Cuando José llegó adonde estaban sus hermanos, le arrancaron la túnica especiales de las mangas largas, lo agarraron y lo echaron en una cisterna que estaba vacía y seca. Luego se sentaron a comer… (Gen 37:23-25a)

Jose-a-la-cisternaMiedo, angustia, gemidos, sollozos, gritos desesperados, lamentos, y una lista interminable de emociones, son las que debió sentir el joven José mientras estaba en el fondo de aquella cisterna, oscura y estrecha donde sus hermanos lo habían arrojado. Para entender un poco mas, quiero decir que: “las cisternas eran excavadas sobre el fondo rocoso para almacenar agua de lluvia. Proveían agua para las personas y los animales durante la mayor parte de tiempos secos. Cuando estaban vacías, a menudo servían como celdas temporales para prisioneros”, (del Comentario del contexto cultural de la Biblia, John H. Walton), además al estar vacía era fácil que se llenara de toda clase de alimañas que ponían en riesgo la vida de José. En ese lugar oscuro y peligroso, fue a donde como a un vil prisionero, mandaron estos miserables a su pequeño hermano. Lo trataron sin misericordia, sin consideración, olvidando por completo el lazo sanguíneo que los unía. Olvidando además, las veces que se sentaron juntos a comer, los días en que celebraron los cumpleaños, y todos aquellos momentos que vivieron juntos como la gran familia que eran. Olvidando el dolor y la amargura que provocarían a toda la familia cuando supieran sobre la muerte del pequeño José. Solo el odio, la ira, y la envidia, pueden cegar tanto a un hombre, para que este pueda olvidarse de todo con tal de llevar a cabo sus planes perversos.

Las horas dentro del pozo

 Estoy casi seguro, que José ya cansado de gritar con desespero que lo sacaran de aquel horrible lugar, y de intentar subir por las paredes del pozo, entre lagrimas la pregunta que se hizo una y otra y otra vez fue: ¿por qué están haciéndome esto mis propios hermanos? Quiero creer también, que las respuestas podían ser muy pocas, porque tu nunca esperarías que el mal pueda venir a tu vida desde tu propia familia. José nunca había sentido la fría soledad, ni el abandono porque siempre estuvo rodeado de amor. De mucho amor. Su padre lo amaba tanto que esta le había regalado una bella túnica de colores, la cual se convirtió en el detonante de la ira de sus hermanos y ahora solo era un montón de pedazos porque ellos se la habían arrebatado momentos antes de tirarlo en aquella pocilga. Pero ese día, por primera vez estaba solo. Sin nadie que pudiera ayudarlo. Ahí sentado, cansado y tembloroso, mientras que arriba sus hermanos reían y celebraban su victoria comiendo y bebiendo pues finalmente se habían desecho del hermano incomodo, el cual nunca mas volvería a molestarlos con sus tontos sueños de grandeza y tampoco presumiría su tan delicada túnica de colores. Cada risa eran como puñaladas para el confundido José. Las fuerzas de a poco lo abandonaban al no ver ninguna posible solución a su problema.

Identificado con José

 No es difícil poder identificarse como lectores de la Biblia con la angustia o el dolor o la amargura que José experimentó dentro de aquel frío pozo. Porque cuantas veces tu o yo nos hemos sentido exactamente de esa manera. Cuantas veces no hemos estado sumergidos en la fría soledad, o en el abandono, o en la tristeza y desconsuelo por circunstancias duras que han llegado a nuestra vida. Porque como José hemos estado sumergidos en el pozo de la desesperación.

Es fácil identificarse con la fatiga, o la desesperación de José cuando hemos hecho grandes esfuerzos por evitar que el cáncer o cualquier otra dura enfermedad le gane la batalla a uno de nuestros seres queridos. Todos los esfuerzos médicos, económicos que se hicieron para que al final como José solo nos quedamos sin fuerzas y sin nadie que nos saque de este hoyo profundo y solitario. Pensamos que hubiese sido mejor que esto pasara contigo y no con tu padre o con tu madre o con alguno de tus hijos. Que sería mejor morir a sentir ese dolor que te desgarra el corazón. Que sería mejor dormir y no pensar en que vas hacer de acá en adelante cuando busques la sonrisa o el consejo o los brazos de esa persona que se ha ido. No sabes como vas a reaccionar cuando comas su comida favorita, o cuando llegue su día de cumpleaños y no puedas darle lo que tanto quisiste darle. No sabes como podrás salir de aquel terrible pozo de la desesperación cuando quieras sentarte a su lado y veas que su silla ha quedado vacía y que lo único que puedes ver es la silueta que quedó marcada en tu mente. Imagino a José gritando, revolviéndose de angustia, tal como pienso que le pasa a todos los que que hoy están sufriendo la dolorosa perdida de un ser amado. Por eso digo que es fácil identificarse con él en medio de aquel oscuro lugar, porque así debe sentirse la vida, oscura y vacía cuando se va de nuestro lado alguien a quien amamos tanto.

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 Es fácil identificarse con la soledad y la incapacidad de José, cuando como esposos vemos que nuestro matrimonio esta destruido por causa del adulterio. Que aun cuando se han hecho esfuerzos por recuperar la confianza nuestro matrimonio esta súbitamente condenado al divorcio. Estoy seguro que como José dedicas horas y horas para responderte la pregunta: ¿qué hice mal para que a quien yo amo tanto me hiciera este terrible mal? Y repasas en tu mente y no encuentras los porqués y te culpas de todo. Piensas que el problema esta en ti. Que si pasó esto es porque tu fallaste, porque tu no diste lo suficiente para que las cosas funcionaran. Tu almohada se convierte en el recipiente donde muchas de tus lagrimas caen todas las noches. Y tus actividades diarias se convierten en montañas altas que debes escalar pero no tienes fuerzas para dar el primer paso. Cada risa y alegría que ves en otras matrimonios para ti son como lo eran para José las risas de sus hermanos, golpes duros que atraviesan tu pecho como lanzas filosas y te hieren tan fuertemente que es inevitable el llanto y el amargo sentimiento que deja la incapacidad. NO te cabe en la mente que al igual que a José sus seres mas allegados les hicieran daño. Si tu has dado tanto amor piensas que lo mismo habrías de recibir. Como pudo dañarte esa persona por la que cuidaste cada detalle de sus cosas. Como pudo lastimarte a quien les has entregado cada segundo de tu vida con tanta devoción. Simplemente no puedes entenderlo porque jamás esperas daño de las personas que piensas que te aman. Y piensas como puedo enfrentar la vida de acá en adelante, como les voy a decir a mis hijos, como lo van a tomar y mientras piensas en los demás tu sigues sintiéndote miserable.

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Es fácil identificarse con la soledad de José, cuando como mujer o como hombre ves que tu vida no esta en el lugar en donde habías planeado años atrás. Quizás te habías imaginado que para la edad que hoy tienes, tu ya estarías casado, con la pareja de tus sueños, viviendo en la casa que siempre quisiste, manejando el carro del color que deseaste desde niño. Trabajando en la profesión que muchas veces repetiste de niño o en el tipo de negocio que siempre quisiste tener. Hasta pensaste como te recibiría tu perro cada vez que llegaras a casa. Y sin embargo, nada de eso es real. Todo lo contrario, estas solo, pagando alquiler a un dueño abusivo y exigente que año a año te incrementa la renta, transportándote en bus y trabajando en donde no imaginaste que lo harías. Te sientes solo, cansado y triste. Anhelando todo aquello que imaginaste y que no esta. Trabajas y trabajas y no logras salir adelante. Pasan los años, has emprendido buenos proyectos pero tal parece que la vida se ensañado contigo y no logras ni una sola de tus metas. Te esfuerzas por verte bien, pones tu mejor cara pero la realidad que como José estas gritando a gran voz por ayuda, suplicas que alguien te diga que todo va estar bien. Te estas muriendo sin que nadie lo sepa, sin que nadie te escuche, sin que nadie te entienda. Deseando como José que los brazos de Jacob lo rodeen y lo abracen tan fuerte que lo hagan sentirse seguro aun en medio de aquel momento amargo. Pero nadie esta ahí. Las palabras que te dicen para ti no tienen sentido, o te ayudan por un momento nada mas. La realidad es que te sientes solo y sin fuerzas para seguir adelante. Sin ganas de intentar subir por las paredes del pozo de la soledad.

mujer fracasada

Repito, es fácil identificarse con todos estos tristes sentimientos que José sintió dentro del pozo de la desesperación, pero también puedes identificarte con algo que fue su característica principal y de lo cual te contaré en la segunda parte de este articulo, y si tu te has identificado con este articulo, lee el día de mañana la continuación, porque estoy seguro que va confortar tu vida… mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

 

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