En la primera parte escribí sobre la forma en la cual los no creyentes subestiman a Dios, y al final del mismo dije que es mas dramático darse cuenta que los creyentes también subestimamos a Dios, y que sin temor a equivocarme esto le duele a Él. Entonces a continuación describo como el creyente también subestima a Dios:

 Empiezo diciendo que como creyentes Subestimar a Dios es… dedicar escasos minutos del día a tener una lectura bíblica sin sentido, ni gusto, ni reflexión, y creer que hemos cumplido una tarea mas. Que poco importa si trato de conocer mas a ese Dios que digo amar. Y pregunto: ¿cómo se puede amar bien a quien conozco mal? Si cada uno de los creyentes entendiéramos que Dios es un Dios de amor pero no por lo que escuchamos sino porque nosotros mismos lo hemos descubierto a través de la lectura de su Palabra. Afirmar ser creyente porque de vez en cuando publico algo en mis redes sociales es muy simple y muy superficial, francamente no es ni valido porque es hablar de algo que ni se. Vivir la Palabra eso si que es un verdadero desafío. Un desafío que al único que beneficia es a cada individuo que se toma el tiempo para ver que Dios ha hablado todo el tiempo, habló por medio de sus profetas, habló y habla por medio de Jesucristo su hijo, y nos deja la Palabra viva y eficaz para seguir hablándonos. Realmente que lejos estamos en este siglo XXI de la actitud del salmista David quien decía en el Salmo 1:2: bienaventurado el varón… que en la Ley de Jehová esta su delicia, y en su Ley medita de día y de noche. Somos la generación del mayor acceso a la información y sin embargo no aprovechamos esta valiosa oportunidad que Dios nos ha dado. No ocupamos el recurso para lo bueno, sino para lo que no aprovecha sabiendo que los días son malos. Por ello es que existimos tantos y tantos creyentes raquíticos espiritualmente porque no nos estamos alimentando con el alimento que nutre y sacia nuestros corazones.

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También Subestimar a Dios es… expresar palabras escuetas, frías y simples a quien solo merece adoración en espíritu y verdad. Pero ahora estamos tan sumergidos en nuestras distracciones, en nuestro mundo cibernético, que realmente solo adoramos de labios pues nuestro corazón esta en otro lado pero no delante del Trono de Dios. Subestimamos que Dios siempre ha querido tener una relación personal e intima con cada ser humano. En 1Juan 4:19, nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero. Y pese a ello cada día que pasa en nuestro cristianismo superficial despreciamos tener esta comunión con Él. Decimos Dios es mi amigo pero hablamos con Él cada vez menos. Cada vez menos queremos tomarlo en cuenta en todas nuestras decisiones. Los amigos en realidad se buscan, se frecuentan, se llaman, se apoyan, se expresan hasta con obsequios cuanto nos importa su amistad. Pero nuestra frivolidad esta lejos de esa clase de relación con Dios mismo. No podemos subestimar que Dios es un amigo que nunca falla, que nunca nos rechaza.

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Además Subestimar a Dios es… es vivir sin temor a Él. Cada día que pasa muchos de nosotros estamos viviendo vidas pecaminosas tal y como si jamás hubiéramos dicho que aceptábamos el regalo de la salvación. Vemos a Cristo como salvador pero no como Señor. No estamos crucificando la carne como lo hizo el apóstol Pablo, sino que mas bien estamos dándole rienda suelta a las mentiras, al adulterio, a la fornicación, a las pasiones, en otras palabras no estamos peleando la buena batalla de la Fe, porque no estamos considerando que Dios es Santo, y que ha pedido que sus hijos sean santos como Él es. Estamos pasando por alto el hecho de saber que Dios es justo y que pagará a cada uno conforme a sus obras. Que Dios es fuego consumidor, Dios celoso que no permite que pongamos algo antes que Él. Que antes que desobedecerlo deberíamos vivir agradecidos por el reino inconmovible que hemos recibido y dedicar nuestra vida al servicio para agradarle, sabiendo que la adoración es necesaria.

Finalmente digo que Subestimar a Dios es… simple y llanamente olvidarnos que ya no vivimos ajenos a Él. Que es necesario pasarnos el test que pruebe que somos verdaderamente genuinos. Como obreros aprobados que no tienen de que avergonzarse. Aquel hombre me subestimó y me ofendió según mis propios conceptos. Hirió mi flamante orgullo. Pero cuantas veces yo he hecho lo mismo con el Dios Altísimo. Cuantas veces lo he visto como si Él y yo fuéramos iguales. Como sino mereciera ningún tipo de respeto o reverencia. Cuantas veces no he llegado a subestimar que Él es el Todopoderoso. Cuantas veces no he subestimado el hecho de saber que Dios es lento para la ira pero no así Justo. Querido amigo no deberíamos subestimar a Dios y deberíamos empezar a darle el lugar que Él tiene ya. Porque su Gloria y Poder no se comparan con nada de lo que ha sido creado. Deberíamos empezar a vivir bajo sus estándares si es que no lo estamos haciendo. Deberíamos empezar a frenarnos ante nuestros deseos carnales sabiendo que el que siembra para la carne cosechará maldición, y que sí vivimos por el Espíritu, debemos andar por el Espíritu, porque hemos crucificado los deseos de la carne. Deberíamos empezar a medir lo que hacemos y lo que hablamos, porque hasta por nuestras palabras seremos juzgados.

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 Concluyo diciendo que todo aquel creyente que reconoce a Cristo como su Salvador entienda que también es el Señor. El que merece respeto, el que merece gratitud y adoración, el que merece que toda rodilla se postre ante Él, porque Él es el único digno, el único que se hizo el menor y que enseña que todo aquel que es soberbio será quebrantado. Hoy reconozco que mi orgullo me estorba hasta para no darme cuenta que aquel vendedor ambulante solo tenía necesidad de vender su producto y que yo lejos de sentirme ofendido debí haber mostrado la misma misericordia que un día Dios tuvo para conmigo. Nadie se subestima más que aquel que piensa que es mejor que otro. Porque la Biblia dice que ninguno deberíamos tener mas alto concepto de nosotros mismos que el que deberíamos tener. Y si tu al igual que yo reconoces que hemos subestimado a Dios con nuestra conducta y nuestro estilo de vida recuerda lo que dice en Proverbios 28:13, el que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia. Así que como siempre la invitación es: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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