mostramos. Delante de Jesús debemos suplicar por sanidad espiritual con urgencia tal como aquel centurión. El hecho que ya hayamos alcanzado ciertas cosas terrenales no me da nunca la autoridad para imponer mi voluntad por encima de Jesús. Es por ello que yo te invito a que te examines y veas si es que te has llenado de orgullo, que veas si has querido ocupar el lugar que solo a Dios le corresponde en tu vida. Si así ha sido, hoy es el momento en que entiendas que Dios esta por encima de todo y de todos. Que tu al igual que yo eres un pecador necesitado de su perdón.

Mañana daré la segunda Semilla de Fe extraída de este versículo, mientras tanto Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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