Ehumildessta publicación tiene como fin únicamente hacernos reflexionar sobre una de las virtudes menos buscadas hoy día: “La Humildad”. La humildad es una virtud que se define como: La actitud de la persona que no presume de sus logros, reconoce sus fracasos y debilidades y actúa sin orgullo. Pero parece ser que ni en nuestro diccionario figura ya esta palabra. Entonces debemos preguntarnos: ¿Por qué hemos extirpado la humildad de nuestras vidas tal como si ésta fuera una enfermedad grave? Pregunto esto porque el antídoto mas comprado por la humanidad del siglo XXI para extirpar a la humildad como si esta fuera una de las enfermedades mas graves que existen es: el orgullo. Y es que hoy día, como seres humanos hemos perdido el rumbo, nos hemos extraviado en el camino de la vida pues nos hemos llenado de tanta soberbia al punto que ésta ha permeado todas las áreas de nuestras vidas, cegándonos por completo, tanto, que no observamos cuanto daño podemos causar a todos aquellos que nos rodean.

De cierta forma hemos mal entendido que ni las posesiones materiales, ni los bienes económicos que poseemos o los títulosvive-dentro-de-una-burbuja_590x395 académicos que alcanzamos, o los logros personales en esta vida, nos hacen superiores al resto de seres humanos. Pero cuando no logramos comprender el propósito de nuestras logros o el propósito de nuestros recursos entonces empezamos a ser absorbidos por una burbuja de jabón llamada vanidad que empieza a levantar nuestros pies del suelo y nos hace sentir que estamos por encima de todos. Nada mas inseguro que esto, porque esa burbuja ciertamente puede subir muy alto pero en cualquier momento puede romperse y entonces si que dolerá la caída. Tan grande puede ser esta caída que incluso podría no tener recuperación. Razón hay en la advertencia que encontramos en Proverbios 16:18 dice: antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu.

Este orgullo mal sano existe en distintas áreas de nuestras vidas, está en nuestras relaciones laborales, familiares, académicas e incluso en las eclesiásticas. Y es precisamente en este punto que quiero detenerme a reflexionar, porque hoy día vemos a hombres que han sido llamados para mostrar el carácter de Cristo a otros por medio de la humildad y por el contrario se han alejado de dicho llamado. Han dejado que la corriente de este mundo los arrastre convirtiéndose en seres vanidosos que presumen ministerios vanidosos. Lo cual al verlos solo nos provocan desconcierto. Y sobre todo dan una imagen equivocada de lo que verdaderamente es el Evangelio de Cristo. Porque hombres y mujeres llamados ministros de Dios lucen sus lujosos autos, o sus enormes mansiones, o sus muy caros ropajes, jets privados como si este fuese el fin primario de su llamado. Charles Spurgeon, en su libro: Un Ministerio Ideal, hace un recordatorio digno de no ser olvidado en cuanto a la función de los lideres eclesiales:

Recordemos que somos siervos en la casa del Señor –describe– «El que es el mayor de vosotros sea vuestro siervo». Estamos dispuestos a ser la alfombra a la puerta de la entrada de nuestro Maestro. No busquemos honra para nosotros, sino pongamos honra en los vasos más débiles mediante nuestros cuidados. En toda casa bien arreglada, como ya os recordé́, es un hecho que el «bebé es el rey», a causa de su debilidad. Que en la Iglesia de nuestro Señor, los pobres, los débiles, los afligidos tengan el lugar de honor, y los que estamos fuertes llevemos sus flaquezas. El que se humilla es ensalzado; el que se hace menos que el más inferior, es el más grande. «¿Quien enferma, y yo no enfermo?», decía el gran apóstol. Si hay algún escandalo que soportar, mejor sufrirlo que permitir que aflija a la Iglesia de Dios.

Al leer estas palabras de Spurgeon nos debe hacer sentir que toda nuestra vida debe ser orientada por la humildad máxime cuando Dios nos llama al servicio ministerial. Un buen ejemplo es el apóstol Pablo quien a pesar de toda el legado dejado y toda la labor realizada decía de sí mismo: Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, (1 Corintios 15:9), también recomendaba que todo lo que realizáramos en la Obra de Dios tuviera los propósitos correctos, dice a los Filipenses: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. (Filipenses 2:3, 4), de igual manera a los romanos les dice: Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno. (Romanos 12:3). Palabras que fueron consistentes a lo largo de toda su vida.

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Además dijo a los Filipenses: haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a si mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, (Fil 2:5-7), Cristo tenía los argumentos absolutos para envanecerse, pero demostró con esa actitud la mayor demostración de humildad que alguien sobre la faz de la tierra pudo demostrar. En primer lugar porque Él es Dios y a pesar de ello se despojó de esa condición. Luego porque toma forma de siervo, un animal manso, tranquilo, pasivo, que no requiere ser forzado para ser obediente, y finalmente la mas grande humillación fue tomar forma de hombre, es decir parecerse a la raza humana, y aunque Él nunca pecó fue humillante el simple hecho de parecerse a la humanidad, sin embargo fue humilde entonces, esa es la actitud que debe tener toda la humanidad, cuando menos los hijos de Dios pero sobre todo, aquellos que son representantes de Dios dentro de sus ministerios. Por tanto concluyo diciendo que cuando no ponemos por debajo nuestros intereses a los de Dios, todo el trabajo que hagamos será en vano, porque no estamos glorificando al Padre ni al Hijo, sino estamos sirviéndonos a nosotros mismo. Ciertamente solo seremos lobos rapaces vestidos de ovejas. Como siempre te digo: has tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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