En el artículo anterior leimos acerca del testimonio de una pareja de esposos que tuvieron el valor, la valentía y sobre todo el gran amor de adoptar una niña. La adopción es un acto de amor que es realmente conmovedor e incomparable. No solo por el hecho que se debe unir a un ser que por múltiples razones es separado de sus padres biológicos. Si no porque es alguien ajeno a las vidas de quienes los adoptan. Generalmente los anhelos de un matrimonio son: llenarse de hijos, verlos crecer, disfrutarlos, oirlos reir. No tenerlos es sufrir una tremenda tristeza y sobre todo gran frustración. Pero el deseo de ser padre es mas fuerte que otros sentimientos, y ese deseo intenso lo hace entregarse de forma sacrificial sin importar las circunstancias. No importan las circunstancias de ese bebé, sean circunstancias fisicas o emocionales el caso es que todo eso queda del lado. Ese es el caso de la pareja de esposos del testimonio. Pese a la condición física de esa niña abrieron su corazón y la recibieron con los brazos abiertos.

MATEO 7:11 dice: Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

Este versículo nos pone en perspectiva de que en la naturaleza del hombre se refleja parte de la naturaleza de Dios. Pues también los hombres pese a nuestra continua tendencia por hacer lo malo sabemos amar incondicionalmente. Dios creó el mundo y todo cuanto en él existe, luego de la transgresión del primero hombre, las cosas cambiaron rotundamente, el pecado  empezó a imperar en todo el mundo y en todas las cosas. Pero tambien desde el principio Dios trazó un plan redentor y un pueblo fue escogido, Su pueblo, Israel, llamado a ser una nación santa. Pero quienes por las múltiples circunstancias fueron sometido por imperios poderosos y sufrió en gran manera. Con la llegada de Jesús Dios cumplió la promesa hecha. Sin embargo la antesala a este gran suceso dio mala percepción de la promesa al pueblo judío y esto no permitió ver al Mesías prometido.

JUAN 1:9-17 dice: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.  Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;  los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.

Jesús como un judío puro vino a su pueblo. Inicialmente la predicación fue a las ovejas de Israel (Mateo 15:24). El rechazo de ellos hacia Jesús solo provocó perderse la gran bendición de disfrutar al Maestro. Además este pasaje deja de manifiesto que no todos son hijos de Dios. Criaturas de Dios son todos los hombres y mujeres del mundo, pero los que reciben a Cristo se convierten en hijos de Dios. Reciben poder, autoridad, posición, salen del mundo de la obscuridad y vienen a la luz de Jesús. Esta clase de naturaleza no es humana o de carne, ni engendrados humanamente sino por el amor y la Gracia de Dios. Es esa sublime Gracia la que nos acepta y nos adopta como hijos. Pese a nuestra pobre condición, ya que la circunstancias de un pecador es peor que un defecto fisico como el de la niña adoptada. El pecado de la humanidad lo separa de Dios, se puede comparar a un ciego, un paralitico, un cojo o un sordo o peor aun, un leproso que se esta cayendo en pedazos, supurando su mal olor por la piel muerta.

Pero la mirada en Jesús es la que cambia completamente las circunstancias. Poner la Fe en Él nos abre una puerta que nos permite ser transformados y sana completamente nuestra naturaleza. Una nueva naturaleza que en nada se parece a lo que no le agrada al Padre Celestial. El que esa Gracia bendita obre en nuestras vidas nos convierte en dependientes. Siempre lo he ilustrado de la siguiente manera: imaginemos a una persona que tiene una gran deuda, de la cual parece imposible salir de ese problema, de pronto alguien sin motivo aparente y de forma desinteresada le paga su deuda, imagino la sorpresa del deudor, la cara de asombro pero sobre todo la gratitud y el continuo sometimiento a quien lo ha favorecido. Estoy seguro que donde lo encuentre se sentirá agradecido y nunca podría negarse a prestarle algun servicio todos los dias de su vida. Igual comportamiento debería tener todo aquel que es limpiado de pecado y justificado de su maldad. En ROMANOS 8:12-39 dice:

Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;  porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.  Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.

Deudores somos, de Dios Padre por su infinito poder para transformar una vida perdida a una nueva naturaleza pues de la naturaleza de la carne trascendemos a una naturaleza espiritual. Por tal razón al vivr conforme al Espíritu demostramos que somos verdaderamente hijos. Cuando Dios nos adopta como leímos no lo hace por medio de la carne sino por medio de au naturaleza espiritual. Y así debemos vivir todos los días de nuestra vida. En el vs 15 de este mismo capitulo dice: Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!  Abba significa papito, ves que gran bendición como criaturas no tenemos libertad alguna para adorar a un Dios santo, la Biblia dice que por cuanto todos pecaron estan destituídos de la Gloria de Dios,  pero, como hijos tenemos la confianza para acercarnos confiadamente al trono de su justicia. Y si por un momento dudamos continúa diciendo el pasaje: 16 El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios.  Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.

Te imaginas tu y yo coherederos con Cristo Jesús de la herencia de el Señor Dios Todopoderoso. Esa herencia se traduce en mucha bendición, nos permite que el amor del Padre nos reciba y nos acoja, nos guarde en su lecho, dentro de su calorcito único, la Biblia dice: El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente Dios (Salmo 91:1). Además nos provee una seguridad tal que nos asegura la victoria pues dice en los vs 28 dice: Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. El vs 37 dice ademas que: Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.  Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,  ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. La adopción de Dios refleja que su amor es infinito, sea cual sea la condición Él puede perdonarlas. Dios puede adoptarte si recibes a Cristo pero si le rechazas te pierdes el galardón de la vida eterna. Así que bajo el argumento que la adopción no requiere papeleos y que tu cumplas con grandes y muchos requisitos si es cierto que requiere que abras tu corazón a Jesús y dejea que sea quien guíe tu vida. Pero la decisión siempre es tuya. Así que has tú lo posible por recibir el regalo de la adopción y deja que Dios haga lo imposible por colmarte de la gran bendición que puede gozar como hijo de Dios.

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