Números 12:3 Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.

En el capitulo anterior analizábamos la vida del gran libertador de Israel, del hombre que llevó acabo la gran misión de rescatar al pueblo de Dios de la esclavitud y el maltrato de Egipto, todo esto por mandato divino. Nos basábamos en el punto en como una persona que había sido capaz de matar a un egipcio posteriormente se había convertido en un varón manso, mas que todos los hombres que habían sobre la tierra. Vimos que el primer elemento para tener un cambio tan radical como el de Moisés era TENER UN ENCUENTRO PERSONAL CON DIOS. En este escrito veremos otro elemento importante al cual te recuerdo que le hemos llamado semilla. Asi que la segunda semilla que necesitamos para tener un cambio radical en nuestras vidas es: HUMILLARSE ANTE LA SANTIDAD DE DIOS.

El solo hecho de escuchar humillarse, produce una sensación un tanto chocante. Porque a nadie le parece agradable la idea de tener que someterse o rebajarse ante nadie. Todo hombre y toda mujer dentro de si poseen algo que se opone a la humildad. Eso se llama, orgullo. Unos en mayor medida que otros pero todos llevamos dentro de si una dosis de orgullo. El orgullo suele ser un estorbo tan grande que obstaculiza toda posibilidad de aceptación que nuestra vida puede estar mal. El orgullo se define como: Satisfacción personal que se experimenta por algo propio o relativo a uno mismo y que se considera valioso.  El orgullo es sinónimo de soberbia. No hay peor veneno para una persona que vivir su vida basada en su orgullo. Sea por causa de sus posesiones o por causa de sus logros o simplemente por vanagloriarse de la vida que llevan algunas personas no imaginan una vida quebrantada ante nadie. Todo lo que importa son ellos mismos, vivir bien, acomodados. Como se diría coloquialmente mientras yo este bien lo demás no importa. Ese era Moisés. Vivía cómodamente apacentando sus ovejas, olvidado por completo de lo mal que la estaban pasando sus hermanos en Egipto. Prácticamente se puede decir que la vida que Moisés llevaba no necesitaba nada. Tenia buena esposa, ya tenia descendencia, estaba rodeado de deleites, gozaba de buena vida. Al igual que hoy en día las personas viven únicamente para satisfacer sus gustos particulares y su estilo de vida y en ese sentido se vuelven fríos ante las necesidades de otros. Se envanecen tanto que para sostener ese estilo de vida incluso pasan por encima de quien se les ponga por enfrente. Hab 2:4dice: He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá.

 

Moisés tiene un encuentro personal con Dios y ahora esta frente a toda esa majestad divina. Y como poder contenerse ante tanta majestuosidad. Pero para Dios es el momento justo, ya era el tiempo para que este hombre tuviera que renunciar a todo lo que había creído que era suficiente para él. Y para no sacar de contexto lo dicho antes leamos lo que dice en Éxo 3:4-6: Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Éxo 3:5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Éxo 3:6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. El primer aspecto que hay que reconocer de este encuentro es que Dios es Santo y el lugar donde Él está se santifica por su presencia. Y el segundo aspecto a reconocer es que Moisés no lo era. Por tal razón Dios es superior a cualquier persona por más que esta pueda sentirse demasiado importante. Además de estos dos elementos relevantes vemos que dado que la Santidad de Dios es impactante Moisés incluso se cubre el rostro porque tiene miedo de mirar a Dios. Y es precisamente en este punto que yo quiero exponer que para tener un cambio radicar en nuestras vidas debemos rendirnos ante la Santidad de Dios.

La Santidad de Dios es parte de su carácter y ningún ser humano puede decir de si mismo que no tiene pecado. Todo ser humano nace con la naturaleza pecaminosa como herencia de Adán y por tal razón al estar ante una vida pura, sin mancha, es automática que resalta su impureza. Lo ilustro de la siguiente manera: imagina que tú tienes una camisa blanca, recién lavada, aparentemente muy bien lavada, de pronto estas parado ante una persona con una camisa que es más blanca que la tuya, mejor lavada probablemente, tu reacción inmediata sería aceptar que tu camisa no era lo suficientemente blanca como tu pensabas. Estar ante la presencia de Dios como humanidad pecaminosa solo nos puede llevar a la conclusión que nuestra vida necesita ser limpiada de toda maldad. La Santidad de Dios hace que cualquiera se humille porque no hay ni habrá jamás un ser humano más Santo que Dios. En el evangelio de Juan dice en 3:20-21: Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Más el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. En el mismo evangelio dice en capitulo 1 hablando de Jesús quien es Dios igualmente Santo: La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella (Juan 1:5). Todo el que anda en tinieblas debe reconocerlo, rendirse y humillarse ante la Luz Gloriosa de Dios porque únicamente así Dios puede empezar a operar un cambio en su vida. Cuando nos rendimos a la santidad de Dios el orgullo se desvanece como agua entre las manos. Desaparece automáticamente nuestra personalidad y Dios se posesiona de nuestras vidas. Y de manera clásica muchos suelen decir: de que pecado me hablan, si yo no soy malo, yo no peco. El solo hecho de decir esto ya nos convierte en pecadores. Si tu mientes pecas, si tu ves con lujuria a una mujer pecas, si tu no cumples con tus responsabilidades pecas, etc. Y asi podría pasar toda la noche nombrandote situaciones que nos condenan y nos señalan los pecados que cometemos.

Por ello es necesario que Dios nos santifique porque de lo contrario es imposible estar cerca de su presencia. En He 12:14 dice: Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. La santidad de Dios no puede contener el pecado por tal razón debe ser extirpado de nuestras vidas. Habacuc 1:13 dice respecto a Dios en cuanto al pecado: Muy limpio eres de ojos para ver el mal, ni puedes ver el agravio; Dios es impresionantemente Santo que no puede aceptar ni la maldad, ni la injusticia y menos el pecado. Es a causa de estar frente a tal Santidad que Moisés empieza a ser purificado por parte de Dios. Antes de ser comisionado Moisés debe ser purificado de su maldad para que sea sensible a lo que sus hermanos están sufriendo. Para que sea capaz de rechazar las injusticias que día a día enfrentan en Egipto. Necesitaba ser santificado para que pueda ser celoso del único y verdadero Dios puesto que Egipto estaba infestado de dioses y cultos paganos a ellos. Moisés tuvo que ser testigo de la divinidad de Dios para entender que nada de lo que él fuera hacer sería por sus propias capacidades sino por el Poder de Dios. Esto parece ser una realidad olvidada hoy día. A muchos ministros se les ha olvidado que quien ejerce el poder es Dios y llegan a nombrarse con títulos que parecen inalcanzables para las personas comunes. Hoy día escuchamos los renombrados apóstoles, súper evangelistas, grandes sanadores y parece que necesitan dos carros uno para ellos y otro para su orgullo. Hago la observación que no se puede generalizar pero si es aplicable para quienes se jactan de sus logros y los exponen como si se tratara de ellos, es decir como que Dios esta al servicio de sus ministerios.

Nada lejos de la verdad, todo aquel que ejerce un ministerio debe recordar siempre que es Dios quien opera por medio de su poder. Y basta observarlo en este pasaje. Una higuera común y corriente como las miles que pudieron existir en ese lugar, era objeto de la manifestación de Dios. Una zarza es lo más volátil que puede existir. Se incendia y se apaga rápidamente. Pero esta zarza se mantenía ardiente porque era Dios quien la avivaba. Ya lo dijo el apóstol Pablo en 2Cor 4:7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros. Un vaso de barro sigue siendo de barro aunque contenga oro, plata, o cualquier piedra preciosa. La excelencia procede de Dios, es de Dios. Nosotros solo podríamos ser vasijas pero igualmente frágiles. Únicamente somos símbolos de recipientes que contienen la Gracia de Dios. Entonces porque envanecernos. Esto prácticamente contradice el carácter de Dios. Ante Dios solo queda humillarnos. 1Pe 5:6 dice: Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo. Por tanto para ir concluyendo, quiero que esta semilla que estoy sembrando en tu vida germine en los siguientes frutos: primero debes humillarte ante la Santidad de Dios porque solamente así Dios puede operar un cambio en tu vida que esta llena de pecado. En segundo lugar cuando te despojes y reconozcas a Dios en tus caminos Él empezará a enderezar tus veredas (Pro 3:6). Tercero: Fíate de Jehová de todo tu corazón y no confíes en tu propia prudencia (Pro 3:5). Y finalmente solo cuando dejes que Dios purifique tu vida entonces estarás preparado para cumplir con la comisión de Dios. Así que has tú lo posible por acercarte ante la Santidad de Dios y deja que Dios haga lo imposible en medio de tu lucha contra el pecado.

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